Lunes, 24 Junio 2019

"No da igual que nuestra civilización desaparezca". Entrevista al escritor Max Romano

PUBLICADO EL Lunes, 18 Marzo 2019 12:19 Escrito por
Max Romano, un autor disidente Max Romano, un autor disidente

 

 

Es uno de los poquísimos autores de la Disidencia: Max Romano.

Nace en Madrid en 1969. Inclinado hacia los estudios científicos termina su formación en Italia, país donde residirá muchos años dedicado a la enseñanza. Regresa posteriormente a España para comenzar una nueva carrera profesional en el sector industrial. Tras un largo período de evolución personal y observación atenta de la sociedad que le rodea, comienza a escribir para defender activamente su visión del mundo.

Ha sido colaborador habitual de la revista patriota Verbo y Acción y ha participado en el programa radiofónico Más que Palabras. Es coautor del libro Exiliados del Sistema (2015) en colaboración con Lucio Peñacoba y Antonio de la Peña, colección de ensayos breves sobre temas sociales, históricos y políticos. En 2017 ha publicado su primera obra en solitario, Azotes de Nuestro Tiempo. Está casado y tiene dos hijas.

 

 

¿En qué te has inspirado para escribir esta obra?

Me inspiro en la observación de la realidad y de las personas, en lo que pasa en la sociedad y en el mundo. También en las películas que veo, los libros y los autores que me han acompañado en mi camino, en la música que me permite separarme del mundo y entrar en un tiempo paralelo, en los paseos por la sierra de Madrid que me hacen reflexionar y asentar las ideas.

¿Qué método utilizas a la hora de escribir?

Desde que empecé a escribir voy acumulando y desarrollando una masa de reflexiones, textos, apuntes y proyectos que en parte voy publicando y en parte guardo para mi uso personal. Cuando llega el momento, una parte de ellos adquiere peso específico y se convierte en un precipitado que, como si tuviera vida propia, solicita ser transformada y elaborada, en un todo coherente y un significado unitario. Entonces nace el proyecto de un libro y comienzo a componerlo, pero ésta es solamente la fase final de un proceso que ha durado años. Así nació mi anterior libro Azotes de nuestro tiempo y también estas Crónicas de un Occidente enfermo.

¿Qué va a encontrar el lector en esta obra?

Encontrará un personaje imaginario, Oso Solitario, que le llevará de la mano a lo largo de nueve años de Crónicas donde verá desfilar las obsesiones, los fanatismos y las estupideces de nuestra era. Todo período histórico tiene las suyas, sin duda, pero la decadencia  y la majadería actuales son en alta definición, sancionadas por expertos y optimizadas con gran aparato técnico. 

¿Por qué Occidente enfermo? ¿No vivimos el mejor de los mundos posibles?

Naturalmente es una opinión subjetiva y todo depende del punto de vista… los gusanos están muy a gusto en el cuerpo que se pudre, para la rata el estercolero es el mejor de los mundos posibles y el escarabajo pelotero está muy a gusto en el estiércol. Creo que esta metáfora zoológica resume el carácter de la sociedad actual, y si alguien se siente ofendido con estas frases me alegro porque es exactamente lo que quería, la verdad ofende. En mi disculpa debo decir que si a alguien le llamo gusano, rata y escarabajo pelotero es con cariño, sin mala intención; debe tomárselo como una invitación a dejar de serlo.

¿Puedes precisar un poco? Has incluido en tu libro una reseña del clásico de Konrad Lorenz “Los siete pecados capitales de la humanidad civilizada”… ¿Cuáles son para ti los “pecados capitales” de este Occidente enfermo?

Hay muchos fenómenos aberrantes, pero se pueden agrupar en unas pocas líneas principales que podríamos llamar los frentes activos de la degeneración o efectivamente, si queremos, pecados capitales. Los resumiría en lo siguiente.

El odio contra la masculinidad y la guerra constante contra el varón.

El afán por degradarnos a hombres y mujeres haciéndonos iguales.

La voluntad perversa de confundir las identidades sexuales ya desde la infancia.

La manía por tener todo controlado, organizado y medido, por reducir la vida a un cálculo y el sentido de la vida a una miserable contabilidad de la felicidad.

El gusto por todo lo que es sucio, bajo y vulgar, como si se quisiera buscar el sentido de la vida en las cloacas.

La degradación de la enseñanza y la pérdida de la transmisión cultural.

La falta de vitalidad y de ideales en general, la difusión de un estilo de vida decadente e indiferente a todo lo que vaya más allá del pequeño interés personal.

El hundimiento de la natalidad de los europeos étnicos, autóctonos, blancos. Esto es el resultado del estilo de vida decadente, de la falta de apoyo deliberada a la familia por parte de los gobiernos felones de Europa y, sobre todo, de la propaganda feminista contra la maternidad que ha secuestrado el cerebro de la mujer europea.

Finalmente, a un nivel político e histórico, todo lo anterior ha reducido la democracia a un sistema de manipulación masivo, dirigido por una oligarquía psicópata que persigue un proyecto de sustitución étnica y genocidio cultural para los pueblos de Europa. Proyecto que se nos quiere presentar falsamente como una destino inevitable, pero que no es sino la aplicación de esta agenda criminal.

¿Qué más da que desaparezca Europa y Occidente si le da igual a sus ciudadanos y es la opinión democrática? ¿No puedes dejar en paz a la decadencia que se rebuzne a sí misma su felicidad? ¿Por qué te tomas la molestia de escribir un libro?

No da igual que nuestra civilización desaparezca. Es algo demasiado hermoso, rico y profundo como para perderse y desaparecer, por culpa de la mediocre opinión de una época decadente.

Tampoco podemos dejar que las ideologías de la decadencia sean la única voz. Afirmar la verdad y la salud es un deber, contra las hordas de bárbaros con taparrabos mentales que quieren ahogar las voces disidentes.

Escribo porque en el ser humano hay siempre un fondo de libertad y vida, aunque esté cubierto de escombros o haya sido cegado. No pretendo demostrar las cosas, si me apuras tampoco apelar a la erudición o la inteligencia de los lectores, sino sólo a su sensibilidad para discernir lo recto y lo torcido, lo sano de lo enfermo.

¿Crees en el ser humano? ¿Eres optimista, fatalista, pesimista, nudista, economista, cuál es tu “ismo”?

Algún día quizás le ponga nombre a mi “ismo” o lo encuentre en algún diccionario de “ismos”… por ahora diré que no creo en ninguna ideología y por supuesto menos aún en ninguna de las vulgaridades que están hoy de moda.

Si creo en algo, es en la libertad humana y en una realidad abierta que nunca se puede describir ni encuadrar completamente, en el conflicto y la afirmación de la voluntad contra todo determinismo. Creo en una amalgama virtuosa del caos y el orden, de rebelión y disciplina, de anarquía y jerarquía que se fecundan y se complementan una a la otra.

¿Qué dirías a un lector que tras hojear tu libro o leer una reseña te llame: machista homófobo antiguo xenófobo fascista racista misógino heteronormativo posmachista nostálgico especista heteropatriarcal… atriarcal… atriarcal… atriarcal…?

Que cambie el disco rayado y empiece a pensar, si es que la corrección política le ha dejado alguna neurona sana.

¿Y a un lector que tras leer el libro se sienta ofendido, escandalizado, incómodo?

Que escoja entre la píldora roja y la píldora azul. Yo no puedo hacerlo en su lugar.

La Tribuna de España

Equipo de redacción.

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