Miércoles, 19 Junio 2019

"La libertad está ligada indisolublemente a la verdad". Entrevista a Soaje Pinto y al Dr. de Lorenzo, estrellas del canal argentino TLV1

PUBLICADO EL Jueves, 13 Diciembre 2018 08:49 Escrito por Javier Navascués Pérez
Juan Manuel Soaje Pinto, director del Canal TLV1 de Argentina: el periodismo disidente en el sur de Hispanoamérica Juan Manuel Soaje Pinto, director del Canal TLV1 de Argentina: el periodismo disidente en el sur de Hispanoamérica

Desde el otro lado del Atlántico un proyecto periodístico -el Canal argentino de televisión TLV1- coincide (y además mucho) con los principios y valores que motivaron, hace 18 meses, el lanzamiento de La Tribuna de Cartagena y que, en este breve espacio de tiempo, ha transformado lo que iba a ser un periódico digital de carácter local, en un humilde pero gran proyecto de comunicación: El GRUPO Tribuna de España que cerrará el año 2.018 con cuatro diarios digitales, La Tribuna de España, La Tribuna de Cartagena, La Tribuna de Extremadura y La Tribuna de Granada, así como con La Tribuna de España Radio y un importante Canal de Youtube. Bajo la dirección general de Josele Sánchez -alma máter y verdadero tirón mediático de este periodismo disidente-, pese a la limitación de recursos, el GRUPO Tribuna de España ya compite con los medios más leídos de "la prensa del sistema"... y para el primer trimestre de 2.019, consolidaremos nuestra expansión territorial con el lanzamiento de tres nuevos periódicos digitales (en otras tantas importantes zonas de España).

 

Sin embargo, el proyecto más importante en el que ya trabaja nuestro director general es en la imprescindible creación de una televisión propia; y para ello Canal TLV1 de Argentina es mucho lo que nos debe aportar, tras una experiencia exitosa que ya supera los 6 años de periodismo disidente que lleva la voz frente al "pensamiento único" y el Nuevo Orden Mundial,  desde Tierra de Fuego hasta la Región del Norte Grande Argentino -al límite con Chile, Bolivia, Paraguay, Brasil y Urugay-.

Josele Sánchez mantiene una estrecha relación de amistad y colaboración con el director del Canal TLV1 de Argentina, el periodista Juan Manuel Soaje Pinto a quien entrevistamos hoy, junto con el doctor Miguel Ángel de Lorenzo que presenta uno de los programas de mayor audiencia del canal hermano en Argentina.

Hoy hablamos con Soaje Pinto y con de Lorenzo sobre la verdadera libertad según las enseñanzas de la Iglesia

La libertad de conciencia consiste en el supuesto derecho de todo hombre a pensar lo que desee. La libertad de expresión es el supuesto derecho de todo hombre a expresar todo aquello que piensa, y, finalmente, la libertad de prensa, se refiere al supuesto derecho de todo hombre a poner por escrito o expresar públicamente a través de medios periodísticos aquello que piensa. El límite de estas libertades está muy claro: el bien común y la preservación de las leyes naturales y divinas. No puede haber derecho al mal ni al error ni a lo injusto.

Hoy en día se habla mucho de la palabra libertad, de libertad de conciencia, de expresión, de prensa. Vamos a reflexionar sobre este concepto tan profundo que es la libertad, según las enseñanzas de la Iglesia Católica.

¿Qué entiende la Tradición de la Iglesia por libertad?

En un tiempo oscuro como el actual, donde proclaman alegremente que no hay más verdad, se ha hecho de la libertad un bien absoluto, ubicándola por encima de cualquier otro bien.

De tal modo que, cualquier persona o cosa, (se trate de la política, de la religión, de los medios, etc.), que se interponga en el camino de esa libertad ilimitada, serán catalogados como retrógrados, obsoletos, estructuras represivas del pasado que deben desaparecer, por atentar contra ese primer derecho humano que sería la libertad.

Al agudo C.S Lewis no se le escapaba este aspecto de la libertad que vendría: “Avanzamos hacia una sociedad, en la que no sólo cada hombre, sino todos y cada uno de los impulsos de cada hombre, exigen “carte blanche”.

Esa distorsión del concepto de libertad tiene consecuencias cuyo dramatismo resulta inocultable. Sería oportuno entonces avanzar un poco más tratando de entender que es la libertad y que vínculo -si es que hay alguno- la entrelazan con la verdad. De acuerdo a la Tradición en el acto libre, inteligencia y voluntad concurren mutuamente hacia un bien.

Naturalmente la inteligencia precede a la voluntad presentándole su objeto, - porque no se puede querer lo que no es conocido - y entonces es luego la voluntad la que se mueve hacia el bien elegido.

 

¿Qué nos enseña Santo Tomás de Aquino con relación a la libertad?

Siguiendo a Sto. Tomás: La libertad es el movimiento necesario hacia el Bien perfecto, y la indeterminación activa respecto a los bienes finitos.

De modo que la libertad en cuanto se refiere – absolutamente – al fin, y temporalmente, a los fines intermedios, no podrá nunca ser un fin en sí misma, ni se la debe considerar un fin.

El mismo Sto. Tomás  enseña que: En cuanto la libertad se presenta como indiferencia activa respecto a la elección de este o aquél otro bien, es una potencia del obrar y por eso puede obrar o no obrar, elegir un bien u otro, en orden al fin.

Claro que entonces y a fin de poder elegir uno u otro bien apetecido tiene necesariamente que intervenir la razón, con el conocimiento, con el hombre entero que no es solo deseo de algo, sino y ante todo preferencia reflexiva de lo mejor.

 

¿Qué otros autores podemos seguir?

Nuestro querido  Jordán Genta explicaba en su cátedra: “¿Cómo voy a ser libre yo si no sé lo que cada cosa es, si no sé quién soy yo,  ni cómo debo actuar y tratar a cada cosa, ni tratarme a mí mismo y a mi prójimo, si me guio simplemente por criterios de habilidad, de oportunismo, de éxito? ¿Cómo, si no sé lo que tengo que hacer, voy a ser libre?”

Por otra parte el Papa Benedicto XVI, una y otra vez abordó el fundamental vínculo entre verdad y libertad: “En la conciencia actual de la humanidad la libertad aparece en gran medida como el bien supremo por excelencia. Pero, ¿qué es la libertad?, ¿qué es lo que pensamos cuando elogiamos la libertad y la situamos en el nivel más alto de nuestra escala de valores?”.

Por el contario, parte del éxito de Lutero cuando escribe: La libertad del cristiano se podría atribuir a esa exaltación de la libertad irrestricta y sin los ordenamientos ni de la tradición, ni de la autoridad de la Iglesia. Es a partir de ahí que la redención, es rebelión, es liberación de yugos y ataduras, porque lo que salva a la persona – según Lutero -es su fe personal en Cristo, el libre examen, no hay más.  Y en la Controversia de Heidelberg “el libre albedrío está muerto”, pero está muerto a causa del pecado y por eso “no es libre sino para el mal”.

La libertad, bien lo dice Ratzinger, está ligada a una medida, que es la medida de la realidad, está ligada indisolublemente a la verdad.

 

Cuando hablamos de verdadera libertad: ¿de qué se trata? ¿Existe algún lazo entre libertad y verdad o con nuestra libertad podemos hacer cualquier cosa?

Nos ayuda a responder acerca de la verdad y con la mayor claridad la enseñanza de S. Juan Pablo II, tomemos por ejemplo lo que nos dice en la encíclica Redentor hominis: “…Jesucristo sale al encuentro del hombre de toda época, también de nuestra época, con las mismas palabras: Conoceréis la verdad y la verdad os librará. Estas palabras encierran unas exigencias fundamentales y al mismo tiempo una advertencia. La exigencia de una relación honesta con respecto a la verdad, como condición de una auténtica libertad y la advertencia además de que se evite cualquier libertad aparente, cualquier libertad superficial y unilateral, cualquier libertad que no profundiza en toda la verdad sobre el hombre y sobre el mundo”.

 

Muy conocida la sentencia del Filósofo: “Todos los hombres desean naturalmente saber - decía Aristóteles al comienzo de la Metafísica - ya que el bien del entendimiento es la verdad”.

Debemos resaltar que, el hecho de que Cristo se identifique con la verdad y que nos diga que ha “venido al mundo para dar testimonio de la verdad” habla suficientemente del valor sublime de la verdad, o sea del conocimiento verdadero.

Nuevamente debemos citar a s. Juan Pablo II que infinidad de veces insistió acerca de la verdad.

Así en Año internacional de la juventud 1985: “La verdad es la luz de la inteligencia humana. Si desde la juventud la inteligencia humana intenta conocer la verdad en sus distintas dimensiones, esto lo hace con el fin de poseer la verdad: para vivir la verdad.

“La verdad es una cosa tan alta y tan generosa, tan universal y comunicativa que la puedo poseer entera y el otro que la escucha o la estudia puede también llegar a poseerla entera. Porque solo la verdad es fundamento de la unidad. Por eso - continua Genta –cuando aparece la pregunta ¿Qué acaso sos el dueño de la verdad, posees la verdad? Claro que la poseo. Cuando yo sé que dos más dos son cuatro poseo la verdad. Pero no es una exclusividad mía, es algo que es para todos los seres inteligentes, todos pueden llegar a poseerla pero es la única verdad. Porque en el plano de lo esencial en el orden de las definiciones no puede haber dos verdades distintas. Y si hay dos una es errónea”.

Tal vez la más extremada antítesis de lo que decimos, y acaso la más desoladora, sobre el tema de la libertad, la planteo J.P.Sartre. Para el francés la libertad del hombre es una suerte de condena, dado que el hombre al revés de los animales no tiene naturaleza.

El hombre en consecuencia es solo su libertad, pero como no hay en absoluto verdad, ni bien ni mal, la libertad no tiene ningún sentido, ni apoyo, tampoco ningún límite y de ahí que esa libertad absoluta, absurda, anárquica, vacía, muy lejos de parecerse a la felicidad conduce a la desesperación. El ateo materialista francés habla del infierno…

 

¿Podía poner un ejemplo del mal uso de la libertad humana?

Un ejemplo por demás aterrador de esa libertad destructora, implacablemente inhumana, lo tenemos hoy delante nuestro en Entre Ríos.

Venida de lo que llamamos justicia, de ese territorio absurdo, poblado por inmorales, abolicionistas, prevaricadores llenos de odio, una tal Belén Esteves, tristemente juez, ordenó un aborto, en una embarazada de cinco meses.  Escribió la sentencia de muerte para un ser humano en el vientre de su madre, criminal designio por demás insólito, ante todo por dos razones, lo hace en un país donde no hay pena de muerte y en el que se acaba de rechazar la ley del aborto

Pese a todo, contrariando el derecho y la ley, se ejecuta la atroz condena -pero al cabo del procedimiento- el bebé sigue vivo.

Es entonces cuando los verdugos  sorprendidos por la obstinación vital del bebé, lo descartan, lo abandonan, sin el más leve soporte  ni médico ni humano, ni siquiera en  una cuna, sino en un recipiente metálico durante diez horas, diez horas de inédita agonía.

Mientras el bebé atravesaba ese infinito desamparo anhelando el calor materno, los sicarios o sea los médicos, enfermeras, anestesistas, neonatólogos, etc., etc., podríamos decir, toda una clínica entera, no dieron un mínimo paso a favor de la vida; nadie, absolutamente ninguno de estos hijos del horror tomó ese cuerpito para abrigarlo de vida,  ninguno fue capaz del apremiante gesto de misericordia, simplemente estaban ahí plantados como piedras, mirando durante diez horas, una atrocidad capaz de estremecer a las bestias salvajes.

De Belén Esteves no podríamos decir más, hizo lo que hizo, y deberá enfrentarlo cada día y sobre todo cada noche de la vida. Como demostró condiciones tal vez hasta llegue a la Corte. Algunos dirán que es una mujer progresista, decidida, de avanzada, feminista y sin prejuicios, zafaroniana claro, no faltarán otros que en cambio recuerden su pasado criminal el de aquel día en que sentenció a muerte a un bebé de cinco meses de gestación.

El aterrador episodio ocurrió en un país degradado hasta el abismo, habitado por gente que se declara contra la pena de muerte y al rato reclama por aborto sin trabas y sin límites, un país que se rasga las vestiduras pensando que la policía pueda disparar a los delincuentes y vea sin espanto que los jueces ordenen matar bebés y a los médicos convertirse en los peores criminales, un país ausente de justicia y de verdad.

 

¿Cuál es el papel y la responsabilidad de los medios a este respecto?

En este aspecto, nadie debería sorprenderse hoy acerca del proceder de la mayoría de los medios de comunicación. Asistimos a cada momento a la más asombrosa manipulación de la información y además a cierta cuidadosa tergiversación.

Las noticias se cambian y modifican, de tal modo que agrandan y hasta agobian con lo que les sirve y minimizan lo inconveniente, de acuerdo a las necesidades o propósitos del editor.

No vacilan en ocultar minuciosamente lo que podría perturbarlos. Así como no retro ceden ante la mentira total. Por supuesto que pueden ignorar lo real, o inventar algo que no existió, pero si resulta de utilidad a sus fines, pronto será “noticia”. La trivialización y distorsión de lo esencial, y la ridiculización del que piensa distinto son formas habituales de descalificación y anulación del otro.

Hasta es posible ver opinando de los temas más trascendentes a extraños seres incapaces de la mínima racionalidad

La verdad se desvanece en los diarios y en las pantallas prevalece lo escatológico.

El asunto no es nuevo. Aunque ahora tiene un tono espantable. El historiador S. Gilley relata el comentario de aquel editor del Times a un periodista retirado: “Usted dejó el periodismo cuando era una profesión; nosotros lo hemos convertido en una rama del comercio”.

 

Hoy deberíamos agregar: y del poder...

En cuanto a los medios y su responsabilidad sostuvo J.P. II en el discurso a los medios de comunicación social 1982 “Pero el responsable de la comunicación no puede escudarse en lo que suele llamarse una imposible objetividad. Si es difícil una objetividad completa y total, no lo es la lucha para dar con la verdad, la decisión de proponer la verdad, la praxis de no manipular la verdad, la actitud de ser incorruptibles ante la verdad. Con la sola guía de la recta conciencia ética y sin claudicaciones por motivos de falso prestigio, de interés personal, político, económico o de grupo.

El mismo Nietzsche decía respecto a los diarios de su tiempo: “No hay nada que te trastorne y perturbe más la vida de la inteligencia, hecha para la verdad, que la lectura de los periódicos”.

También naturalmente con respecto a la acción política y la verdad, leemos en la Centesimus Annus J.P.II 1991: “Si no existe una verdad última, la cual guía y orienta la acción política, entonces las ideas y las convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas fácilmente para fines de poder”.

Acerca de los medios y su vínculo con la verdad no podemos dejar pasar la severa advertencia que encontramos en la encíclica Evangelium Vitae: “Grande y grave es la responsabilidad de los responsables de los medios de comunicación social llamados a trabajar para que la transmisión eficaz de los mensajes contribuya a la cultura de la vida sin enmascarar lo que deshonra y envilece la dignidad del hombre.

En la escrupulosa fidelidad a la verdad de los hechos, están llamados a conjugar al mismo tiempo la libertad de información, el respeto a cada persona y un sentido profundo de humanidad”.

Terminamos con Joseph Ratzinger: “El poder tiene hoy muchas caras. Una de las principales es el poder de formar opinión, a través de los gigantes de la opinión pública. Este poder no vacilará en abofetear al que se le oponga”.

Una entrevista de Javier Navascués Pérez en exclusiva para La Tribuna de España

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