Miércoles, 26 Junio 2019

Fernando Sor, una guitarra española en Montmartre

PUBLICADO EL Lunes, 18 Marzo 2019 07:37 Escrito por José Antonio Bielsa
Tumba de Fernando Sor Tumba de Fernando Sor

 

 

Este año se cumple el 180 aniversario del fallecimiento del más internacional de nuestros compositores-guitarristas: Fernando Sor (1778-1839), “el Beethoven de la guitarra”, cuya carrera se desarrolló entre España, Francia, Inglaterra y Rusia. No hemos querido dejar pasar la ocasión para tributar al maestro un modesto, aunque sentido, homenaje. Y para ello nos hemos acercado hasta su tumba, en el parisiense Cementerio de Montmartre.

 

Visitamos la tumba de Fernando Sor

 

París, la más funeraria de las megalópolis de Europa, no acoge al turista… lo machaca. ¿Impresión subjetiva? Esta urbe multicultural, hostil a cada paso de manzana y apenas transitable a causa de una conducción temeraria, tiene para el viajero uno de sus escasos espacios de tranquilidad en su monumental complejo de cementerios, de los que al menos cuatro de ellos son de visita obligada. El más bonito de todos, sin duda, es el de Montmartre, creado en 1825 y con casi 11 hectáreas de terreno. Este pequeño Père-Lachaise Vip es un verdadero museo escultórico al aire libre, y acoge unas 20.000 sepulturas, entre las que se encuentran las de un puñado de importantes músicos y compositores: Hector Berlioz, Jacques Offenbach, Léo Delibes, las hermanas Boulanger, Jacques Fromental Halévy, Adolphe Adam, Joseph Kosma, André Jolivet, Henri Sauguet, Victor Massé, etcétera.

 

 

Entre estas tumbas descuella la de nuestro Fernando Sor, ubicada en la División 24, antes de que la Avenida Travot gire y se encuentre con la Avenida Samson... Al fin la hemos encontrado: tiene una vistosa estatua del escultor canario Ángel-Peres, y una placa rota de Los Amigos de la Guitarra de París. 

 

¿Patriota, liberal y masón?

 

Nacido en Barcelona el 13 de febrero de 1778 y descendiente de una prominente saga de militares, José Fernando Macario Sor no supo nunca nada (valga el anacronismo) de separatismo, lazos amarillos y ce-de-erres. Este catalán, hispano hasta los tuétanos (mas con sangre gala en sus venas), nació español y como tal murió en París, el 10 de julio de 1839, de un cáncer en la lengua. Educado en la Escolanía de Montserrat y la Academia Militar de Barcelona, Sor fue un gran patriota español, y casi siempre dio ejemplo de ello (aunque como voluble hombre de carne y hueso fue también esclavo de las ambiciones).

 

           

A los treinta años de edad verá la Patria invadida por el Francés y, ni corto ni perezoso, procederá a vigorizar el espíritu nacional firmando piezas para guitarra o para piano contra Napoleón, con letras tan contundentes y diáfanas en su mensaje como su “Canción de los defensores de la Patria”. Su año fatídico será el de 1810, cuando por unos motivos no muy claros termine por aceptar la monarquía de José I Bonaparte y pase a integrarse en su maquinaria administrativa. ¿Oportunismo político? ¿Falta de cálculo? En consecuencia, se verá obligado en 1813 a abandonar España con los invasores.

 

           

Se ha dicho con frecuencia que Fernando Sor fue masón, y que sus ideas liberalescas le fueron infectadas por el espíritu de las Luces, pero nada de esto parece cierto o, al menos, confirmado. Otra cosa bien distinta es que la francmasonería quiera apropiarse de su nombre, como ha venido haciendo desde siempre con el de tantos otros. Lo que sí es evidente es que Sor era un artista y un intelectual en contradicción con sus raíces y su tiempo, y esto le iba a suponer grandes quebraderos de cabeza de los que apenas podemos hacernos una idea. Como Goya, como tantas otras figuras eximias de la cultura legítima española, marchó a Francia… en condición de traidor a la Patria y con un gran peso de conciencia. En contrapartida, pudo pasearse por los más relamidos cenáculos galos, puerta de acceso y llave para alcanzar al fin el gran éxito, algo que seguramente no hubiera consolidado de no haber cruzado los Pirineos; su caso, aunque bien distinto, nos recuerda al de Manuel de Falla en el siglo XX: eran españoles hasta la médula, pero fue necesario el empuje de Francia para hacerles ver, magnificada, su “españolidad” esencial, sus rasgos tan exclusivamente hispanos, en su vida como en sus obras.

           

           

Como sin quererlo, surgen a continuación una serie de preguntas pertinentes: ¿era realmente la guitarra de Fernando Sor una guitarra netamente española, como la de Gaspar Sanz en el siglo XVII o la de Regino Sainz de la Maza en el XX? ¿Practicó nuestro hombre una manera internacional empapado de pintoresquismo y estilo galante que poco tenían que ver con los ritmos y melodías procedentes del folklore español? ¿Cuánto de español preservó en la caligrafía de su escritura, tan virtuosa a la par que asequible al oído? Dejamos el campo abierto a los musicólogos para responder a todos y cada uno de estos interrogantes.  

 

Obras de Fernando Sor - Una guía de audición

 

           

Fernando Sor tocó todas las cuerdas del pensamiento musical, y sería un gran error vincularlo sólo a la composición para guitarra. La música orquestal, escénica, de cámara y vocal no le fueron ajenas, muy al contrario, se prodigó en todos los géneros con resultados notables o sobresalientes, firmando un par de óperas, siete ballets, dos sinfonías, un concierto para violín, tres cuartetos de cuerda (perdidos) y varios concertantes para guitarra y cuerdas (igualmente perdidos), decenas de canciones, etc. Pero han sido las composiciones para guitarra las que han sobrevivido al tribunal de la historia, pasando a ocupar un puesto de honor en la primerísima fila del catálogo de la literatura para guitarra. Gran pedagogo, también dejó un Método para guitarra, publicado en 1830, de enorme difusión en su tiempo y traducido a varios idiomas. 

 

           

A continuación ofrecemos un pequeño listado con algunas de las más notables piezas de Fernando Sor escritas para la guitarra (desde el Opus 4 hasta un Opus póstumo), destacando su soberbia serie de Fantasías; a quien se animara a revisar o incursionar por primera vez en este legado sonoro inmenso, que fluctúa entre el clasicismo y el primer romanticismo, le deseamos una feliz audición:

 

  • Fantasía No. 2 en La, Op. 4
  • 12 Estudios, Op. 6
  • Fantasía No. 1 en Do, Op. 7 ‘A Ignaz Pleyel’
  • 6 Divertimentos, Op. 8
  • Introducción y Variaciones sobre un Tema de Mozart, Op. 9
  • Fantasía No. 3 en Fa, Op. 10
  • Fantasía No. 4 en Do, Op. 12 ‘A Frederic Kalkbrenner’
  • Fantasía No. 5 en Do, Op. 16 (sobre un tema de Paisiello)
  • Fantasía No. 6 en Mi m, Op. 21 ‘Les Adieux’
  • Fantasía No. 7 en Mi m, Op. 30 ‘A Denis Aguado’
  • 3 Piezas de salón, Op. 33
  • L’Encouragement, Op. 34
  • 24 Estudios, Op. 35
  • Serenata en Mi, Op. 37
  • Divertimento, Op. 38
  • 6 Valses composées pour l’orchestre par différents auteurs, Op. 39
  • Fantasía en Re sobre un tema escocés, Op. 40
  • Les Deux Amis, Op. 41
  • 6 Valses, Op. 44 bis
  • Fantasía en La, Op. 46 ‘Souvenir d’Amitié’
  • Divertimento militar, Op. 49
  • La Calme - Capricho en Mi, Op. 50
  • Fantasía en La m, Op. 52
  • Le Premier Pas vers moi, Op. 53
  • Morceau de concert en Re, Op. 54
  • Fantasía, Op. 54 bis
  • 3 Dúos, Op. 55
  • Fantasía en Re, Op. 56 ‘Souvenirs d’une soirée à Berlin’
  • Fantasía en La m, Op. 58
  • Fantasía elegíaca en Mi m, Op. 59
  • 3 Pequeños divertimentos, Op. 61
  • Divertimentos, Op. 62
  • Souvenir de Russie, Op. 63
  • Fantasía en Re m, Op. post.

 

           

José Antonio Bielsa Arbiol en exclusiva para La Tribuna de España

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