Domingo, 25 Agosto 2019

"Crónica de Occidente Enfermo"

PUBLICADO EL Martes, 12 Marzo 2019 19:42 Escrito por
Max Romano alcanza la alternativa en el paupérrimo Max Romano alcanza la alternativa en el paupérrimo

 

 

Max Romano acaba de publicar su segunda obra, un libro que lleva por título “Crónicas de un Occidente enfermo”.

El primer libro de Max Romano “Azotes de nuestro tiempo”, (Ediciones Lacre Azotes) ya resultó una inesperada y necesaria ráfaga de aire fresco, una repaso a lo que el autor -y también nosotros, desde La Tribuna de España- consideramos indicadores de decadencia y degeneración de la actual sociedad.

Ahora con esta “Crónica de Occidente enfermoMax Romano alcanza la alternativa saliendo por la puerta grande del paupérrimo olimpo literario español tras cortar dos orejas y rabo y dar la merecida vuelta al ruedo…

 

 

 

Aborda que desprecio a lo políticamente correcto, a tumba abierto, jugándose el gaznate literario cuestiones tales como el odio contra el hombre blanco y sexualmente normal, la guerra sin cuartel contra la masculinidad -y contra la figura paterna en particular- la negación de la biología humana y de la polaridad sexual como principio de vida, el fanatismo igualitario y, dentro de éste, la inmensamente necia e inmoral igualdad de género, la obsesión enfermiza por encuadrarlo todo, medirlo todo y controlarlo todo, la hostilidad contra la excelencia, la fortísima voluntad de degradación, el escarnio de cualquier ideal superior, las políticas deliberadas de sustitución étnica en Europa y de genocidio cultural -falsamente presentadas como un destino inevitable-, la actitud de desprecio e incomprensión hacia el propio pasado y el rechazo de la propia cultura y tradición, la construcción -en nombre de la libertad-  de un sistema de conformismo obligado y represión de las ideas.

La ocurrencia del autor -tan propia de la literatura de los grandes clásicos españoles- de usar un personaje de ficción, “Oso Solitario”, como imaginario observador -en este caso de la realidad del mundo occidental- que durante nueve años las ha compilado cumpliendo un encargo de cronista e informador- convierte a este protagonista en el alter ego del autor, a través del cual se expresa, sufre y se emociona para hacer un repaso certero, duro, teñido de cierto pesimismo (como lo era la prosa de los grandes escritores falangistas (Rafael García Serrano, Luys Santa Marina, Dionisio Ridruejo, Gonzalo Torrente Ballester, Giménez Caballero, Agustín de Foxá, Samuel Ros o Rafael Sánchez Mazas…) y real –como la vida misma- que en absoluto impide ver la esperanza y la luz de un mañana de cambio.

Oso puede ser solitario, pero no estúpido ni ciego a cuanto le rodea. Percibe agudamente, dolorosamente, los signos de la enfermedad: las líneas de necrosis espiritual que hieden y supuran, como pústulas que rezuman muerte interior, líneas que resaltan con creciente claridad en medio esta excelente “Crónica de Occidente enfermo

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