Martes, 16 Julio 2019

Vasallaje. Abundancia y hartazgo, placer y comodidad, ¿libertad y poder?

PUBLICADO EL Sábado, 02 Marzo 2019 08:48 Escrito por
Libertad y poder Libertad y poder

 

Vasallaje, consistía en el medievo y ahora, en la relación personal por la cual el vasallo había de ofrecer o cumplir unos servicios al señor a cambio de la protección de éste. Así, viendo y analizando día a día el transcurrir de esto que se llama democracia, y de esta nueva ralea de políticos, no tengo dudas del acercamiento al vocablo que titula este artículo.

Recordando las tragicomedias y los relatos burlescos y la literatura casi lírica del medievo, me llega a la mente una obra del Bachiller Fernando de Rojas, imponderable hoy para los descendientes de la ESO. Sí, es la que piensan, “La Celestina”, una obra cuyo interés más llamativo era y es su realismo, el que algunos lo llaman psicológico cinco siglos después. Así retrata, plasma o fotografía aquel ambiente burgués de mediados del XV, destacando una superficial y casquivana sociedad en crisis. Aparece reflejada en la obra una nueva clase de criados y criadas con una nueva y determinante relación meramente económica con su amos/as y su dueños/as. Poniendo en clara evidencia la crisis de entonces con un reflejo directo a lo largo de estos siglos hasta ahora, compromete filosóficamente los ideales humanos y religiosos frente a la importancia que adquiere el dinero, poderoso caballero…, que diría Quevedo. Ya advertía de la entelequia el Bachiller en su prólogo, contra la corrupción que ocasionan los malos y lisonjeros sirvientes y contra los males que provoca el amor profano y la culminación perfecta del matiz. No voy a analizar las características de cada personaje por no establecer claras analogías actuales, eso lo dejo a la volátil mente del lector. Cuanto menos se reirán, no tiene desperdicio.

Y así, reseñando nuestro pasado más ilustrativo nos enfrentamos al feudalismo que impera hoy en los circuitos políticos, en el propio gobierno nacional y ¿cómo no?, en el regional y local, éste ya de mercadillo, medieval…

Las huestes u hordas partidarias se refrendan de esta guisa, un señor o señora con poder casi de pernada…, con sus súbditos/as, que le rinden vasallaje perpetuo y casi humillante, y si es necesario pleitesía permanente por no decir adoración, pero por dinero claro o en otro estadio, por alcanzar un estatus hasta entonces impensable, normalmente emanado de las clases más frívolas, tanto cultural como moral, pero fútiles e ingrávidas. Pero estas clases de dudosa moral se afianzan a esas labores por un salario, por una irreal posición, y la resultante es una injerencia con el resto del pueblo sometido impunemente a estas mediocridades, éste –el pueblo- sigue pagando desmesurados impuestos, como antaño, el que más trabaja más paga y menos tiene para poder mantener los erarios, más feudales que públicos, y así se han convertido en un serio problema para la sociedad actual, han crecido a base de favores, se han incrementado las huestes funcionariales, tanto las nacionales, regionales como las municipales, han colmado los espacios inexistentes –mira que es difícil-, sobre todo de comediantes, trovadores, pajes y pajas…, escuderos, palanganeros, mamporreros, etc…

La diferencia hoy es mínima con la feudal, unos viven del cuento a costa de la política, otros cuentan cuentos para vivir de la política y algunos se basan en cuentos y favores para ocupar cargos políticos, se hacen fuertes para ello, se sirve al inmediato superior o superiora sin cuestión alguna, siempre hay, como en las tragicomedias, brazos ejecutores libres de moralidades, siempre está el malo, la mala, el juez y a la vez jurado, por supuesto el verdugo. Y, sobre todo, hoy como ayer se llenan estas cortes y cortecillas de fortuna, de mentiras, envidias, promiscuidades, traiciones y demás miserias de la moral humana

No quiero atormentar con tanta verborrea de trovador insatisfecho, pero analizo cinco siglos después y hemos avanzado milímetros. Seguimos controlados, siempre y además amenazados, en el pequeño feudo de Melibea que al fin y al cabo es el nuestro, no hay intimidad, la taifa o comunidad a modo de reino vecino al ser más fuerte tienen derecho a más prebendas, más y mejores transportes, más y mejores hospitales, y demás desarrollo natural que el resto de los condados, marquesados, ducados, y el resto solo mendigos, lacayos, los más cercanos a la corte, que no cortesanos ni cortesanas, aunque algunas cortes parecen verdaderas corralas a buscar el sustento pie en tierra. Son feudos que ocupan la cola en desarrollo y gestión, son como el murciano o el extremeño de los primeros puestos en pobreza, no hay moneda para atajar la escasez, pero sí para mantener la corte llena de palmeros que no representan más que una carga para la villa.

Cantaba el trovador, y con acierto, ya que en cada rincón de este país se puede encontrar a una Melibea, mujer enérgica y que toma sus propias decisiones, mujer arrogante, apasionada, hábil para improvisar y con un carácter fuerte. ¿Cómo no?, a pesar de que la edad le pasa factura, cinco siglos…, a los “Calistos y Calistas” que se presentan débiles de carácter, que olvidan sus obligaciones y sólo piensan en sí mismo, protagonistas de su propio egocentrismo. Siempre hay también una Celestina o más, persona vital, buscavidas y alcahueta de la corte, movida fundamentalmente por la codicia, dejen correr su imaginación y pónganle nombre o nombres, la lista puede ser inmensa. A diestra y siniestra aparecen los criados, y las criadas claro, lealtad la justa, no guardan fidelidad a su amo/ama y buscan su propio beneficio también.

El desprecio del pueblo levantado en armas pacíficas, no de guerra a la par que la obra representada, será el que los arrastre al precipicio de la vulgaridad a estos personajes de tragicomedia, ora progres de alcoba barata, ora conservadores de despacho húmedo, ora sociatas –¿les suena los ERE´s, hoy silenciados?- de burdel de carretera y pagando con cheques sin fondo su campaña electoral desde Moncloa, tenemos que usar más las urnas, pero…, de golpe ¿qué hacer cuando no hay diferencia de escudos, de pendones, de estandartes, y sí analogías con el fin del vasallaje y la caída de la Edad Media…? Cuarenta años de democracia para estar peor que cuando zarpamos, más chupópteros, más gandules, más políticos sinvergüenzas, más políticos honrados, más paro, más trabajo de mierda, más independentistas retrasaos. Menos honra. Decía el pirata Bartholomev Roberts que; “En un servicio honrado la ración es corta, la paga pequeña y el trabajo mucho; en éste en cambio hay abundancia y hartazgo, placer y comodidad, libertad y poder”, no iba desencaminado tres siglos más tarde.

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