Domingo, 21 Julio 2019

España y los héroes de su historia: "Una ingratitud y sus consecuencias", columna dominical de Manuel Parra Celaya

PUBLICADO EL Domingo, 07 Julio 2019 08:37 Escrito por
En Filipinas (como en Rusia) el vencedor homenajea a "nuestros héroes", mientras que la España oficial los ignora En Filipinas (como en Rusia) el vencedor homenajea a "nuestros héroes", mientras que la España oficial los ignora

Otro domingo más los lectores de La Tribuna de España pueden disfrutar -en exclusiva- de uno de los mejores columnistas de España: Manuel Parra Celaya. "Cada año el ejército filipino rinde honores a aquellos héroes en la localidad en que tuvo lugar la hazaña, recreando así la salida de aquel puñado de españolitos de la iglesia donde habían resistido el cerco. Tengo a la vista las imágenes de la recreación cinematográfica que narra la gesta; me refiero, claro, a la primera versión en blanco y negro, pues me negué a ver la reciente por crítica fidedigna de amigos de confianza: cabezón que es uno o, mejor, escaldado que está por la tendenciosidad del cine democrático".

 

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Esta semana pasada, concretamente el 30 de junio, se celebró el Día de la Amistad Hispanofilipina, en coincidencia nada casual con la fecha del emocionante decreto que el presidente Aguinaldo firmó en muestra de respeto y admiración a los soldados de Baler. Me informo de que cada año el ejército filipino rinde honores a aquellos héroes en la localidad en que tuvo lugar la hazaña, recreando así la salida de aquel puñado de españolitos de la iglesia donde habían resistido el cerco. Tengo a la vista las imágenes de la recreación cinematográfica que narra la gesta; me refiero, claro, a la primera versión en blanco y negro, pues me negué a ver la reciente por crítica fidedigna de amigos de confianza: cabezón que es uno o, mejor, escaldado que está por la tendenciosidad del cine democrático.

Recalco que la celebración y homenajes del hecho histórico, y de la amistad firmada por Aguinaldo, tuvieron lugar en la República de Filipinas, y no me consta que tuvieran eco en el Reino de España, muy atareado en los pactos, cambalaches y trapicheos entre los partidos; claro que puedo estar equivocado en cuanto a lo primero, que no en lo segundo.

 

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Otra cosa fue la casi nula atención que merecieron los repatriados a la Península cuando acabaron las guerras de Ultramar en 1898; eran los tiempos de la I restauración y también los partidos andaban muy ocupados en sus cosas… Cada vez que visito el mausoleo barcelonés donde reposan los que fallecieron aquí y fueron enterrados, a título de beneficencia, por el Ayuntamiento, uno a mis oraciones por los soldados alguna imprecación dedicada a quienes los desatendieron.

Casualmente, el mismo día 30 acabé la lectura de un libro de un escritor colombiano sobre la defensa de Cartagena de Indias en 1741, que finaliza, tristemente, con el inicuo trato a que fue sometido su indiscutible protagonista, D. Blas de Lezo, por parte de Felipe V y de los políticos de aquel momento, hasta la reivindicación de su figura en épocas mucho más recientes.

No es nada nuevo afirmar que la España oficial desprecia a los héroes de su historia, y en esta categoría de heroicidad, incluyo a los científicos, investigadores, inventores y pensadores que no gozaron de la dudosa cualidad de tiralevitas de quienes han ido ocupando los resortes del poder, y no se identificaron con sus veleidades ideológicas o sus intereses personales.

La lista de casos podría ser interminable. Además, al desprecio y al olvido no es extraño que se una la maledicencia o la mentira más descarnada, y no hace falta ir muy lejos si mencionamos el trato que recibe hoy en día la División Azul; en este y en los casos citados y por citar, se podrían aplicar aquellas palabras que Platón pone en boca de Sócrates cuando este se defendía en el inicuo juicio sobre su persona: Lo difícil no es evitar la muerte; lo verdaderamente difícil es evitar la maldad.

No creo necesario insistir sobre lo que tantas veces he sostenido -y también plumas más valiosas y egregias que la mía- sobre la tupida cortina de silencio que sigue cayendo sobre los mejores pasajes de nuestra historia, como no sea para vituperarlos o tergiversarlos. Y este desprecio e ingratitud al pasado es parejo a la incapacidad (o maldad, según Sócrates) para afirmar en la sociedad valores de civilidad y de convivencia en justicia y libertad.

Ambas tareas van indisolublemente unidas, pues, como dice Gregorio Luri, somos diacrónicamente parte de un gran relato nacional y sincrónicamente miembros de diferentes ámbitos de copertenencia (…). La lealtad es la respuesta afirmativa y moralmente sana a la patria, sin complejos, frustraciones, culpas colectivas, vergüenzas o sentimientos evanescentes, pero también sin fantasmas de pureza moral, porque la patria también es una causa imperfecta.

La ingratitud hacia el pasado corre pareja con la inhabilitación para hacer mejor el presente y, por supuesto, para prever y garantizar el futuro, salvo que este último a esté prediseñado desde otras esferas de decisión. El escamoteo de la historia en las actuales generaciones -rechazo a los grandes relatos, lo llaman- no es casual, sino que forma parte de una estrategia global cuidadosamente trazada.

Se me puede argumentar que la historia, en sí, no debe marcar itinerarios, salvo que creamos, al modo romántico, en una especie de predeterminación en función de un misterioso espíritu del pueblo; es evidente que no es así, pero lo que sí hace la historia es registrar constantes de los pueblos y las naciones, constantes manifestadas en forma de valores que han ido surgiendo a lo largo de los siglos y sirven de pauta, siempre revisable, para las necesarias transformaciones y actualizaciones.

Así, en el caso de la historia de España, el valor de la trascendencia y la religiosidad, la consideración de la persona, dotada de dignidad, el sentido de la lealtad, el rechazo a ser considerado vulgar pieza en el engranaje colectivo, la libertad como don natural y como prerrogativa… Estas constantes constituyen algo así como un ADN nacional, y actualmente corren el serio riesgo de ser borradas por una operación de ingeniería social.

Cerremos estas líneas con lo que añadió Sócrates en su defensa y que puede ser todo un presagio: Se levantarán contra vosotros otros muchos que han estado contenidos (…), pero después de mi muerte serán aún más difíciles de contener, puesto que son más jóvenes. Amén.

Manuel Parra Celaya

"IN REBUS DUBIIS"

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