Miércoles, 24 Julio 2019

Una clasificación artificial… y odiosa- Columna de Manuel Parra Celaya

PUBLICADO EL Domingo, 12 Mayo 2019 07:34 Escrito por
"Ser de izquierdas, como ser de derechas, es una de las infinitas maneras que el hombre puede escoger para ser un imbécil" (J. Mª Ortega y Gasset) "Ser de izquierdas, como ser de derechas, es una de las infinitas maneras que el hombre puede escoger para ser un imbécil" (J. Mª Ortega y Gasset)

 

 

 

Tal como prometí la semana pasada, amplío hoy el recurrente tema de las posiciones en política; si en aquel artículo anterior me centraba en el centro (redundancia manifiesta o intencionado recurso poético pedante), en el presente me refiero a la odiosa y artificial dicotomía derecha-izquierda.

Por lo visto, nunca podremos los españoles -ni el resto de europeos- librarnos de la manida clasificación entre derechas e izquierdas, como se ha demostrado en las recientes elecciones y se nos viene inculcando desde hace, por lo menos, cuatro o cinco décadas de política nacional.

Es como un mantra -ahora renovado y bendecido por estos prolegómenos del Nuevo Orden mundial- cuya repetición machacona asegura la perpetuación de un Sistema que precisa de la división de los pueblos, ya ni siquiera por opiniones sobre cómo debe gestionarse la res pública, sino por criterios estándar predeterminados.

El tema es complejo, en verdad, y ante él se han situado los mejores pensadores de ayer y de hoy. Un cierto eclecticismo nos vino a decir que la izquierda de ayer es la derecha de mañana, en atención al efecto de la acomodación social sobre las ideas; también nos resuena la frase de Churchill acerca del resultado de la edad sobre las actitudes, pero en esto se dan muchas excepciones como es natural. Por otra parte, sabemos que, dentro de cada partido o de cada ideología, se forman una derecha y una izquierda, que discrepan en su interpretación y en la estrategia a seguir para conseguir el triunfo. Lo cierto es que las definiciones de ambas posturas tópicas son abundantes y diversas; falla, en todo caso, una aceptación generalizada sobre qué es ser de izquierdas o ser de derechas.

Si nos atenemos a la actualidad, el panorama es aun más confuso y también distinto al que nos muestra la historia: ¿es de izquierdas el acatamiento indiscutible al Feminismo radical, al Animalismo o a los códigos pseudoantropológicos LGTBI?; ¿es de derechas defender el Estado de Derecho frente al golpismo secesionista?; ¿está a la izquierda este separatismo o el sustrato etnicista del PNV?; ¿es de derecha afirmar los valores religiosos? Como se ve, la confusión de conceptos supera con mucho a la artificialidad de una clasificación.

Rizando el rizo, ¿es posible definirse de forma simultánea de derechas o de izquierdas, aunque sea en aspectos distintos? El historiador francés Arnaud Imatz que esto respondería cabalmente a la convicción de que una comunidad política necesita a la vez justicia y libertad, progreso y conservación, patriotismo e internacionalismo, personalismo y colectivismo, orden y libertad, iniciativa económica y garantías sociales, respeto a los derechos humanos y afirmación de los deberes del hombre, igualad y meritocracia, solidaridad y competitividad.

Particularmente, me acojo fielmente a dos sentencias históricas sobre el particular, para mí canónicas. La primera original de Ortega y Gasset: Ser de izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de hemiplejía moral; la segunda es de José Antonio Primo de Rivera y más elegante que la de su maestro: El ser derechista, como el ser izquierdista, supone siempre expulsar del alma la mitad de lo que hay que sentir. En algunos casos, es expulsarlo todo y sustituirlo por una caricatura de la mitad.

Quizás más torpemente, uno se aventura a emplear aquel símil que compara una obra de arte, un sublime paisaje o una bella mujer (perdón por el machismo que pueda encerrar esta figura)  con España; ante cualquier forma de Belleza, no se acostumbra a cerrar un ojo y abrir el otro, sino que se contempla de frente, con los dos ojos bien abiertos para no perderse detalle. Así, las posiciones de derecha o de izquierda -si es que las admitimos- me sugieren siempre posiciones tuertas, incompletas en su visión y, por tanto, fragmentarias y parciales con respecto al objeto contemplado; y, en este mundo globalizado en aspectos económicos y en ideologías preponderantes e indiscutibles, este objeto ya no solo es España, sino el propio ser humano, su historia, su cultura, Europa, el mundo entero; en suma, todas aquellas realidades cuya integridad pretenden deconstruir los grandes intereses mundialistas y de los que son cómplices conscientes o inconscientes quienes se empeñan en clasificarse.

Conozco, sin embargo, a quien se define de izquierdas y es capaz de amar fervientemente a España y a su tradición cultural; también, a personas que se consideran muy de derechas y se rebelan contra la especulación que provoca el paro, la inseguridad en el puesto de trabajo y el acceso a una vivienda digna.

Así pues, no caigamos en la trampa de debatir con saña si en las elecciones de hace un par de semanas han ganado las izquierdas o es que han perdido las derechas; ni unos ni otros pueden ostentar un historial de defensa de los valores que parecen querer encerrar estas definiciones tan artificiales. Los hechos demostrarán -como lo vienen haciendo- si, ante los grandes desafíos de nuestro tiempo, las diferentes posiciones presentes en las Cámaras adoptarán una posición tuerta, limitada a las consignas de sus líderes o de quién sabe qué poderes fácticos internacionales, o se afanarán por construir y dotar a España de mejores cotas de vida digna en lo material y de horizontes mas abiertos a la educación, la cultura y el espíritu.

 

Manuel Parra Celaya

"IN REBUS DUBIIS"

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