Lunes, 22 Abril 2019

¿Teorías conspiranoicas del Nuevo Orden Mundial?

PUBLICADO EL Lunes, 11 Febrero 2019 10:28 Escrito por José Antonio Bielsa Arbiol
NOM. ¿Teorías conspiranoicas? NOM. ¿Teorías conspiranoicas?

 

 







"Aquel que no vea que en la Tierra se está llevando a cabo una gran empresa, un importante plan en el cual colaboramos como siervos fieles, está ciego"

 

Winston Churchill



"Quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente, controla el pasado"

 

George Orwell 





Con esta entrega nos zambullimos en una de las más sórdidas cocinillas del NOM: aquélla en la que se cuecen a fuego lento las denominadas “Teorías de conspiración”; asunto, dicho sea de paso, bien poco estimulante para quien aquí escribe (tanto por la escasa credibilidad que suscita entre el público de masas, como por la luciferina simbología oculta y esotérica que contienen dichas teorías -devenidas algunas de ellas hechos apenas disimulados-): energías libres secuestradas, abortismo industrial a mayor gloria de Moloch Baal, alimentación manipulada con fines indeseables, atentados de falsa bandera, proyecto MK Ultra, colapso dirigido de la deuda global, genocidio blanco, etcétera.

 

Sin más introitos, nos limitaremos a seleccionar y reseñar cuatro destacados ejemplos de estas teorías de conspiración (en diferentes grados de aplicación), sin cargar demasiado las tintas en los aspectos polémicos o meramente amarillistas implícitos; amén de que en ningún momento podíamos ningunear (en un estudio mínimamente consistente sobre el NOM) el apartado de marras.

 



¿Hechos “conspiranoicos” apenas disimulados?:

Eurabia, de la Cruz a la media luna



 

Este neologismo geopolítico de reciente acuñación, propuesto por la escritora egipcia judía nacionalizada británica Bat Ye’or (al que dedicó incluso un libro: Eurabia: The Euro-Arab Asís [2005]), postula una serie de procesos político-demográficos que auguran que la cultura dominante en Europa dejará de ser cristiana para mudar en islámica. La falsa pujanza del Islam desde hace siglos (político-económica, científico-técnica, filosófica, etc.), como ya advirtió Enrique de Diego en su clarificador ensayo Islam, visión crítica (2010), participa de un manifiesto complejo de inferioridad respecto a Occidente, complejo que es contrarrestado con ese fuerte impulso demográfico en suelo europeo (casi parejo al de sus lugares de procedencia); en estos términos me expresaba el problema una activista identitaria: “mujer musulmana: de cinco a ocho hijos; mujer europea: un perro y dos abortos”.

 

 

Si hacia el año 2000 el tópico “Eurabia” podía resultar inverosímil (al menos en España), el actual panorama de disolución multicultural no nos debería llevar a dudas (discurso demagógico progre-izquierdista al margen): las megalópolis europeas han perdido su identidad cultural característica para tornarse peligrosos “espacios de transición de bípedos” donde la seguridad ciudadana es poco menos que una utopía: Marsella, Manchester, París, Malmö, Londres, Birmingham, Bruselas, Hamburgo, Bremen, Catania, Colonia, Roma, etc. El sitio web Tu blog de seguridad suministra un listado con el Top 20 de las ciudades más peligrosas de Europa en 2018; la inclusión de dichas ciudades en la lista aparece condicionada por los siguientes problemas recurrentes:

 

  1. a) amenaza por alerta terrorista;
  2. b) aumento de criminalidad y crímenes continuados al salir a la calle durante la noche; y
  3. c) conflictos de racismo y xenofobia (sic).

 

El caso de Marsella es sintomático: “con sus casi 300.000 musulmanes sobre una población de menos de 900.000 personas” (El Mundo, 28/04/2017) se posiciona como la ciudad más peligrosa (e islámica/islamizada) de Europa. Inútil intentar desplegar cualquier otro análisis que omita el factor demográfico de sus presupuestos: los resultados, elocuentes, hablan por sí mismos.

 

Muchos elementos humanos adoctrinados en el paneuropeísmo, sin embargo, permanecerán ciegos a la evidencia; un ejemplo: hace unas semanas tuve una conversación con una pareja belga de unos cincuenta años de edad, residente en Bruselas: cuál fue mi sorpresa al sacar el tema de la “seguridad ciudadana” en la sede del Benelux (y el auge del “terrorismo islámico” cual problema consiguiente): como si nada, el lobotomizado dúo (progre) respondió en estos términos: “Sí, eso de la islamización es lo que dicen los ultras”. ¡Ya estaba en marcha la etiquetadora políticamente correcta! Por su necedad impotente, me ahorraré el resto de la conversación... Saquen sus propias conclusiones.

 



¿Hechos “conspiranoicos” disimulados?:

Proyecto HAARP (High Frequency Active Auroral Research Program)

 



Esta herramienta del NOM, una de las más diabólicas y perturbadoras del entramado globalista, entraña una doble naturaleza antitética: por un lado estaríamos ante el típico proyecto de investigación científica destinado al “progreso de la humanidad”, financiado por prestigiosas instituciones (Marina y Fuerza aérea de Usa, Universidad de Alaska); por el otro, nos enfrentaríamos ante un programa luciferino en toda regla, encaminado al control demográfico y, en niveles superiores, a la posibilidad de una destrucción a gran escala.

 

 

Difundido en la década de 1980, más no puesto en marcha hasta 1993, el HAARP (o Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia) aparece presuntamente concebido como una suerte de paliativo contra el cambio climático, mediante el empleo de hipocampos de alta frecuencia (con el propósito de interferir en las ondas ionosféricas, desplegando procesos de simulación y de control -vía radiofrecuencia inducida- que permitan minimizar el potencial impacto del cambio climático). Para no hastiar al lector con áridas explicaciones técnicas (accesibles en Internet), nos limitaremos a comentar brevemente la dimensión filosófico-luciferina de este programa sin precedentes, así a través de sus diversas “utilidades” prácticas, de menor a mayor devastación en función de los pulsos electromagnéticos emitidos sobre determinados objetos y espacios de la geografía planetaria:

 

1) Como herramienta de control social (hipocampos de frecuencias): seleccionado y acotado un espacio geográfico concreto, y sometido éste a determinada irradiación hipocámpica, las ondas cerebrales humanas pueden ser alteradas y/o modificadas en base a la consecución de un nuevo modelo conductual, obviamente negativo: excitación, irritabilidad, insatisfacción, pérdida de control, impulsos violentos, alteración de comportamientos grupales, etc., pueden lograrse sobre los individuos del entorno seleccionado; sin duda éste es uno de los grandes sueños del NOM: concebir determinado cómputo de la masa humana como un tejido uniforme y maleable, una cadena de sujetos interconectados vía radiofrecuencias (un primitivo precedente de esta técnica sería el plan de control social a través del dolor expuesto por H. G. Wells en su célebre novela La isla del Dr. Moreau).   

 

2) Como herramienta de ingeniería social y propagación de enfermedades (hipocampos de megafrecuencias): un nivel por encima del previo podrían lograrse modificaciones sistémicas a escala macro, desde el área del control de los medios de comunicación hasta la creación ad hoc de enfermedades víricas y por modificación genética; con esta técnica se sofistican exponencialmente las guerras demográficas sin necesidad de recurrir a métodos “manifiestamente cruentos”.

 

3) Como arma de destrucción selectiva (hipocampos de gigafrecuencias): provocando la combustión/desintegración inducida desde el interior de cada ser vivo seleccionado (con temperaturas superiores a 300ºC, sin ignición externa manifiesta ni alteración climática del entorno); un claro precedente (algo más tosco, sin duda) de este propósito se confirmaría en el supuesto Experimento Filadelfia, trivializado por la literatura de evasión y el cinema.

 

4) Como arma de destrucción masiva (hipocampos de terafrecuencias): con la desintegración de todo objeto encuadrado en el espacio acotado del hipocampo, por lo que su utilidad militar puede ser inmensa; el experto Manuel Galiana (La derrota de la globalización) lo define como “un instrumento de conquista capaz de desestabilizar de forma selectiva sistemas ecológicos y agrícolas de regiones enteras”; siguiendo a Nick Begich (activista useño en contra del HAARP), Robert Goodman constata que si “el HAARP operase al cien por cien, crearía anomalías climatológicas sobre ambos hemisferios terrestres por el fenómeno de resonancia”.

 

Podrán asentir o disentir ante todo esto, pero nadie a estas alturas cometería la temeridad de negar al HAARP sus potencialidades expuestas; más que una teoría de conspiración, ¿es el HAARP un hecho conspiranoico? Una fuente primaria extranjera con la que he abordado este asunto me ha confirmado con total naturalidad sobre la operatividad del HAARP. Sin embargo, es evidente que este programa todavía sigue en preparación y estudio, y que sus grandes (y terribles) aplicaciones todavía no se han llevado a cabo en todo su perturbador alcance; como botón de muestra, algunos medios alternativos no han dudado en sacar a la luz inquietantes análisis de las vinculaciones existentes entre el Terremoto de Lorca de 2011 y el HAARP (!); no nos pronunciaremos al respecto, pero de ser esto cierto, tendríamos más que sólidos motivos para estar preocupados.

 



¿Teorías “conspiranoicas”? (de alto voltaje):

Operación Blue Beam

 



Probablemente fue el escritor galo Auguste Villiers de L’Isle-Adam el primero en anticipar proféticamente la fase segunda de este proyecto en su cuento “La cartelera celeste”, de la recopilación Cuentos crueles (1883): “Cosa extraña y capaz de despertar la sonrisa de un financiero: ¡se trata del Cielo! Pero entendámonos: del cielo considerado desde el punto de vista industrial y serio”, con estas palabras arrancaba el referido relato, todo un anticipo; las intuiciones de Villiers, quién lo iba a decir, se han visto al fin confirmadas con esta infame Operación Blue Beam, o “Rayo Azul” en la docta lengua de Cervantes y Lope.

 

 

Puede parecer descabellado, incluso delirante, pero lo cierto es que “Rayo Azul” garantizaría la más perfecta consumación del proyecto policial totalitario del NOM: una sucesión de dispositivos globales destinados a implantar el gobierno mundial a partir de una cadena de eventos relacionados entre sí, y programados en cuatro fases sucesivas, a saber:

 

1) Fase I: destrucción y borrado de la Historia, para proceder a su sucesiva falsificación y reescritura, por medio de la demolición del patrimonio arqueológico (preferiblemente a través de terremotos generados artificialmente). Psicológicamente el público ya ha sido preparado tímidamente para este tipo de acontecimientos: la destrucción total o parcial (a manos de Dáesh) de los sitios arqueológicos de Oriente Medio (Palmira, Hatra, Nimrud, Dur Sharrukin, etc.) es un ensayo análogo a esta fase. La meta profunda de este objetivo, no obstante, consistirá en desacreditar, por medio de la falsificación proyectada, la gran tradición religiosa del Occidente, para así introducir un nuevo credo cientifista-amoral que demuestre que dichas religiones han sido malinterpretadas y/o tergiversadas.

 

2) Fase II: irrupción de un nuevo dios luciferino (demonio) por medio de un espectáculo holográfico espacial-audiovisual de colosales dimensiones adaptado a cada región del planeta, donde se escenifique el advenimiento del Anticristo (Maitreya, el nuevo Cristo cósmico) a través de las proyecciones de Jesús, Buda, Krishna, Mahoma, Zoroastro, etc. Esta escenificación vía satélite traerá consigo desórdenes sociales y religiosos, desencadenando el choque de religiones, con ingente número de pérdidas en vidas humanas. El caos global podrá ser atizado/reforzado con alguna catástrofe planetaria inducida. También el público, subliminalmente, ha sido preparado psicológicamente para esta fase, por obra y gracia del cinematógrafo (Star Wars), así como por medio de la popularización del fenómeno OVNI y las presuntas abducciones extraterrestres.

 

3) Fase III: control telepático de las conciencias (vía ondas ELF, VLF y LF) dirigiendo a cada persona desde dentro de su mente por una presunta voz de “dios”. Esta técnica tuvo una notable plasmación filosófico-cinematográfica en la película Demon (1975), del rompedor cineasta independiente Larry Cohen, en la que una serie de sujetos procedían a cometer todo tipo de crímenes bajo la consigna “dios me lo ordenó”. Actualmente los avances tecnológicos y los progresos de la denominada comunicación bidireccional tornan asequible esta fase no tan disparatada como podría pensarse; en palabras del avezado Galiana: “Estos rayos desde los satélites han sido alimentados con las memorias de los ordenadores que han almacenado datos masivamente sobre cada humano en la tierra y sobre sus lenguas. Los rayos se entrelazarán con su propio pensamiento natural para formar lo que se llama pensamiento artificial difuso”.  

 

4) Fase IV: manifestación universal de una deidad sobrenatural e invasión extraterrestre, todo ello por medios electrónicos, haciendo creer a la humanidad que va a ser víctima de una verdadera invasión alienígena (!). Tras el pánico mundial consiguiente, el resto vendría solo: desarme nuclear de las potencias sancionadas tras el conato de utilización de sus recursos atómicos para repeler el ataque, sumisión al gobierno mundialista capitaneado por la ONU, definitiva instauración del NOM en todos los órdenes de la vida humana.

 

Este proceso, planificado década a década, llevará desde luego mucho tiempo en concretarse, y es harto probable que fracase por lo desnortado y fatídico de sus proyecciones genocidas y totalitarias. Pero en el plano de la política-ficción, la Operación “Rayo Azul” siempre será uno de esos perfectos guiones destinados a la programación predictiva, tal y como la industria de Hollywood ha inoculado en el subconsciente colectivo de las nuevas generaciones.

 



¿Teorías “conspiranoicas”? (de bajo voltaje):

El biochip RFID (La Marca de la Bestia - 666)

 



Lucifer, el señor del NOM, labora con cautela y precisión infalible sobre sus descocados cabritos; su técnica es la del liberalismo conducente a la socialdemocracia, que no es otra que la vieja estrategia de la Revolución: dos pasitos p’alante, un pasito p’atrás (Javier Garisoain). El imperio del mal crece, progresa democráticamente, al tiempo que el bien se achica y debilita. La gelatinosa masa de perdición, ebria en su fiebre hedonista-nihilista, necesita de nuevos artefactos y tónicos para vigorizar su ipseidad maltrecha.  

 

 

El contubernio luciferino de la ONU sabe todo esto y mucho más; el mundo de las ideas necesita de estos laboratorios para abrirse camino. La idea de colocar el consabido chip de identidad universal a todas las personas del globo para el año 2030 (tesis difundida por unos medios y desmentida por otros), no tiene nada de extraña, al contrario, puesto que apela a una lógica tecnológico-estructural natural en el NOM: al imponer el sistema biométrico universal (suerte de panacea burocrática que hubiera hecho las delicias de un Fouché o un Mao), se permitirá con suma facilidad al Sistema contabilizar a la comunidad humana planetaria como a las gambas de ojos saltones de una piscifactoría, con un registro integral exacto, y con sus informaciones personales actualizadas.

 

Esta brutal medida totalitaria no sólo perpetraría una clara violación de la privacidad de los individuos, sino la definitiva vuelta de tuerca del proyecto luciferino en marcha: la implantación de la “Marca de la Bestia”, con su numeración debidamente encriptada (!); en Apocalipsis 13:16-18 podemos leer la profecía de lo que viene: “Y asimismo que a todos, humildes y magnates, ricos y pobres, libres y siervos, se les marcara sobre su mano derecha o sobre sus frentes. De suerte que nadie pudiera comprar o vender, sino el que estuviera marcado con el nombre de la Bestia o con su nombre cifrado. ¡Aquí quien sea sabio! Calcule el que tiene ingenio el número de la Bestia, pues es cifra que corresponde a un hombre. Es su número: seiscientos sesenta y seis”.

 

Este sistema, tiempo al tiempo y lo refute quien lo refute, habrá de ser impuesto (con problema o sin problema alguno es ya otra cuestión): será sí o sí, o de lo contrario el que se niegue a ser marcado pasará, en el mejor de los casos, a sufrir una muerte civil en toda regla, con imposibilidad de acceder a sus cuentas bancarias inclusive. El frente de resistencia ante esta amenaza dependerá únicamente del contingente humano dispuesto a repeler al Leviatán: a mayor número de antagonistas de la diabólica medida, mayor posibilidad de frenar/demorar en el tiempo el proyecto de la agenda globalista.

 

Pero no olvidemos que el grueso de las nuevas generaciones, cada día más dóciles y sumisas al Sistema (amén de peor educadas y depredadas en el plano moral), no tendrán reparos de aquí a una década en aceptar con relativista aplomo esta engañifa del diablo. Y sin que sirva de precedente, no olvidemos tampoco que la práctica totalidad de nuestros coetáneos aceptaron sin pestañear la imposición del DNIe en 2006 (“¡no es lo mismo!”, me dirán), pero la transición apenas supuso nada traumático para esos españoles embaucados: de los clásicos DNI plastificados se pasaba al DNI electrónico, suerte de tarjeta con un chip integrado en cuya memoria se condensan todos nuestros datos, huellas dactilares incluidas; tras el DNI 3.0. (o algún análogo que perfeccione todavía más éste), el siguiente paso, por lógica organizativa y estructural implacable, sería el biochip.

 

La cuestión filosófica pertinente, en fin, es la siguiente: ¿acataría usted sumiso cual borreguillo de matadero o gamba de ojos saltones -en el hipotético escenario de una inminente implantación del biochip- esta imposición totalitaria sobre su propia piel? ¿Se dejaría marcar… el 666?

 

 

 

 

Investigación de José Antonio Bielsa Arbiol en exclusiva para La Tribuna de España

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