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Son tiempos de "política-basura"

PUBLICADO EL Sábado, 08 Diciembre 2018 09:04 Escrito por
¿Recuerdan las chicas del Cacao-Maravillao? ¿Recuerdan las chicas del Cacao-Maravillao?

Son tiempos de ‘política-basura’, tiempos de “tele-basura”, tiempos de “comida-basura”…  todas ellas reñidas con el raciocinio. 

 

Los que ya peinamos canas (bueno, algunos las disimulan tiñéndoselas porque de todo hay) somos capaces de recordar que hubo un tiempo, hace ya décadas que, en España dejó de haber una sola televisión, la “española” con dos cadenas, y pasamos a tener una amplia oferta, que no televisión de calidad, cuando comenzó aquello de las televisiones privadas.

Cuando aquello echó a andar, al principio de los años 90 del siglo pasado, cuando aún gobernaba en España el PSOE, con Felipe González Márquez al frente, la cadena Tele 5 emitía un programa con el nombre de “VIP-noche”, en él se mostraban actuaciones de un ballet de llamativas mulatas que entonaban la canción del supuesto patrocinador del espacio: el Cacao Maravillao.

El presentador del programa, Emilio Aragón, no paraba constantemente de referirse al producto, hasta el hartazgo. Emilio Aragón, se convirtió en una auténtica celebridad nacional gracias al programa. Hasta aquel momento gozaba de cierta popularidad y era conocido, sobre todo, por ser el más pequeño de la saga de “los payasos de la tele”. VIP lo convirtió en una auténtica estrella mediática.

Lo más sorprendente del asunto es que el Cacao Maravillao no existía y nunca existió.

Tele 5 nunca dijo que fuera una broma, hasta que hubo transcurrido bastante tiempo. Fueron muchos los telespectadores que pretendieron comprar el producto, el “cacao maravillao”, y algunos vendedores se vieron en apuros por carecer de él en sus tiendas.

Pues sí, por aquel entonces en que la televisión Tele 5 hacía tales gamberradas, el Gobierno de Felipe González se dedicaba a desmantelar el Instituto Nacional de Industria y destruir el sector industrial español, efectuando la reconversión de la siderurgia, de la minería, de la construcción naval, de la automoción,.. También fue el Gobierno Socialista de Felipe González el que redujo la flota pesquera, y aceptó –sin ofrecer la más mínima resistencia- la imposición por parte de Europa de cuotas que limitaron el desarrollo de la agricultura y de la ganadería, siendo uno de los ejemplos más sangrantes el del sector de la leche, en el que actualmente somos un país en el que hay más demanda que producción propia. Todo aquello fue especialmente salvaje y doloroso.

La industria automovilística, por ejemplo, se desmanteló por completo y las mejores empresas pasaron directamente a las multinacionales alemanas y francesas. En cuanto a la construcción de barcos España dejó de ser la tercera potencia mundial.

Debilitando la base industrial de España, se conseguía lo que se proponía el gobierno felipista del PSOE: trastocar el desarrollo español y girar hacia una economía de servicios que hoy representa cerca del 65 por ciento del empleo total. En aquellos años duros de la reconversión, el paro pasó de 2 millones en el año 1982 a los casi 4 millones de parados en 1985.

Ni que decir tiene que España quedó convertida en un enorme páramo desindustrializado.

Y mientras Tele 5 seguía distrayendo y embruteciendo a los españoles, con la telebasura acompañada del ballet del “cacao maravillao”, empezaron a destaparse más y más escándalos: La llamada “guerra sucia” contra la ETA, mediante los GAL, la corrupción de los “fondos reservados”, el caso Roldán (director de la Guardia Civil socialista), el caso Paesa, el caso Juan Guerra (“mienmano”), el caso Filesa, Mario Conde, Flick, Intelhorce… sin olvidar la expropiación, muy peculiar ella, del imperio Rumasa de la Familia Ruiz Mateos. Mientras se dedicaban a estas tropelías, también les dio tiempo a decretar una moratoria nuclear que, todavía dura y que nos hace depender energéticamente del exterior, luego la situación ha empeorado con el ruinoso negocio de las energías renovables, promovido por su correligionario, José Luis Rodríguez Zapatero… Tampoco se olvidaron de cargarse el sistema público de enseñanza, y decretar la muerte de Montesquieu… y algunas cosas más que sería muy extenso de contar.

¡Ah, olvidaba contar, además les dio tiempo a montar unos juegos olímpicos, un campeonato mundial de fútbol, y la fastuosa exposición universal de Sevilla! Ni que decir tiene que hubo muchos “mienmanos” y emprendedores de la cuerda socialista que consiguieron pingües beneficios al ritmo del ballet del “”Cacao Maravillao”.

Luego vino el Sr. José María Aznar y siguió bailando a ritmo del ballet “Cacao Maravillao”, y para no ser menos progre siguió desmantelando, éste se dedicó a desmantelar el estado unitario y transfirió todo lo que se le ocurrió –generoso que era el Sr. Aznar- a las diversas taifas y sus oligarquías y caciques, vaciando de contenido la mayoría de los ministerios del Gobierno Central. Como era de esperar, dado que los verdaderos “progresistas” no estaban por consentir que les robaran el discurso, y menos todo el entramado clientelar que habían montado a lo largo de los años… pues vino lo que vino aquel mes de marzo de 2004. Y de ese modo España recuperó plenamente el ritmo del ballet “Cacao Maravillao”.

Más tarde dado que los músicos de ballet “Cacao Maravillao” empezaban a sonar mal y distorsionaban demasiado, el equipo directivo acabó contratando a otro director de orquesta, esta vez de la “derecha boba” para que les hiciera el trabajo sucio… siempre al ritmo del ballet “Cacao Maravillao”.

Y después de seis años, los reyes del mambo, los más ruidosos, encabezados por Pedro Sánchez, dieron un golpe de mano, para intentar por todos los medios que, como decía la cantante Patricia Monterola:

“Que el ritmo no pare, no pare no, que el ritmo no pare. Que el ritmo no pare, no pare no, que el ritmo no pare. Que el ritmo no pare, no pare no, que el ritmo no pare. Que el ritmo no pare, no pare no, que el ritmo no pare…”

Hace ya más de 2500 años que el sabio Aristóteles avisó de que la democracia podía degenerar y convertirse en “oclocracia”, el gobierno de la muchedumbre, de quienes son capaces de hacer más ruido. Par evitarlo, los antiguos griegos procuraron siempre que sus ciudadanos poseyeran formación e información, y erradicaron el analfabetismo entre ellos. Los antiguos griegos eran todos alfabetos, la comunidad ponía especial empeño en la formación, y toda la gente sabía que si no se poseía formación, cualquiera podía ser víctima de demagogos y charlatanes que podían llegar al poder prometiendo maravillas...

El principal problema de España no es que nos gobiernen políticos golfos, sino que los españoles votan a políticos golfos; y para recochineo, no se hacen responsables de sus votos.

Bien, volvamos al título:

El que haya comida basura, televisión basura, política basura, prostitución, tráfico de drogas, pateras, y hasta, incluso, terrorismo, es porque hay demanda, porque hay clientes a los que se les satisface “una necesidad”. Si hay “vendedores de humo” es porque hay “compradores de humo”, y no viceversa; hay clientes que están esperando que les proporcionen un servicio. Por supuesto, esto no los libera de responsabilidad.

Además de vivir en lo que algunos han dado en llamar la “era de la información”, también vivimos tiempos de usar y tirar, de consumo rápido, de peligroso derroche… y quienes disfrutan de la fiesta no tienen por costumbre pensar en la resaca del día siguiente, pero los ripios, los desperdicios lo acaban pringando todo, y como poco lo amontonamos en la puerta de casa.

Efectivamente, hay comida-basura, televisión-basura, hipotecas-basura, política-basura, periodismo-basura (y profesionales-basura), economía-basura y hasta basura-basura.

Decía el tristemente fallecido Gustavo Bueno que, la expresión “televisión basura” se utiliza para designar a cierto tipo de programas que, se caracterizan por su mala calidad de forma y contenido, en los que prima la chabacanería, la vulgaridad, el morbo y, a veces, incluso la obscenidad y el carácter pornográfico,

Estamos hablando de programas infantilizantes, idiotizantes, "pan y circo". Los programas basura van llenando espacio en las cadenas locales y nacionales, privadas o públicas. Juicios paralelos, presunción de culpabilidad; mentiras, bajos instintos, malos tratos; se escupe sobre la memoria de los muertos; lenguaje soez, griterío, calumnias. Morbo y amarillismo. En ese circo mediático, magos, brujas, marcianos, “tronistas”, “famosos”, gente que vive del cuento, ex concursantes de Gran Hermano y similares, macarras, unas y otros se prostituyen sin rubor ante las cámaras, por un minuto de gloria mediática.

Es evidente que existe una íntima relación entre los índices de audiencia y el sentimentalismo tóxico que expelen los programas de televisión, pero, lo que debe preocuparnos es que esta perversa “lógica basura” inunde cada vez más el discurso político, especialmente en los momentos en el que nos encontramos con problemas emocionales que exigen respuestas racionales.

Esta política basura –promovida por verdaderos sociópatas, encantadores de serpientes, sin el más mínimo escrúpulo- es la que ha penetrado con suma facilidad en la gestión de lo público, discursos que fomentan el odio, inducen a la confrontación y alteran la convivencia; y discursos cargados con una munición retórica demagógica-populista  que, mezcla lo real y lo virtual, que mezcla lo importante socialmente con casos aislados, excepcionales; para intoxicar a la gente.

Decía Henry-Louis Mencken que ''un demagogo es una persona que predica doctrinas que sabe son falsas a personas que considera idiotas''.

Esta tendencia a intentar conseguir el éxito en la política, por el camino más simple, tiene que ver fundamentalmente con la confusión entre agenda mediática y política, en la que se retroalimenta una lógica basura en la que subyacen ideas absolutamente irracionales.

La pregunta casi inevitable es ¿Quién le pone el cascabel al gato, cómo poner límites, cómo detener el comportamiento tóxico, profundamente irracional de los partidos?

Son muchos, si no la casi totalidad de los partidos que, han secuestrado la escasa dignidad todavía quedaba en la política, y obligado a los restantes partidos, supuestamente más responsables a tomar una posición que no deseaban tomar, pese a que haya asuntos realmente urgentes, sociales, económicos y democráticos que resolver, en lugar de seguir la agenda mediático-populista.

Al igual que la televisión basura, de la que es inseparable, la política basura solo se preocupa por los índices de audiencia.

Para la primera, un mayor número de telespectadores se traduce en mayores cuotas de publicidad, es decir, en más dinero; para la segunda, un mayor número de votos se traduce en mayores cuotas de poder, es decir, también en más dinero; y, para ambas, eso es lo único que importa.

Al igual que la televisión basura, de la que es inseparable, la comida basura busca satisfacer de la forma más rápida y barata el apetito de sus consumidores. Y no solo busca satisfacerlo, sino también estimularlo (como no puede ser de otra manera en el seno de una economía basada en el despilfarro).

Sabores fuertes para un gusto cada vez más estragado; aromas intensos para un olfato cada vez más atrofiado; colores vistosos, presentaciones atractivas, eslóganes sugerentes; altos niveles de grasa, azúcar y sal para aguijonear paladares cada vez más embotados… Mientras mil millones de personas pasan hambre, otras, muchas tienen problemas de sobrepeso.

Tanto los productores de televisión basura, como los productores de política basura, como los de comida basura intentan justificarse con los mismos argumentos: les damos a los consumidores lo que piden. Si los programas de famoseo y maledicencia se ven más que los culturales -además de ser mucho más baratos-, ¿por qué habríamos de dar prioridad a los programas culturales?

Los detractores de la política basura, de la comida basura y de la televisión basura que, cada vez son más, son tildados de “antisistema”, consideran que quienes consumen política basura, comida basura y televisión basura, tiene el gusto deteriorado, y que habría que reeducarlos. Y los productores de bazofia material y moral (tanto en la política, como en la televisión, o la comida) acusan a sus detractores de paternalistas, e incluso de antidemócratas, por no respetar los gustos de los consumidores y pretender modificarlos.

De manera inevitable, todo ello nos lleva de nuevo a la política. Porque tanto la comida basura y la televisión basura como el gusto atrofiado, viciado, de sus consumidores son consecuencia y factor perpetuador de una determinada política, de un determinado sistema, y solo la lucha radical contra esa política basura, contra este sistema, el del 78, puede romper el círculo vicioso.

Los poderes fácticos lo saben perfectamente: por eso llaman “antisistema” a quienes se oponen a los parásitos y vividores que se alimentan de la degradación social. Y por eso se les persigue, cada vez con más saña.

Uno tras otro de los personajes que la televisión basura promueve, promociona, publicita, como “nuevo político”, todos sin excepción, son fieles  y genuinos representantes del estercolero político en que se ha convertido España, incluyendo al “penúltimo” al que nos pasean por todas las televisiones (incluida la cadena de la Conferencia Episcopal Española), de nombre Santiago Abascal, más de lo mismo, un político profesional que no ha hecho otra cosa desde su adolescencia que vivir de nuestros impuestos y que, nunca ha dado un palo al agua… Y tiene el cinismo de decir que viene a regenerar a España, que su partido es “el partido de los valores” y que representa a “la gente que madruga”.

VOX es otro “cacao maravillao”, y cuando sus potenciales compradores vayan al supermercado, o a la tienda de la esquina, acabarán descubriendo que, como el cacao maravillao, VOX, el VOX que publicitan, no existe.

Y mientras tanto, como decía Patricia Monterola:

Que el ritmo no pare, no pare no, que el ritmo no pare. Que el ritmo no pare, no pare no, que el ritmo no pare. Que el ritmo no pare, no pare no, que el ritmo no pare. Que el ritmo no pare, no pare no, que el ritmo no pare…

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