Martes, 16 Julio 2019

“Sólo” es un perro. Sacrifican a un can por defender a su amo de una agresión

PUBLICADO EL Miércoles, 26 Diciembre 2018 05:32 Escrito por
Sacrifican a un can por defender a su amo de una agresión Sacrifican a un can por defender a su amo de una agresión

 

Me gusta la Navidad; intento mantener vivo ese espíritu familiar, fraternal y cristiano por mucho que el mundo moderno se empeñe en adulterarla y en sacar al Niño Jesús de los Belenes, para convertir todo esto en un aquelarre de consumo y de laicismo bobalicón. Disfruto de ese cruce de breves charlas que siguen a las felicitaciones más personales, conversaciones en las que se reafirman lazos de amor, sea a familiares o amigos. Me encanta ver a los niños ilusionados, escuchar villancicos y revivir cada año la oportunidad de reunirme con personas a las que quiero.

Me encantaría que nada perturbara mi paz navideña. Pero cometo, por enésima vez, el error de leer noticias, y las hay que podrían hacerme hervir la sangre aunque me encontrara en la mismísima Antártida.

Ya no puedo decir que me cause estupor desafuero alguno. Lo que en España llamamos pretenciosamente Justicia no es más que una extensión del despropósito general al que nos hemos abonado.

Resulta que para nuestros legisladores y juristas los derechos de los seres humanos son incuestionables, incluido el derecho a reincidir infinitamente en los crímenes más brutales, sin que el castigo sea de una ejemplaridad inhabilitante; pongamos, en el mejor de los casos la defenestrada prisión permanente revisable, por no hablar de la pena de muerte. El mito de la reinserción se pega de bruces con casos bien recientes que evidencian que a un verdadero hijo de puta no hay guapo que le resocialice.

Otro caso son los animales; lamento decir que son muchas las personas a las que he tenido por cuerdas y ponderadas, que se indignan cuando algunos deseamos extender ciertos derechos a los animales; cuando consideramos que el maltrato animal debe ser perseguido penalmente o cuando simplemente nos atrevemos a considerar a nuestra mascota como un ser tan querido como los humanos que nos rodean; cuando no más.

El caso es que leo un nuevo caso del desprecio absoluto que las autoridades parecen sentir hacia los seres vivos que no tienen el privilegio de ser humanos, siendo así su vida intocable, aunque se sea el ser más abyecto, cruel e hijo de puta bajo la capa del cielo.

Así, me encuentro con la orden judicial de sacrificar a un perro cuyo enorme e imperdonable delito fue defender fielmente a sus amos y su propiedad, frente a la agresión criminal de uno de esos seres de dos patas, cargado hasta las trancas de antecedentes delictivos y armado hasta los dientes.

Desgraciadamente para el perro y sus amos, el can, en su valiente y legítima defensa, incurrió en el imperdonable crimen, que tanto gusta a nuestros juristas, de la “desproporción”, de modo que al morder a ese pobre ser marginal, le arrancó tres dedos. No creo que esa mutilación sea un gran obstáculo para que el sujeto continúe con su “ejercicio profesional”, pero para la infame justicia española, sí justifica el sacrificio; palabra que se me antoja un tanto eufemística, y que trata de atenuar la justa indignación que pueda producirnos la infame e injusta muerte de un perro a manos de una justicia que cada día da más asco.

Hace mucho que en España se protege al golfo, al delincuente y al parásito. Se hace sistemáticamente sin que esta sociedad bovina reaccione.

Cuando ocurre un crimen execrable siempre hay cuatro exaltados que se acercan al juzgado a insultar al asesino de turno, a pedir estúpidamente que se pudra en la cárcel, que no salga nunca, a sabiendas de que el mismo partido al que han votado ha hecho lo posible porque esa escoria salga cuanto antes de la cárcel.

Pero un perro, vaya, eso es otra cosa. Un perro no es nadie, no es nada; puede uno ordenar que se le mate sin que le tiemble el pulso, sin que le quite el sueño, sin dejar de darse cuatro puñetazos hipócritas en la misa de ocho.

Hoy quería disfrutar de ese espíritu maravilloso de la Navidad. Pero una asquerosa noticia me ha envenenado la sangre.

Hoy rezaré por ese inocente perro. Por quien no rezaré jamás será por quien le manda al matadero. Discúlpenme; pero no soy tan cristiano.

Sergio Pérez-Campos

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