Lunes, 22 Julio 2019

Siguen las declaraciones. Proceso al secesionismo (VI)

PUBLICADO EL Viernes, 17 Mayo 2019 09:17 Escrito por
Juicio al golpismo independentista Juicio al golpismo independentista

 

Sexta entrega del análisis al juicio al golpismo catalán que está realizando -de manera exclusiva- para La Tribuna de España, nuestro columnista y catedrático de Derecho Procesal de la Universidad de Sevilla, el profesor José Martín Ostos.

 

 

 

Durante las últimas semanas han continuado declarando los testigos propuestos por las acusaciones (Ministerio Fiscal, Abogacía del Estado y acción popular) y por las defensas.

 

Entre los primeros, han comparecido anteriores mandos de los Mossos d´Esquadra que se han limitado a descargar la culpa sobre sus propios responsables políticos. También, han testificado otros cargos de la Policía Nacional y de la Guardia Civil, todos coincidentes en apreciar las facilidades dadas por las autoridades autonómicas para la celebración del referéndum que había sido declarado ilegal por el Tribunal Constitucional y cuya celebración había sido prohibida por la autoridad judicial.

 

Pues bien, tras muchas sesiones de juicio, en ocasiones rayanas en el hastío, se experimenta una sensación de indignación ante los numerosos testimonios de policías nacionales y guardias civiles que describieron el continuo asedio sufrido a lo largo de aquellos días. La pasividad de los políticos nacionales, unida a la clara colaboración de los secesionistas, favoreció que se produjeran unos acontecimientos cuyo mero relato produce vergüenza. Basta con acudir a la grabación de esas sesiones para comprobar quiénes fueron los servidores públicos que durante esas fechas honraron su juramento.

 

Por el contrario, las declaraciones de los testigos propuestos por las defensas ofrecen una imagen bien diferente sobre los mismos hechos. Muchos comparecientes reconocen su presencia en las sedes electorales desde antes del amanecer, así como su permanencia en las mismas a lo largo de todo el día. Pero, sorprendentemente, a pesar de tan cívica actitud, nada sabían sobre la procedencia de urnas y papeletas, ni en lo relativo a la organización de las mesas y el posterior escrutinio. Lo importante es que se trataba de una jornada festiva y alegre en la que la gente no cesaba de cantar y bailar, pues deseaban votar a favor de la independencia aunque el referéndum careciera de las mínimas garantías. Se trataba de un espontáneo deseo popular que, según los testigos, fue repelido con brutal agresividad por las fuerzas españolas de ocupación.

 

Con tantas jornadas monótonas, y por la dudosa credibilidad de algunas declaraciones, el juicio ha perdido fuelle. Habrá que esperar a los siguientes días para ver si recupera el interés. El Tribunal y los representantes del Ministerio Público continúan dando muestras de una excelente preparación técnica, lo que en ocasiones no puede afirmarse de la Abogacía del Estado y de la acusación popular. La Sala, magistralmente dirigida, procura ajustarse a Derecho en todas sus decisiones y, como corresponde a su elevada tarea, actúa con el debido respeto hacia las partes y con la vista puesta en una sentencia que, probablemente, será sometida en su momento a instancia internacional, y que se intuye será examinada a fondo por teóricos y prácticos.

 

Sin embargo, ha surgido una nueva preocupación. En coincidencia con el desarrollo de las comentadas sesiones del juicio oral, se han celebrado elecciones a diputados y senadores. Algunos de los acusados en este proceso (reconocidos partidarios de la independencia de Cataluña) han concurrido a dichos comicios nacionales y han resultado elegidos. Al mismo tiempo, el candidato socialista para la Presidencia de Gobierno, que no ha obtenido mayoría absoluta, necesita votos para su investidura; tal vez los podría buscar en las mismas fuerzas políticas que le prestaron su apoyo en una situación parecida (entre otros, los sectores secesionistas).

 

Como lógica consecuencia, el independentismo está crecido. Incluso en el propio juicio, la inicial compostura de los acusados, abogados y testigos de la defensa durante la vista oral no es ahora la misma. Se observa un ambiente de creciente seguridad en sí mismos y, a veces, incluso, cierta falta de respeto hacia el tribunal y las acusaciones. Los gestos de complicidad, cuando no de sonrisa abierta, lindantes con la ironía, se solapan con la constante manifestación de protesta ante decisiones del presidente o intervenciones de los fiscales.

 

No sabemos cuál será el pronunciamiento definitivo del máximo órgano que juzga a los referidos secesionistas. Pero sí podemos afirmar que, en su caso, el cumplimiento de las hipotéticas condenas sería en prisiones sitas en territorio catalán, controladas por la Generalidad y, presumiblemente, con un régimen de privilegios que ofendería a la constitucional igualdad de los españoles.

 

Además, recientemente, otra circunstancia ha venido a agravar la situación. El anterior Presidente de la Generalidad, el prófugo Puigdemont, ha presentado, y ha sido aceptada, su candidatura para las elecciones al Parlamento de Europa. Paradójicamente, lo hace en representación de España, de la que quiere separar una parte. Una burla inadmisible para quienes nos sentimos españoles. Tan rechazable como un hipotético indulto gubernamental, si la sentencia fuera condenatoria.

José Martín Ostos

Catedrático de Derecho Procesal.

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