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Sentarse a la mesa

PUBLICADO EL Miércoles, 08 Agosto 2018 01:46 Escrito por

La gente se sienta en torno a una mesa para comer y hablar. También, suele emplearse la expresión cuando se tiene la intención de pasar un buen rato, intercambiar opiniones, negociar o intentar un acuerdo sobre algo controvertido. En todos los casos, se trata de una actitud pacífica, que hay que valorar positivamente.

En el terreno político es muy recomendable, en todas sus acepciones. La mesa aproxima a los contertulios, facilitándoles la comunicación. Por eso, cuando se nos informa de que algunos representantes del Gobierno de España y otros de la Comunidad Autónoma de Cataluña acuerdan reunirse para hablar, el sentimiento es favorable. El diálogo es preferible al enfrentamiento.

En el caso que nos ocupa, por parte del Gobierno Central hay dos mujeres, catalanas, que llevarán principalmente las riendas del encuentro: Meritxell Batet (ministra de Política territorial y Función Pública; poco hay que añadir sobre su responsabilidad institucional como miembro del Consejo de Ministros de España) y Teresa Cunillera (Delegada del Gobierno en Cataluña; nombrada a propuesta del Presidente, es una prolongación de su autoridad en esa Comunidad). Ambas son buenas conocedoras de la actual problemática de aquella parte de España, ante el fallido intento del golpe separatista. Hay que concederles un margen de confianza, especialmente cuando se han pronunciado claramente en contra de las pretensiones independentistas. Ahora bien, su capacidad de maniobra es escasa, pues actúan siguiendo indicaciones del Presidente del Gobierno.

No tenemos, pues, la menor duda sobre su integridad personal ni su sentido de Estado, pero sí en relación con el riesgo que pueden entrañar algunas de sus declaraciones.

Alcanzar un acuerdo siempre es bueno, salvo que se sometan a debate cuestiones innegociables. En otras palabras, ¿puede discutirse la situación de los presos, cuando su libertad no depende del Ejecutivo, sino del Poder Judicial? Además, ¿cabe la negociación de un referéndum en torno al proyecto separatista? Son dos temas que no deberían haber sido puestos sobre la mesa, por imposibilidad legal de alcanzar un hipotético consenso.

Entonces ¿sobre qué puede debatirse?

Las posibilidades difundidas estos días dan pie a albergar fundada inquietud. Así, se ha hablado de mejora económica (¿siempre más dinero para los mismos, precisamente aquellos que no desean ser españoles?) o de reforma de la Constitución, proponiendo un Estado Federal; se recurre a ese modelo como el remedio de todos los males, en la ignorancia (¿o no?) de que no será la solución definitiva, pues los independentistas siempre aspirarán a más.

Pero lo que más nos preocupa es la tercera propuesta, insinuada tras la primera sesión de conversaciones.

Nos referimos a la hipótesis de la plena aceptación del último Estatuto de Autonomía, que contenía diversos preceptos en contra de la vigente Constitución, según se pronunció el Alto Tribunal; destáquense los relativos a la nación, lengua y Consejo Judicial de Cataluña.

Si, a través de coyunturales mayorías parlamentarias -con el objetivo gubernamental de aplazar las elecciones y mantenerse en el poder- se dan pasos en esa dirección, existen serias razones para no estar tranquilos.

Cuando la situación es compleja, la mejor actitud que debe adoptar un Gobierno responsable (máxime, el de una nación) es la claridad.

De nada sirve poner paños calientes, mencionar los problemas con eufemismos o, lo que es peor, ignorarlos. Antes o después, habrá que tomar decisiones duras y será preferible estar preparados para cuando llegue el momento.

El problema no se reduce a un pulso con las fuerzas independentistas. Por cierto, que éstas no son meramente simbólicas, sino que a diario fortalecen sus estructuras y consolidan sus organizaciones.

Además, la mayoría de catalanes que no comulgan con el deseo de separarse de España necesitan un firme e incondicional apoyo.

Tampoco debe olvidarse a las decenas de millones de españoles que no aceptan la división de nuestra nación.

Sentarse sí, pero con manteles limpios.

José Martín Ostos

Catedrático de Derecho Procesal.

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