Jueves, 25 Abril 2019

Se non è vero, è ben trovato. Artículo de Manuel Parra Celaya

PUBLICADO EL Domingo, 13 Enero 2019 10:39 Escrito por
Se non è vero, è ben trovato. Artículo de Manuel Parra Celaya Se non è vero, è ben trovato. Artículo de Manuel Parra Celaya

Un reportaje periodístico reciente (ABC, 4-I-19) me pretende documentar acerca de que la canción que se creía como himno de los Tercios no es tal, sino que se trata de una creación moderna procedente de la serie Águila Roja, cuyo autor es Daniel Sánchez de la Hera para más señas. Modestamente, ya sabía lo primero, pero desconocía el nombre del compositor y letrista, a quien aprovecho para enviar mi felicitación.

Lo cierto es que al cantar -lleno de afortunadas resonancias de la época de nuestro Siglo de Oro de las armas- le ha ocurrido lo que a aquella soleá de Manuel Machado, cuyo poeta calificó de popular a pesar obra de su creación personal, al escucharla de labios de una gitanilla en el Sacromonte; también el apócrifo himno de los Tercios es ya popular en algunas Unidades actuales de nuestra Infantería, según sé de buena tinta.

Se ha puesto de actualidad una suerte de contra memoria histórica en cuanto a lo que fueron aquellos cuerpos de elite de nuestro Ejército, y yo lo achaco, a partes iguales, a la vibrante prosa épica de Pérez-Reverte, con su personaje Alatriste, al genial pincel de su amigo Ferrer-Dalmau y a la meritoria y constante labor de la Asociación Retógenes, que preside esta vez mi amigo personal Jesús Dolado, que ha recorrido con sus exposiciones y viajes muchos lugares de Europa que antes formaron parte de un Imperio.

Y, de fondo, no lo olvidemos, la necesidad vital de un sector importante de nuestro pueblo de contrarrestar la continuada y machacona propaganda pseudopacifista y antimilitar -mejor, antinacional- que hemos sufrido en España desde hace décadas, acompañada en ocasiones de una escasa defensa de nuestras FFAA, y ello siempre que fueran consideradas como una ONG o unos funcionarios de uniforme.

La primera campaña ha sido particularmente intensa en los lugares donde el nacionalismo separatista campa por sus respetos, como, por ejemplo, en Cataluña, y la segunda, adoptando la forma de tibia y tontorrona respuesta, ha corrido a cargo de todos los gobiernos españoles, fueran de izquierda o de derecha.

Como uno se considera políticamente incorrecto hasta la médula, no me importa afirmar que soy partidario de que un sentido militar de la vida informe toda la sociedad española; entiéndase, por favor, que he dicho militar, no cuartelero. Porque, para un servidor, la esencia de lo militar no son los galones y las estrellas, ni, mucho menos, un ansia belicista - ¿quién más partidario de la paz que un soldado? -, ni siquiera la estética de los desfiles y los uniformes.

Hablo de valores. Porque esta sociedad consumista y materialista, relativista y nihilista, igualitaria a la baja, precisa urgentemente de una educación en valores que tiene su mejor representación en lo castrense. Si Ortega hablaba en otros tiempos de la necesidad de civilizar el Ejército -esto es, hacerlo parte de la sociedad civil frente a la experiencia de un siglo entero de pronunciamientos y espadones, hoy convendría invertir los términos y perseguir que fuera ese sentido militar el que informara axiológicamente a la sociedad civil.

Me refiero, por ejemplo, al valor del esfuerzo y a la abnegación, cuando sigue imperando el ensueño del pelotazo y la figura del nini vocacional, atento a las dádivas de la mamá Administración, que se confunde con los logros del Estado del Bienestar, sin que estos se hayan prolongado al del Bienser.

Me refiero al cultivo de la voluntad, superadora de situaciones difíciles, de encrucijadas vitales y de frustraciones; quienes nos hemos pasado la vida en las aulas escolares sabemos bastante de eso…

Me refiero al compañerismo y a la hermandad, que debían sustituir al feroz individualismo o el gregario borreguísimo.

Me refiero al sentido de la jerarquía y de la autoridad (del auctoritas latino), para reconocer a los verdaderos investigadores y científicos, pensadores y expertos en cualquier menester, frente al vulgar parlador de lugares comunes, cuya máxima representación suele ser el tertuliano.

Me refiero al patriotismo, que en ocasiones se confunde con el mero folclore o, todavía peor, con el nacionalismo de corto alcance.

Me refiero al sentido del honor, palabra inexistente en el léxico habitual, en el diccionario de los pobres alumnos de la ESO y en el uso diario de los políticos.

No hace falta cantar a coro le canción de la serie Águila Roja, ni de silbar bajo la ducha la tonada de Los Voluntarios, ni de que los escolares aprendan el Himno de la Academia de Infantería (que no estaría de más), sino que los españolitos, de cualquier edad y condición, se impregnaran de estos y otros muchos valores, que suelen coincidir -nada sospechosamente- con los de la ética militar.

Manuel Parra Celaya

"IN REBUS DUBIIS"

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