Martes, 18 Junio 2019

Se levanta el cadáver pútrido del socialismo andaluz

PUBLICADO EL Jueves, 17 Enero 2019 14:06 Escrito por Ignacio Fernández Candela
Que se mire hasta bajo las alfombras del Palacio de San Telmo Que se mire hasta bajo las alfombras del Palacio de San Telmo
 
 
Se levanta el cadáver pútrido del socialismo andaluz

Poco se imaginaban los confiados vivales del PSOE andaluz que estas elecciones les iban a devolver la pelota anteriormente encajada por Javier Arenas quien, ganando las elecciones andaluzas con holgura para el Partido Popular, hubo de aceptar democráticamente que el muerto viviente socialista siguiera gobernando, pese a la peste, gracias a la falta de escrúpulos de Ciudadanos; la misma carencia de escrúpulos con la que a regañadientes ha tenido que aceptar la coalición con el Partido Popular y Vox para intentar llevarse el bocado de poder que parece buscar denodadamente Rivera desde hace tiempo. Es sintomático que se haga ascos a una coalición de centro derecha después de haber permitido el empobrecimiento y el saqueo de los andaluces que han decidido dar un giro de ciento ochenta grados y dejar atrás la náusea izquierdista. Y no será por Cs que al final se ha conseguido: a poco que las cifras hubiesen sido favorables al susanismo y a los podemitas, en Andalucía se habría reeditado el tinglado corrupto del que los andaluces han recelado con la oportunidad de las urnas.  

Es harto sospechoso que se haya alineado Manuel Valls en las filas naranjas y parezca tener un peso específico nada casual cuando el propio Macron ha irrumpido en las decisiones del partido, viéndose el plumero de la influencia francesa en una formación política con demasiadas dependencias e injerencias extranjeras. Lo que Rivera esconde ha asomado la patita en Andalucía sin que hayan perdido detalle los potenciales votantes, quienes de la extrañeza pueden pasar al ánimo de penalizar estas sospechas de que en Ciudadanos no se dice lo que se sabe. Si Susana Díaz no ha sido reelegida ha sido a pesar de la voluntad complaciente de Marín que al final ha transigido por las expectativas del partido de cara las próximas elecciones europeas, municipales y generales.

Lo cierto es que produce pena que el empacho de soberbia de Susana Díaz se haya transformado en una repentina inanición que va a desinflarla, probablemente con cierto estrés generado por la comparecencia ante los tribunales para declarar sobre cuentas ocultas e irregularidades innúmeras. Pareciera un Fausto en femenino que después de vender el alma al Diablo, ha de cumplir con un trato alejada de la impunidad después de dirigir el cotarro andaluz con expresa autosuficiencia. Penoso para la necia confiada, pero beneficioso para nuestra salud democrática.

Forzando la empatía ante la desgracia ajena, debo dar la razón a los sinvergüenzas de los consejeros del Gobierno socialista en funciones, además de la ejecutiva regional del PSOE, y a cuantos han vivido de la sopa boba provista por el cortijo andaluz durante generaciones por un montante de cuarenta años, que se manifestaron con ánimo de escrache contra la investidura del popular Juanma Moreno Bonilla. Es razonable el comportamiento sucio y el mal perder democrático del que ha hecho gala el partido obrero desde su propia fundación. Los genes no se olvidan si a ellos se suma una voluntad totalitarista que emerge cuando se agotan los argumentos de la lid democrática. Susana Díaz no disimula su rabia, sabedora de que sin los obstáculos jurídicos que facilitaba, verbigracia, la juez Núñez Bolaños, es muy posible que termine sentándose en el banquillo de los acusados que antes han frecuentado sus antecesores Cháves y Griñán. Porque a pesar de las tensiones propias de quienes esconden trapos sucios, aun protegidos por magistrados de la misma cuerda política, los gerifaltes de la Junta se garantizaban con la reelección que nadie fuera a husmear debajo de las alfombras que acumulan polvo desde inmemoriales tiempos democráticos. Así que no es extraño que cunda el pánico cuando le han arrebatado un chiringuito en el que se esconden más cadáveres que los ya conocidos con los ERES, los cursos de formación, los fondos reptiles a las que sumar innúmeras estafas que, cuando asomen sin cortapisas funcionariales, provocarán tal pestilencia que la Justicia habrá de tratarla con pinzas, so pena de que salpique a todo el espectro nacional socialista, que no nacionalsocialista. Es distinto, creo, a pesar de esos usos de señalamiento y persecución que se gastan junto con otra izquierda radical.

No debe de extrañar ese modus operandi hipócrita con el que  acostumbran a engañar para conseguir oscurantistas propósitos: un desfile de justicieros consejeros fletando además ciento cincuenta autobuses, previo dramático llamamiento de la sultana a la rebelión contra la amenaza, dice la cuentista, de la ultraderecha-, con el fin de trasladar a la comitiva del parasitismo ante el Parlamento de Andalucía, tiene su mérito por osada desvergüenza al no disimular lo mucho que  pierden después de vivir a tutiplén saqueando a los andaluces, robando con dispendio judicial y echando jeta con alarmismo social para crear un cordón sanitario contra un inexistente fascismo heredero  de Franco. Hay que tenerla de cemento armado, ser muy caraduras y rastreros para reaccionar con un mal perder inédito en Andalucía durante décadas, cuando el socialismo compró voluntades electorales y se aseguró con trampas dirigir la Junta. Ponerse en el lugar rastrero de cuantos han vivido tocándose los sagrados con todo tipo de dispendios y ejerciendo un desparpajo político con humor muy sureño, riéndose de los ciudadanos y convirtiendo la comunidad autónoma en un registro de pobreza emblemática, ha de ser un deber moral para calibrar el verdadero perjuicio que han causado quienes ahora protestan  por el chollo clientelar y favoritista que los ciudadanos de Andalucía han finiquitado con gran alivio, Impuesto de Sucesiones mediante.

El socialismo andaluz, muerto viviente que se ha nutrido grotesca e insaciablemente de la ciudadanía hoy liberada del yugo despótico del susanismo, se levanta para ser enterrado previsiblemente ante jueces imparciales; si es que queda alguna prueba sin destruir en las consejerías, cuyas ventanas habrá que abrir para ventilar la inmundicia de corruptela que Susana Díaz lleva, en su rictus de pura rabia, escrita en la cara. No me imagino la de Pedro Sánchez  cuando las urnas lo expulsen de La Moncloa.
 
 
 
Ignacio Fernández Candela en exclusiva para La Tribuna de España

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