Martes, 18 Diciembre 2018

¿Racismo…? no, ¡Identidad!

PUBLICADO EL Martes, 04 Diciembre 2018 09:22 Escrito por Jesús Bermejo Villar
¿Racismo…? no, ¡Identidad! ¿Racismo…? no, ¡Identidad!

La palabra racista, con el sufijo –ista debiera de crear un halo positivo en su pronunciación pero la deriva del lenguaje lo convirtió en demonizante, (en vez de tener su significado real que es el de devoción hacia las razas) hasta tal punto que al igual que fascista o machista son ahora palabras policía que cualquiera en un debate lo utiliza como mantra para denostar al adversario. De hecho en la primera edición de la enciclopedia Espasa en el año 1933 no viene la palabra racismo (si el sufijo –ista). Fue una palabra inventada por los ganadores de la segunda guerra mundial.  Pero no caracterizarnos precisamente como políticamente correctos hará que no  sucumbamos hacia la deriva del neolenguaje y nos hará abrazar más cerca la realidad. Nosotros, los racistas, no odiamos a nadie, es más, alentamos a las demás razas y pueblos que se alejen de los modales modernistas y se calienten a la lumbre de la tradición, y sepan seguir los pasos de sus ancestros, tan ricos en buenas costumbres, para no caer en el vacío. Porque a nosotros no nos mueve el odio de los que tenemos delante, sino el amor de los que tenemos detrás. Incluso más allá, llegados a tal punto, prefiero la compañía de un inmigrante que viene y sigue fiel a su cultura que del noventa por ciento de los europeos de nuestra era que no sirven ni para tacos de escopeta.

La primera vez que el hombre blanco pisó África, los holandeses en la colonia del cabo en 1657, los negros vivían en la edad de piedra. Las únicas construcciones de mampostería realizadas en la África precolonial fueros hechas por los árabes y servían como corrales para cercar junto al ganado a esclavos negros. La esclavitud negra tuvo tres actores principales: vendedores (jefes de las tribus africanas), compradores (blancos norteamericanos que tenían la obligación de cuidarlos y acogerlos en su familia debido a su elevado costo) y los mercaderes que actuaban como intermediarios que son los que sacaban los mejores beneficios(los judíos). Muchos historiadores coinciden en que la palabra esclavo viene del bajo latín sclavus, qué de un juego de letras, propiamente, viene de eslavo, nombre que se daba a sí mismo el pueblo eslavo, víctima principal de la esclavitud del imperio Otomano en el medievo. Lo que nos lleva a la desmitificación de que la palabra racista solo sea usada para el pueblo europeo y el hombre blanco cuando de este pueblo tuvo su origen. Siguiendo el orden cronológico, la Italia de Mussolini, en su afán expansionista quiso colonizar Etiopía y lo primero que hizo fue prohibir la costumbre de cortar los brazos a los ladrones, pero qué con su derrumbe en 1943, expulsados por los ingleses, éstos pusieron otra vez esta salvaje costumbre. No es oro todo lo que reluce y desmontar el mantra de que los identitarios nos movemos por odio, se hace de vital importancia ya que nos vemos en la encrucijada de una batalla cultural que tenemos que ganar. Tenemos que derribar con sangre, sudor y lágrimas su imperio del individualismo y bajo el escudo de la comunidad volver a reencontrarnos con los pilares de nuestra civilización: el sacerdote que bendice, el poeta que canta y el guerrero que sacrifica y se sacrifica, los demás han nacido para ser esclavos.

¿O es que no es legítimo no dejarse matar? La respuesta la dijo Ed Bergley Jr:  No entiendo porque cuando destruimos algo creado por el hombre lo llamamos vandalismo, pero cuando destruimos algo creado por la naturaleza lo llamamos progreso. Pero la naturaleza siempre gana, el agua siempre vuelve a su cauce, por lo tanto vemos en las grandes urbes que en vez de convertirse en un gran paraíso multicultural, nacen barrios chinos, barrios africanos, barrios latinos, barrios judíos, que de forma innata, conforman una pequeña Nigeria, un pequeño marruecos dentro de ellas. Pero a quíén le importa esta oleada de no-autóctonos, quien es el hacedor de la que podemos denominar LA GRAN SUSTITUCION. Por muchos es sabido el PLAN KALERGI, poco conocido pero con un claro propósito no analizado por nosotros, sino por sus propias palabras. Un plan cuyo único objetivo es desestabilizar a Europa a través del mestizaje y multiculturalidad, crear un híbrido humano despojado de toda identidad, débil y fácil de manipular, mano de obra barata y concluir con el mayor genocidio que ha vislumbrado el ser humano, la completa desaparición de la raza blanca, a merced de un imperio judío sin precedentes en el que el resto de los mortales será ganado. Europa no es Lampedusa ni Bruselas, sin soberanía nacional, no saldremos nunca de la trinchera y cada paso que demos para atrás el enemigo lo avanzará y llegará un momento que para vencer tengamos que llegar a una heroicidad que alcance lo legendario para poder hacer frente a este kaos. No existe un solo referente a lo largo de la historia en el que una sociedad multicultural sirva de ejemplo para una mejora ni en lo social, ni en lo humano. Por lo que no es necesario ponerse en la piel de un “vidente” para llegar a la conclusión de que todo acabará como muchas otras veces en esta tierra, en sangre. Y solo saldrá un ganador, el creador de esta guerra, los judíos para más señas, los que nunca se mezclan pero que nos obligan a mezclarnos al resto. “Haced lo que ellos digan, pero no lo que ellos hagan” Jesús, a los fariseos en el templo. Como la campaña “Yo soy tú, mézclate”, lanzada en el año 2013 por el ministerio de sanidad, consumo y bienestar social del gobierno de España o el discurso del presidente judío de Francia, Nicolas Sarkozy, un año antes en el que invita a todos los franceses al mestizaje por lo civil y si no entraría el gobierno para hacerlo por lo criminal, pero a él no parece gustarle su propia iniciativa ya que sus tres esposas eran judías. Y recordar esta pequeña anécdota, un pueblo no muere porque sus enemigos le ataquen, sino porque sus hijos no le defienden.

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