Jueves, 25 Abril 2019

¿Qué es la herejía? 2ª parte

PUBLICADO EL Lunes, 28 Enero 2019 10:37 Escrito por
Los herejes Los herejes

 

 

 

 

 

Justificación de sus Enseñanzas

 

 

 

La primera ley de la vida, es la preservación de sí mismo. El descuido de esta ley conduce a la ruina y a la destrucción. En la vida de la Iglesia, el tejido que une a sus miembros en un solo cuerpo y que los anima con una sola alma, es el símbolo de la fe, el credo o confesión a la que se adhieren como conditio sine qua non. Deformar el credo es deformar la Iglesia.

La fe tiene entre sus funciones primarias el otorgar los medios para corregir las deficiencias morales; la falta de fe, al cortar la raíz de la vida espiritual, es causa de la muerte del alma. El celo con el que la Iglesia debe guardar y defender su depósito de la fe, es idéntico al instinto de conservación y al deseo de sobrevivencia. En la Iglesia Católica esta ley natural ha sido promulgada divinamente, según constatamos en las enseñanzas de Cristo y los Apóstoles.

 

 

 

Legislación Eclesiástica sobre la Herejía

 

 

 

Siendo la herejía un veneno mortal que se genera en el seno mismo de la Iglesia, debe ser erradicado si es que se desea que ésta viva y lleve a cabo su misión de continuar la obra salvadora de Cristo, sea quien sea el hereje y ocupe el puesto de responsabilidad que ocupe.

El párroco en su parroquia y el obispo en su diócesis tienen la obligación de conservar inmaculada la fe que fue anunciada por los apóstoles, transmitida por la Iglesia y conservada por la Santa Tradición. Al pastor supremo de todas las iglesias se le ha dado el oficio de abrevar todo el rebaño cristiano. De ahí que el poder de erradicar la herejía es un elemento esencial en la constitución de la Iglesia

El espíritu que mueve a la Iglesia cuando ésta trata sobre herejías y herejes es de suma severidad. San Pablo escribe a Tito: “Al sectario, después de una y otra amonestación, rehúyele; ya sabes que está pervertido y peca, condenado por su propia sentencia” (Tit 3, 10-11). Esta antigua ley refleja una anterior, del mismo Cristo: “Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta la comunidad desoye, sea para ti como el gentil o publicano” (Mt 18, 17).

Los profesores herejes tenían prohibido propagar sus doctrinas pública o privadamente; sostener debates públicos; ordenar obispos, presbíteros o cualquier otro cargo clerical; sostener reuniones religiosas; construir conventos o hacerse de dinero para tal fin. Los libros de los herejes eran quemados. (Cfr. “Codex Theodosianus”, lib. XVI, tit. 5, “De haereticis”).

Esa legislación permaneció vigente, y con mayor severidad, durante el reinado de los bárbaros invasores que se alzaron con la victoria sobre las ruinas del Imperio Romano de Occidente.  

El Papa Pio X ordenó que cada diócesis contara con un panel de censores y con un comité de vigilancia cuyas funciones eran encontrar e informar acerca de escritos o personas sospechosas de la herejía del modernismo (Encíclica “Pascendi”, 8 septiembre., 1907).

La legislación moderna acerca de la herejía no ha perdido nada de su antigua severidad, si bien hoy día las penas son estrictamente de orden espiritual.

Si se diera el caso de que un papa llegara a ser claramente culpable de herejía, cesaría de ser papa, porque cesaría de ser miembro de la Iglesia. Mas es muy difícil que un papa sea declarado hereje aunque lo sea, siendo uno de los motivos la complicidad y querer evitar el escándalo, pero ante causas visibles de la herejía papal, la Iglesia sufrirá, la fe se enfriara y muchos fieles se sentirán defraudados, es por tanto esencial que escuchando la palabra de Dios en Galatas 1,8, ante la existencia de un papa hereje, los creyentes no estamos obligados a escuchar las enseñanzas de ese papa hereje, al contrario, debemos rechazarlo como papa, porque por su herejía ha dejado de ser miembro de la Iglesia, ¡esta excomulgado! En este tiempo donde la filosofía del modernismo ha impregnado a muchos prelados, incluso de las altas estereras del Vaticano, obispos, sacerdotes,  religiosos y laicos con el hedor del relativismo, buscando contentar al mundo en vez de agradar a Dios, quien de verdad ama la Verdad, está obligado a rechazar no solo todos los pronunciamientos herejes, sino también a esos herejes, eso a pesar de tener que sufrir el descredito o incluso la persecución por parte de esos que llamándose ministros de Dios, están distorsionando la Verdad del Evangelio, la Santa Doctrina o la Santa Tradición, se han convertido en ministros del mal.

La Iglesia verdadera de Cristo ya no es la iglesia de la superficie que se nos muestra, sino la Iglesia que subyace dentro de la Iglesia Católica. Ya no son garantía de verdad ni de representación de Cristo ni de su Santa Iglesia, solo por vestir un hábito ni ostentar un cargo eclesiástico, por el contrario, en muchas ocasiones son un peligro para la fe y para la misma Iglesia.  Los no católicos sin embrago, son bienvenidos y pueden asistir a todas las celebraciones católicas, asistir, Sí, participar, No,  por lo tanto no pueden acceder a los sacramentos, que están absolutamente reservados a los católicos bautizados que están en estado de Gracia, es decir limpios de pecados.

 

 

 

Principios de Legislación Eclesiástica

 

 

 

La Iglesia distingue entre hereje formal y material.

Nadie está obligado a ser parte de la Iglesia, pero habiendo alguien entrado una vez a través del bautismo-confirmación, debe respetar las promesas que libremente hizo.

Frente a los herejes materiales, la Iglesia actúa siguiendo la regla de san Agustín: “No debe considerarse hereje quien no defienda sus opiniones falsas y perversas con celo pertinaz (animositas). Sobre todo si el error no es fruto de una audaz presunción sino de una confusión o que le ha sido transmitido al hereje por padres que han sido seducidos a su vez, y cuando esa persona anda en busca de la verdad con cuidadosa solicitud y dispuesto a ser corregido” (P.L. XXXIII, ep. XLIII, 160). Pio IX, en una carta escrita a los obispos de Italia (10 agosto de 1863), reafirma esta doctrina católica: “Es sabido por nos y por ustedes que aquellos que están en ignorancia invencible respecto a nuestra religión, pero que observan la ley natural… y están dispuestos a obedecer a Dios y llevar una vida honesta y recta, pueden, con la ayuda de la luz y la Gracia Divinas, alcanzar la vida eterna… pues Dios… no permite que sea castigado quien no es deliberadamente culpable” (Denzinger, “Enchiridion”, 1529).

 

 

 

Jurisdicción Eclesiástica sobre los Herejes

 

 

 

Por el hecho de haber recibido el bautismo válidamente, los herejes también está dentro de la jurisdicción de la Iglesia. Y si son de buena fe, pertenecen también al alma de la Iglesia. Su separación material, sin embargo, les impide el uso de los derechos eclesiásticos, excepto el de ser juzgados por la ley eclesiástica en el caso de ser convocados a un tribunal eclesiástico. Más no están obligados a regirse por las leyes eclesiásticas emitidas para el bienestar espiritual de los miembros de la Iglesia, por ejemplo, los seis mandamientos de la Iglesia.

 

 

 

Recepción de los Conversos

 

 

 

Las personas que se convierten a la fe, antes de ser recibidos en ella, deben ser instruidas perfectamente en la doctrina católica y la santa tradición. Es facultad de los obispos el reconciliar a los herejes, aunque esa función puede ser delegada a cualquier sacerdote con cura de almas. Este permiso se concede cuando el sacerdote puede atestiguar por escrito que el candidato está suficientemente instruido y preparado, y que existe una razonable garantía de perseverancia. El procedimiento de esta clase de reconciliación es como sigue: primero, abjuración de la herejía o profesión de fe; segundo, bautismo bajo condición (esto se realiza cuando existe duda respecto al bautismo herético) solo es válido el bautismo, si ha sido realizado en la Única Iglesia de Cristo, la  Santa Iglesia Católica, es decir, no es válido los bautismo realizados  en ninguna secta, el bautismo realizado fuera de la Iglesia Católica, no es un sacramento, sino un signo de iniciación sectario, los sacramentos solo lo son dentro de la Iglesia Católica; tercero, confesión sacramental y absolución condicional.

 

 

 

Papel de la Herejía en la Historia

 

 

 

Generalmente, el papel de la herejía en la historia ha sido de perversidad. Sus raíces se encuentran en la naturaleza humana corrupta. Ha llegado a la Iglesia según lo predijo su divino fundador; ha destruido los vínculos de la caridad en las familias, regiones, estados y naciones; se han levantado las piras y desenvainado las espadas tanto en su defensa como en su represión; a su paso sólo han quedado ruina y miseria. La prevalencia de la herejía, con todo, no ha logrado probar que la Iglesia no tiene origen divino, así como tampoco la existencia del mal ha podido probar que no exista un Dios de bondad. Al igual que otros males, la herejía es permitida como una prueba de fe en la Iglesia militante, y quizás como castigo por otros pecados. El desmoronamiento y desintegración de las sectas heréticas también provee un sólido argumento para la necesidad de una fuerte autoridad de enseñanza. Las interminables controversias con los herejes han sido causa indirecta de los mayores desarrollos doctrinales y definiciones formuladas en concilios para la edificación del Cuerpo de Cristo. Así fue como los evangelios espurios de los gnósticos prepararon el terreno para que se determinara el canon de la Sagrada Escritura; las herejías patripasiana, sabeliana, arriana y macedonia fueron la oportunidad para que se aclarara mejor el concepto de la Trinidad; los errores nestorianos y eutiquianos propiciaron que la Iglesia definiera los dogmas de la naturaleza y persona de Cristo. Y así ha sido hasta el modernismo, que ha provocado una solemne afirmación del valor de lo sobrenatural en la historia y de la autenticidad de la Iglesia Católica como el verdadero pueblo de Dios y cuerpo de Cristo.

 

 

 

Intolerancia

 

 

 

Frecuentemente se ha acusado a la Iglesia de tener una legislación intolerante con respecto a la herejía y a los herejes. Definitivamente, SÏ, es y debe ser intolerante. Su misma razón de ser, es la intolerancia de las doctrinas que puedan minar la fe. Pero esa intolerancia es esencial a todo lo que existe, se mueve o vive. Tolerar elementos destructivos dentro del propio organismo es equivalente al suicidio. Las sectas heréticas también están sujetas a la misma ley: viven o mueren en la medida en que son capaces de aplicar o desdeñar ese principio.. El padre que reprende a su hijo culpable es justo y puede tener un corazón tierno. La crueldad hace su aparición cuando el castigo excede el grado conveniente. La tolerancia hizo su aparición cuando la fe se debilitó, abriendo la puerta al relativismo, dando lugar a un sincretismo que es nocivo y satánico.

La Iglesia no ha olvidado, ni puede olvidar, su función como vigilante de la fe, y lo expresa en el código de Derecho canónico, cánones 1364- 1377. N.T.) Pero no podemos olvidar que la iglesia la formamos todos los católicos bautizados, por ello todos somos llamados a ser vigilantes y defensores de la verdades de fe, anunciadas por los apóstoles, transmitida por la Santa Iglesia, según se encuentra registrada en la Santa Biblia, recogida en el Catecismo de la Iglesia y conservadas por la Santa Tradición.

Tomado parcialmente de traditio invicta

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