Jueves, 22 Agosto 2019

¿Puede un cristiano juzgar?

PUBLICADO EL Domingo, 30 Junio 2019 10:39 Escrito por
¿Puede un cristiano juzgar? ¿Puede un cristiano juzgar?

Aquellos que sostienen que el juzgar es malo en sí mismo, suelen fundamentarse en el primer versículo del capítulo 7 del Evangelio de San Mateo: «No juzguéis, para que no seáis juzgados». Si nos quedamos con solo este versículo, podemos caer en una interpretación, parcial y errónea, pues para hacer una interpretación adecuada de las escrituras sagradas es necesario hacerlo a la luz de una exegesis completa.

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Debemos comenzar por definir y saber que es juzgar y cuando lo hacemos

Si atendemos a la raíz etimológica y a las diferentes nociones que nos presenta el diccionario, veremos que la palabra juzgar, que procede del latín iudicare, no significa otra cosa que formar opinión sobre algo o alguien, afirmar, previa la comparación de dos o más ideas, las relaciones que existen entre ellas. Por tanto ¿Cuándo juzgamos? Siempre, no hay día en que no juzguemos.

 

Confrontación Bíblica

 

Aquellos que sostienen que el juzgar es malo en sí mismo, suelen fundamentarse en el primer versículo del capítulo 7 del Evangelio de San Mateo: «No juzguéis, para que no seáis juzgados». Si nos quedamos con solo este versículo, podemos caer en una interpretación, parcial y errónea, pues para hacer una interpretación adecuada de las escrituras sagradas es necesario hacerlo a la luz de una exegesis completa.

Encontramos citas que aparentemente dicen lo contrario al «no juzguéis» como es el caso de Juan 7,24 en donde leemos «juzgad con justo juicio» En ambos casos los verbos son imperativos ¿Es que acaso se contradice nuestro Señor Jesucristo? ¿Acaso el E. Santo se contradice?

En 1 Corintios 5,1-6 podremos leer cómo San Pablo, el Apóstol de los gentiles, no solo juzga la inmoralidad del acto, sino que manda a expulsar al inmoral de la comunidad para que no pervierta a los demás.

“Es ya del dominio público que hay entre ustedes un caso de inmoralidad sexual que ni siquiera entre los paganos se tolera, a saber, que uno de ustedes tiene por mujer a la esposa de su padre. ¡Y de esto se sienten orgullosos! ¿No debieran, más bien, haber lamentado lo sucedido y expulsado de entre ustedes al que hizo tal cosa? Yo, por mi parte, aunque no estoy físicamente entre ustedes, sí estoy presente en espíritu, y ya he juzgado, como si estuviera presente, al que cometió este pecado. Cuando se reúnan en el nombre de nuestro Señor Jesús, y con su poder yo los acompañe en espíritu, entreguen a este hombre a Satanás para destrucción de su naturaleza pecaminosa a fin de que su espíritu sea salvo en el día del Señor”.

Un poco más adelante, podemos leer en 1 Corintios 5,9-11 cómo el Apóstol manda enérgicamente a no juntarnos con aquellos que a pesar de ser cristianos son inmorales. Si no juzgamos ¿Cómo podríamos determinar que son tales sin juzgar sus actos?

«Al escribiros en mi carta que no os relacionarais con los impuros, no me refería a los impuros de este mundo en general o a los avaros, a ladrones o idólatras. De ser así, tendríais que salir del mundo. ¡No!, os escribí que no os relacionarais con quien, llamándose hermano, es impuro, avaro, idólatra, ultrajador, borracho o ladrón. Con ésos ¡ni comer!»

En 1 Timoteo 5,20 incluso nos pide que los reprendamos en público para que los demás aprendan: «A los culpables, repréndeles delante de todos, para que los demás cobren temor.» Esto evidentemente en completa armonía con Mateo 18,15-17:

«Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano.»

Para reprender al pecador, primero hay que juzgar sus actos para determinar que lo que hace esta mal y es pecado.

En este mismo sentido podemos encontrar textos como I Juan 4, 1; I Tes. 5, 21; Hech. 17, 11; I Cor. 2, 15; etc. Entonces ¿Por qué en Mateo 7, 1 se nos dice que no juzguemos? En realidad no dice tal cosa.

Si además del versículo primero de Mateo 7 leemos los otros cuatro que le siguen, podremos ver que lo que en verdad se condena no es el emitir juicio sino la hipocresía: «Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermanoNo se condena el juzgar, se condena el juzgar mal, esa es la razón por la que nuestro Señor en 7,24 del Evangelio según San Juan nos dice «juzgad con justo juicio».

El que Cree que el juzgar siempre es malo no se da cuenta que por el solo hecho de pensar eso ya está emitiendo un juicio.

Lejos de sostener un absurdo tan evidente creyendo que juzgar es malo en sí mismo, el católico bien formado pide a Dios sabiduría para juzgar con justo juicio, tal como lo ordena nuestro Señor, haciendo suyas las palabras que encontramos en 1 Reyes 3, 9:

«Concede, pues, a tu siervo, un corazón que entienda para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal»

Esto de enseñar a juzgar correctamente ha sido siempre preocupación de la Santa Madre Iglesia, por ejemplo, si tomamos el Catecismo Mayor de San Pio X, al momento de tratar sobre el octavo mandamiento «No dirás falso testimonio ni mentirás», nos dirá que este prohíbe atestiguar con falso juicio; prohíbe además la detracción o murmuración, la calumnia, la adulación, el juicio y sospecha temeraria y toda suerte de mentiras. Sobre el juicio y sospecha temeraria, que está en la pregunta N° 456, nos dice lo siguiente:

«Juicio o sospecha temeraria es un pecado que consiste en juzgar o sospechar mal de uno sin justo fundamento

«La libertad hace del hombre un sujeto moral. Cuando actúa de manera deliberada, el hombre es, por así decirlo, el padre de sus actosLos actos humanolibremente realizados, tras un juicio de conciencia, son calificables moralmente: como buenos o malos

San  Agustín

El santo obispo de Hipona y padre de la Iglesia, respecto al «No juzguéis, para que no seáis juzgados» de Mateo 7, 1 dirá:

«Supongo que este mandamiento no significa otra cosa que siempre debemos dar la mejor interpretación a las acciones cuya intención es dudosa. Pero en lo que se refiere a aquellas que no pueden realizarse con un buen propósito, como los adulterios, las blasfemias y similares, se nos permite juzgar.

En otro sermón, el santo presenta otro aspecto de la cuestión diciendo:

«En cuanto a esas cosas, entonces, que son conocidas para Dios, desconocidas para nosotros, juzgamos a nuestros prójimos a nuestro propio riesgo. De éstos el Señor ha dicho: ‘No juzguéis, para que no seáis juzgados’. Pero en cuanto a las cosas que son maldades abiertas y públicas, podemos y debemos juzgar y reprender, pero aun con caridad y amor, no odiando al hombre sino el pecado, detestando no al hombre vicioso sino el vicio, la enfermedad más que al hombre enfermo. Porque a menos que el adúltero público, ladrón, borracho habitual, traidor o soberbio sean juzgados y castigados, se cumplirá en ellos lo que el bienaventurado mártir Cipriano ha dicho: ‘El que tranquiliza a un pecador con palabras lisonjeras, le da el combustible para su pecado»

 

El juicio privativo de Dios

 

Llegados a este punto es necesario dejar en claro cuál es nuestro objeto y la naturaleza del juicio que estamos tratando. Existen distintas clasificaciones y tipos de juicio (universales, particulares, singulares, afirmativos, negativos, categóricos, hipotéticos, disyuntivos, asertóricos, apodícticos y un largo etcétera), los juicios de los que hemos estado hablando hasta ahora son juicios realizados por la conciencia moral sobre los actos humanos, es decir, aquellos que se realizan de forma deliberada, ¿Por qué es importante esta aclaración? Porque sólo podremos emitir un juicio justo y lícito si el objeto es juzgable y si se encuentra dentro de nuestro alcance, esto tiene que ver directamente con la segunda condición señalada anteriormente  y con aquello que explica el obispo de Hipona, «no odiando al hombre sino el pecado» ¿Qué significa no odiar al hombre sino al pecado? Que el único que puede juzgar al hombre mismo es Dios ya que es el único que puede penetrar su conciencia.

Esta es la razón por la que solo Dios podría juzgarla y no nosotros, es decir, más que un no debemos, es un no podemos, escapa a nuestras posibilidades juzgar a las personas como tal, no tenemos acceso a ellas sólo a sus actos cuando son visibles, lo que sí podemos juzgar como malos o buenos son sus actos.

 

Conclusión

 

Podemos concluir diciendo, entonces, que el juzgar es algo imposible de evitar, incluso que es de necesidad juzgar, que el juicio moral no solo no es malo sino necesario para poder diferenciar el bien del mal, que la Iglesia se esmera en enseñarnos a juzgar bien para cumplir con el mandato divino de juzgar con juicio justo, que de entre los tipos de juicios podemos diferenciar, además del juicio moral, un juicio que es privativo de Dios: el juicio sobre las conciencias.

Seamos como la iglesia de Éfeso que se menciona en Apocalipsis 2,2 a la que nuestro Señor felicita por haber juzgado y sacado de entre ellos a los falsos maestros; no vayamos a ser más bien como la iglesia de Pérgamo de Apocalipsis 2,14–15 que es regañada por no haber hecho lo mismo. En la medida que sepamos juzgar mejor los actos humanos, podremos alejarnos del vicio y acercarnos mejor a la virtud, es decir, a la santidad.

 

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