Sábado, 19 Enero 2019

¿Por qué no es posible la Falange?... porque los falangistas no pensamos lo mismo

PUBLICADO EL Martes, 08 Enero 2019 08:19 Escrito por Eduardo López Pascual
¿Por qué no es posible la Falange?... porque los falangistas no pensamos lo mismo ¿Por qué no es posible la Falange?... porque los falangistas no pensamos lo mismo

Interesantísima reflexión del escritor falangista, Eduardo López Pascual, en relación a por qué no es posible una alternativa única y con opciones reales de participar en las instituciones, de los diferentes partidos que se dicen herederos del pensamiento político de José Antonio Primo de Rivera.

 

 

Resultado de imagen de eduardo lopez pascualHace unos días pude leer en un digital un artículo, en el que autor se preguntaba por qué los falangistas no podrían estar en las instituciones como un partido más. Y eso me produjo un alto interés en intentar ofrecer las causas por las que parecía muy difícil, por no decir casi imposible (tal como están las cosas en el mundo azul) nuestra presencia en esas entidades de representación política. De ahí estás líneas que no quieren ser dogmáticas en ningún caso y solo aspiran a provocar una seria reflexión.   

Si analizamos la historia de los diferentes partidos políticos que hay en España, con representación en las instituciones locales, autonómicas o nacional, vemos a primera vista que todos, excepto el PSOE, son formaciones de nuevo cuño, es decir, prácticamente recién nacidos a la vida parlamentaria, con lo que en realidad no han tenido tiempo de generar diferencias considerables en sus programas electorales y mucho menos en divisiones doctrinales. Acaso el PCE, con menos años que sus primos socialistas, ha  sufrido las escisiones que le han llevado a su relativa escasa presencia institucional. Tocar poder precariamente, y presentar candidatos, pueden llevar- como así ha sucedido-, a la desaparición de unas cuantas alternativas; y recordamos el triste espectáculo de la primigenia UCD que terminó como el rosario de la Aurora. Igual pasó con Alianza Popular y con la más reciente UPyD, por no citar otras de parecido recorrido. Tal vez, podamos citar al mismo socialismo, sujeto a varias conmociones internas: Partido Socialista Obrero Español (Histórico), el Parido Social Demócrata, el PSP de Tierno Galván, etc., aunque las razones de esa dispersión, desde mi análisis, pertenecían más a principios estratégicos, que a incompatibilidades ideológicas.

Sin embargo, el leiv motiv, de las secesiones en el seno de la Falange, es sin duda, de orden doctrinal.

Hay falangistas que creen en la democracia- tal como se entiende en la ONU-, otros que abominan de ella, al menos tal como funciona actualmente; existe una Falange que justifica la realidad de los Partidos, (Alberto Montoro dixit), y señalamos las palabras de José Antonio, al dejar escrito que “el fin de todos los pueblos es vivir en una sociedad amable y democrática”. Tenemos quienes  ensalzan la figura y la obra del General Franco, mientras que otros no la aceptamos, (aunque no caigamos en el insulto, ni la denigración)…  y a más diferencias: unos que piensan que es prioritario la separación de Iglesia y Estado, en tanto que algunos creen que no es mi útil ni conveniente esa confusión de fe y política. Y en fin, contamos con falangistas que aprueban la pertenencia a la Unión Europea y quienes son claramente euroescépticos y piden la salida de nuestro país de esa institución. Como se ve, demasiadas y serías incompatibilidades.

Y todo esto no son, en absoluto, diferencias netamente tácticas, ni siquiera estratégicas, sino que comportan profundas divergencias de índole política. Claro que esta dicotomía es así por la larga supervivencia de la Falange como alternativa a la España de hoy, -en una confusa situación poder y comparsa- carga que, por ejemplo, VOX, o Cs, no la llevan en razón de sus pocos años de vida. O no han vivido lo que el periodista Eduardo Álvarez Puga, en su pequeño libro “Diccionario de la Falange”, nos achacaba y describía como “no han desarrollado ninguna revisión en su doctrina” (no es literal).

Por eso cuando leo, como ahora en las redes sociales, la pregunta- por cierto mil veces repetida-, de por qué los falangistas no pueden ofrecer a los españoles las mismas posibilidades para lograr una  presencia institucional en los procesos electorales, igual que Cs, o UPyD o VOX, o algunos de esos grupos de nueva aparición en el mundo político: ahora, Mareas, Compromís, Podemos, En Comú… etc, observo que olvidan nuestra propia historia llena de lecturas adversas que impiden, desde mi punto de vista, formalizar una candidatura única que sería el primer paso para una aceptación social que hasta este momento no se ha conseguido.

Por otro lado carecemos de un grupo político falangista de clara superioridad en estructura y medios humanos y materiales, para de algún modo, influir sobre los demás y liderar un movimiento que convenciera el aceptar un protagonismo sin fisuras. Es muy difícil lo que se plantea aquí, y más  entre quienes se tienen o nos tenemos (todos tenemos un poco de culpa) por verdaderos herederos de la doctrina joseantoniana. Este es un pecado creo que típicamente español, o a lo peor, más evidente que en otros lares, ya que es un pecado que reiteramos con demasiada frecuencia, como por ejemplo la hay en esa mezcolanza política de Podemos que derivará sin duda en una dispersión cantada; hace un minuto, se le ha abierto infinidad de “marcas”: Ahora, En Comú, Adelante, Compromís… o el último inscrito en el registro de partidos, Umid, nacido en la Comunidad de Madrid ¡y eso en tan solo cinco o seis años de vida! 

¿Qué no será entre nosotros, con cerca de un siglo de existencia?

Sin embargo para ellos resulta fácil el ir juntos pues viven la misma ideología de izquierdas, sin embargo nosotros no podemos decir lo mismo porque hay grandes diferencias en la interpretación de la doctrina. 

Lamentablemente veo muy difícil el poder ofrecer a los españoles solo una única candidatura falangista, porque a las diferencias doctrinales que hemos expuesto, se añaden los odiosos egoísmos personales que, como una plaga bíblica, se extienden por toda la faz de la tierra.

Si los falangistas no son capaces de elaborar un programa de mínimos, me parece imposible el que nuestro mensaje pueda abrirse al pueblo español. Pero eso es cosa de los que tengan las responsabilidades de mando o liderazgo sobre el resto de todos nosotros, lo demás, es latigarnos infructuosamente.

Por supuesto conservo algo de esperanza en que al fin, los falangistas comprendamos la realidad política del siglo XXI y nos demos la oportunidad de aparecer en nuestro propio país, como una alternativa decantada y posible, en una sociedad que quizá esté aguardando una respuesta coherente. Pero tampoco soy un idealista fuera de tiempo y tengo en mi macuto todas las reservas. Todas. ¿Es esto ser agorero como se lee en el escrito que refiero? No lo creo, es más bien la constatación de que primero hay que saber bien qué es el “calangismo”, luego analizar con sinceridad su situación como partido, para finalizar reconociendo que sin un reconocimiento previo de nuestras culpas, hay pocas esperanzas de que Falange recupere, al menos, su aceptación popular. Y en eso estamos.     

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