Jueves, 18 Julio 2019

No es voto útil: es voto cobarde. Sobre el voto a VOX, PP o Ciudadanos

PUBLICADO EL Sábado, 16 Marzo 2019 08:44 Escrito por
Son constitucionalistas: ser patriotas es algo muy diferente Son constitucionalistas: ser patriotas es algo muy diferente

 

Nota de la dirección general del GRUPO Tribuna de España:

La columna de Sergio Pérez-Campos es -como la de todos nuestros articulistas- de su absoluta autoría e incumbencia; el periódico no tiene por qué identificarse -en todo, ni en parte- con muchas de las opiniones expresadas por sus columnistas. Pero en este caso, Sergio Pérez-Campos lo ha clavado: ni yo mismo sería capaz de reflejar la lónea editorial de La Tribuna de España como lo ha hecho nuestro colaborador. Y así debo hacerlo constar.

 

Se empeña la derechona rancia de toda la vida, la misma que lleva desguazando España más de tres décadas en complicidad criminal con la izquierda, en llamarle voto útil. Cuando teme una debacle a manos de algún presunto regenerador emergente de ideas liberales, temen perder sus poltronas y apelan cínicamente a un voto que sólo ha de servir para que no gane la izquierda, sin sonrojarse siquiera por no ser capaces de ofrecer más argumentos ni más razones para ilusionar al votante.

Ya lo hizo Rajoy, y ahora Casado, que con todo el cuajo se atreve a mencionar el artículo 155, que a mí me inspira algo así como el número de guantazos que habría que dar a más de uno de estos traidores. Y se atreve a hacerlo acojonado por el auge de un partido que no es más que un remake del suyo, y que ha retomado el mismo lenguaje que los peperos abandonaron ya hace mucho.

Lo cierto es que VOX, ese partido que cosechará el hastío del votante conservador, es tan sólo una presunta disidencia, y está perfectamente engranado en un sistema que es el gran culpable de la demolición nacional.

Para curar una enfermedad es esencial diagnosticarla, y de ese modo, se podrá aplicar el tratamiento adecuado. Bien, los pistachos no son, ni de lejos, contrarios a este sistema. Manifiestan explícitamente su adhesión al mismo, aunque muestran una cierta crítica a las autonomías que, sin duda, les reportará muchos votos, ya que son millones de ciudadanos los que ya están hasta las gónadas de estos Reinos de Taifas o patios de Monipodio, reductos de parásitos sin fin de mantenimiento inviable. Al igual que los peperos y los naranjitos, son estos liberales apasionados admiradores del entorno anglosionista, pese a sus coloristas demostraciones patrióticas.

Al final, les ponen más el Tío Sam y la estrella de David que el Águila de San Juan, a las que muchos conservadores llaman pollo, en lo que no es más que un cobarde, repugnante y miserable intento por congraciarse con la progresía.

No me escandaliza que la desbandada de votos peperos se vaya a VOX. Entiendo que quien ha tardado treinta años en desengañarse de una cuadrilla tan burda, mentirosa y corrupta como la de la gaviota, necesite quizá otros treinta para abrir los ojos con la versión renovada del PP.

También es posible que muchos compartan su pasión por este sistema, en cuyo caso sólo me restaría decirles “pues que os jodan”, que sarna con gusto no pica, así que a disfrutar lo votado. La parte que me subleva es que en su ignorancia y estupidez seguirán alimentando con sus votos  la disolución de una Nación que heredamos grande y libre, y que empieza a ser un saco de retales malolientes y sumisos al Nuevo Orden Mundial, que para eso se encarga de dinamitar todo lo posible nuestra Unidad Nacional.

Siento decir que hoy tengo poca estopa para los políticos, que eso es algo que le granjea a uno palmaditas y elogios fáciles, y estoy más por la labor de darle caña a tanto tonto y tanto miserable. Al pueblo, vamos; al sacrosanto pueblo de los cojones. Pero es que ya no aguanto más lecciones de patriotismo ni de sentido común de gente que lleva décadas metiendo mierda en una urna, y que todavía tienen el rostro de echarme en cara mi impenitente abstención, como si la culpa de que gobiernen golfos la tuviera yo, y no los que participan activamente con su voto.

Debo aclarar también a más de uno, que desde el GRUPO Tribuna de España se informa sobre los pistachos con la misma independencia de criterio que sobre podemitas, sanchistas, o cualquier otro sector de la política; la información veraz no se casa con nadie, y a quien le moleste que se aireen las vergüenzas de su ídolo político, debería hacérselo mirar.

Quien esté sinceramente en contra de la corrupción y la mentira, no puede andar otorgando patentes de corso.

Si el chorizo es de tu agrado porque viste como tú, quizá es que no te moleste tanto el pecado, sino sólo el pecador.

Aclararé a quien quiera saberlo, que a mí sí me ofende que me llamen facha; lo que no me molesta es que me llamen fascista. A fin de cuentas, parecen conformes y contentos siendo fachas los que exhiben un patriotismo constitucionalista, que a mí me cuadra poco, habida cuenta de que es en el marco de este sistema en el que se está desarrollando el acoso y derribo de la Nación Española. Y claro está, fascista y facha no son sinónimos; no se engañen.

Y sí, soy un recalcitrante abstencionista; alguien a quien sólo podrá arrastrar a una urna la ilusión que me genere una opción patriótica y social que aglutine a los que creemos que una España mejor es posible.

Una opción que no será posible mientras todos los auténticos patriotas antisistema no se unan en frente común.

Ese sí será un voto útil. Lo otro no es más que voto cobarde, miserable y antiespañol.

Sergio Pérez-Campos

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