Martes, 18 Junio 2019

Maneras de mentir. Sobre las falsas denuncias por violencia de género

PUBLICADO EL Viernes, 17 Mayo 2019 08:59 Escrito por Pedro Romero. Candidato al Parlamento Europeo por Igualdad Real
Existene "vividoras profesionales" de las ayudas por falsas denuncias de violencia de género Existene "vividoras profesionales" de las ayudas por falsas denuncias de violencia de género

 

La mentira puede ser sutil, ruda, burda, elaborada, puede ser una verdad a medias, o incluso una frase cien mil veces repetida que se ha convertido ya en mito. Puede ser la mentira de la mayoría, o la mentira de una figura de autoridad que todos consideran como experto.

 

En España la mentira acontece de manera sistemática cuando hablamos de asuntos de género. Desde el propio CGPJ se manipulan los datos de violencia en los informes anuales, en los que se puede constatar que, habiendo unas 9.000 sentencias condenatorias, se anuncian 134.000 maltratadas anuales. No debemos olvidarnos tampoco de la rotunda mentira del 0,001% de denuncias falsas anuales. Si traducimos el porcentaje a números absolutos, el dato se revela más ridículo: 2 denuncias falsas en un año.

 

Los medios de información, concentrados en unas pocas manos, hacen de amplificador de estos bulos oficiales repitiendo el mantra hasta la saciedad a la vez que nos ocultan deliberadamente la otra cara de la realidad, la de la violencia que las mujeres ejercen en el ámbito doméstico.

 

Mientras que en los países que no están imbuidos por la ideología de género se realizan investigaciones sociológicas  que arrojan conclusiones  en las que la violencia en el seno familiar es bidireccional y que afirman que la sufre en un 60% la mujer y en un 40% el hombre - el estudio Dunedin, por ejemplo-  , en España la violencia hacia el hombre es oficialmente inexistente.

 

 

Pero existen grados muchísimo más sutiles de manipulación - y por lo tanto mucho más efectivos y peligrosos - como los que se ocultan tras el uso de los términos, es ese el mismo frente del uso del lenguaje en el que el feminismo moderno se empeña en dar la batalla. Hablemos por ejemplo del uso del concepto de “violencia machista”, que la prensa ha puesto ya tan de moda. Este término no viene recogido en ningún artículo de nuestro código penal y sin embargo no puede faltar en ningún suceso en el que la víctima sea una mujer. Resume en sí mismo el espíritu de la LIVG, dado que el mero acto de titular una noticia usando estas dos palabras supone el conocimiento exacto de la causa del suceso: el machismo, sin atenerse a cuáles fueron las circunstancias concretas que rodearon el hecho en sí. Esta terminología vulnera de pleno la presunción de inocencia recogida en la Constitución. Recordemos que en los peores tiempos del terrorismo hasta los etarras con delitos de sangre eran “presuntos etarras”. Las consecuencias de este tratamiento informativo son terribles para las personas y arrasa a su paso muchos más derechos del supuesto agresor: el derecho al honor, por ejemplo, causando la ruina del señalado, puesto que ya no importará más adelante si la denuncia fue cierta o no.

 

Términos como la “brecha salarial” son usados a la ligera para dibujar una realidad social en la que la mujer es la débil y perjudicada por el sempiterno patriarcado, cuando la realidad es que en los propios informes del INE se reconoce que se trata de una brecha laboral causada porque la mujer elige mayormente contratos a tiempo parcial, hecho este que puede estar relacionado con la crianza de los hijos. Sin embargo, cuando toca hablar de custodia compartida, nadie la propone como una solución.

 

Podríamos continuar hablando de otros tratamientos informativos sesgados, como el de “suicidio ampliado”, usado cuando es una mujer la que mata a su hijo durante su propio suicidio, o cuando la asesina directamente es tratada como una víctima “la víctima y el fallecido mantenían una relación sentimental”. Pero uno de los más terribles y peligrosos términos es el de la novedosa “perspectiva de género” ,que se ha impuesto en el medio judicial y que viene a significar de hecho la existencia de dos justicias diferentes, la justicia de siempre, y una nueva justicia diseñada exprofeso para darle toda  la razón a la mujer. Recordemos que la primera sentencia con perspectiva de género fue muy cacareada en prensa como un gran logro de la igualdad. Gloria Poyatos, jueza de violencia de género de Las Palmas, levantó a un muerto que había sido denunciado por malos tratos y absuelto varias veces en vida, para condenarlo finalmente gracias a los avances de la nueva perspectiva de género. No sabemos lo que pudo alegar en su defensa el acusado, ni tampoco sabemos si su abogado defensor era también un muerto, el caso es que, su exmujer, separada de él en su día, pudo acceder a una pensión de viudedad pagada por el estado gracias a su condición de mujer maltratada.

 

Otra forma sutil de la mentirae son las verdades a medias y las invocaciines  parciales de los convenios internacionales, como el Convenio de Estambul. Cualquiera que lea el convenio encontrará que el texto tiene como objetivo declarado no sólo la lucha contra la violencia sobre las mujeres sino también contra la violencia doméstica. Recoge en su redacción la perspectiva de que los hombres también puedan ser víctimas, hecho este que es deliberadamente ignorado por los partidos políticos, las asociaciones feministas y por los grupos de presión mediática que promueven las leyes sexistas en nuestro país.

 

El Convenio de Estambul en realidad habla de proteger a todas las víctimas sin distinguir por sexo. En el artículo 4.3 se afirma que “la aplicación de las partes de las disposiciones del presente Convenio, en particular las medidas para proteger los derechos de las víctimas, deberá asegurarse sin discriminación alguna, basada en particular en el sexo”. El artículo 43 expresa “que los delitos previstos en el Convenio se castigarán independientemente de la relación existente entre víctima y el autor del delito” y en el artículo 46 enuncia que no se prevé la existencia de agravante de delito cometido por cuestión de sexo.

 

Lo terrible del caso es que es este mismo Convenio de Estambul el que se ha esgrimido como principal justificación legal para la implantación de medidas que contienen una sobrecogedora asimetría penal, como son las 200 medidas contra las violencias machistas, un pacto de estado que va contra todos los principios de los derechos humanos y que de que de hecho supone la implantación de un apartheid de género contra el hombre en España. Las 200 medidas han sido unánimemente aplaudidas tanto por la prensa como por todo el arco parlamentario en una efectiva operación de lavado de cara.

 

Aldous Huxley lo anunció ya en su día: “la mejor dictadura será  aquella que hará que amemos nuestras cadenas”, en fin, todo sea por la igualdad.

 

Pedro Romero

Vicepresidente de Igualdad Real

Candidato al Parlamento Europeo por Igualdad Real

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