Domingo, 25 Agosto 2019

Luis María Anson: zalamero con el puño en alto en defensa de Pablo Iglesias

PUBLICADO EL Miércoles, 05 Junio 2019 20:46 Escrito por
Ignacio Fernández Candela llama a su perro "Anson" Ignacio Fernández Candela llama a su perro "Anson"

 

No se me ocurrió mejor homenaje para la raza que llamar Ansón a mi perro, así depuraba los defectos humanos del otro con la nobleza canina y la lealtad incondicional. A diferencia de Luis María Anson, mi fiel amigo es previsible por esa convicción que otorga la sana y elemental inteligencia que es antítesis del instinto con que el periodista se ha desenvuelto mediante sonadas deslealtades y públicas traiciones.

 

Siendo así no debería extrañar que en alguna ocasión se haya deshecho en elogios con personajes variopintos como Zapatero, Pujol-al que convirtió en español del año-, o Pablo Iglesias, cuyo artículo reciente en El Mundo.-Las razones de Iglesias- descubre sin tapujos  al  Anson sin vergüenza, ni falta que le hace.

Ansón me gusta verlo correr siendo un cachorro muy  zalamero, guasón y más guapo. El académico ni corre ni tiene arte para la zalamería-y si no que se lo pregunten a las mujeres que soportaron sus, digamos, acercamientos- y tampoco es un retoño y menos de especie tan noble como mi can. Grotesco es verlo defender lo indefendible intentando hacer méritos ante Pablo Iglesias para que Sánchez le brinde gobierno al fracasado podemismo. Extraña, en el colmo de la desvergüenza,  que no lo haga presidente ya. 

 

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Durante  unas cuantas décadas dio el pego viviendo de las rentas de aquella tercera, “La monarquía de todos”, con la que presume de haber sido mandado al exilio por Franco... acaso por oportunista que no por influyente transgresor. A toro pasado cada día confunde menos con sus textos mercenarios, mostrando afinidades poco entendibles a no ser que se expliquen por la expectativa de la tajada. Los postulados intercambiables,  arrimados siempre al mejor postor, le han restado credibilidad y la honra aparente.  Nunca dio puntada sin hilo siendo pedigüeño de altos vuelos y bajos métodos, al que ya no le importa disimular el carácter chaquetero que ha impulsado un propósito personal de lucro tras la teatralizada e inflada dignidad de lo profesional. Que pregunten a tantos damnificados de sus tejemanejes.

Los exabruptos de Luis María Anson coqueteando con la radicalidad de izquierdas no son fruto de la chochez, sino de la mismas estrategias de ventajismo con que se ha dirigido por la vida. El otrora eximio académico Anson, en tanto no se le viera el plumero de aprovechado,  es un ya pobre tahúr del periodismo al que le han pillado tantos ases bajo la manga como premios artificiosos cosechó mendigando a múltiples amos-con un rol vergonzoso de correveidile sin escrúpulos-, las migas lanzadas desde los festines del poder.

No ha hecho ascos a la doblez moral con alineaciones ideológicas tan dispares como faltas de credibilidad, prontamente arrimado allá donde pueda sacar merced del sermón adaptado al sectarismo influyente de turno. Si no fuese por la ristra de trofeos y menciones que se agenció durante su vertiginosa carrera de pelota redomado en el reino de taifas, ergo España, solo quedaría el rastro de la doblez moral que pretendió camuflar con un discurso elocuente pero finalmente baldío e inveraz. Porque los actos dicen más que la retórica vacua del falso guía, Luis María Anson se ha ganado a pulso la fama de veleta y traicionero.

La práctica moral de Luis María Anson se anula con la actitud florera y chaquetera con que ha pergeñado una carrera profesional adaptada a la influencia parasitaria, con los diversos poderes de los que ha buscado oportunista beneficio, y la absoluta carencia de excelencia para beneficiarse de estrategias subterráneas e inconfesables.

El ínclito y aprovechado Anson es en definitiva un moralista sin moralizar que disimula la deshonestidad con el farsante discurso de la instrucción. Maestro de vergüenzas  sigue su trayectoria de oportunista sin límite al que solo le falta cambiar de género y desfilar en el orgullo gay. El embaucador de la adulación, bufón sin credibilidad, sigue simulando que aún le queda dignidad en el criterio y adula a Pablo Iglesias por lo que pueda caer de la mesa del amo, arrimado donde se le pueda oír ladrar.

Es por ello que dijo antes ser incontestable la justificación de los podemitas en la adquisición del casoplón de Galapagar y que había honra al someter la continuidad en el partido con la votación de las bases. No contento con el pretexto no se ruborizaba al afirmar que los votantes eligieron la permanencia del dúo dirigente.  Y por si aún no se notara la lengua babeante a ras del suelo, pontificaba sobre el futuro esplendoroso del locuaz bolivariano. Aún equivocado en los cálculos aboga ahora porque se le entreguen ministerios al gran perdedor bolivariano. ¿A qué precio se vende? Por la vergüenza de sus actos no posee aptitudes para el consejo si no son desde la falsedad y la hipocresía; el Anson de los premios comprados es un lisonjero profesional.

¿Por qué será que no me sorprende su servilismo con Pablo Iglesias, habida cuenta de su carácter periodístico-especulador y el cálculo mezquino de las egotistas ambiciones? España le importó jamás un bledo ¿Dónde va, hombre de Dios, o discípulo de Satanás, allá su conciencia, con edad avanzada y en la cuenta atrás de sus andanzas malévolas pero disimuladas, mostrando en un instante lo que trató toda una vida de ocultar?

Vanidad de vanidades y solo vanidad, este adulador termina sus días levantando el puño, si le da tiempo, en tanto mi perro Ansón seguirá moviendo noble y coherentemente el rabo.

 

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