Domingo, 21 Julio 2019

El trasero de un homosexual. "Los tontos y la riqueza lingüística"

PUBLICADO EL Viernes, 12 Julio 2019 08:03 Escrito por
El trasero de un imbécil El trasero de un imbécil

Una cuestión con menos gracia, con uno de esos simpáticos escraches que tanto gustan a los “tolerantes” de la extrema izquierda y sus adláteres grupos de presión basados en el victimismo más rancio; y he aquí, que en medio de todas esas violencias aparece un cretino cuyo gran alarde de ingenio consiste en mostrar el culo a aquellos a quienes querían expulsar de su particular circo de locas de cincuenta y siete orientaciones sexuales distintas -quizá a estas horas ya sean más-.

 

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Los tontos y la riqueza lingüística

 

No soy filólogo y ando muy lejos de tener conocimientos lingüísticos suficientes para comprender o tratar de explicar el origen de la riqueza de una lengua tan maravillosa como la española. Hay cierto genio –e ingenio- en nuestro carácter que muy probablemente tenga relación con la fertilidad de nuestro idioma, de una vitalidad y pujanza que le permite codearse con los idiomas de las potencias hegemónicas y el imperialismo cultural anglosajón.

Andaba yo en ciertas reflexiones sobre esta cuestión, porque al ver en internet la referencia a cierto tonto del culo, caí en la cuenta de que a la abundancia abrumadora de tontos, responde el ingenio español con un amplio catálogo de variedades, que normalmente sirven para tomar con humor dicho exceso de estulticia, antagónica en esencia de dicho humor con el que digerimos tanta gilipollez. O lo intentamos.

Así, y sin ser muy prolijo, se me vinieron a la mente formas diversas de llamar imbécil a alguien, no sin que contengan a veces éstas pequeñas sutilezas y diferencias semánticas, sin que en esencia nos desviemos de la estupidez del sujeto.

Así, surgen formas como tonto del haba, de origen inocente, ya que al que salía el haba en el roscón, tenía que pagarlo; una expresión de uso común en Aragón, que escuchada con la rotundidad de este acento, deja bien a las claras la soberana estupidez del destinatario; otras como tonto de capirote, con origen en el sambenito de los castigados por la Inquisición, que pasó a designar al bobo que portaba el capirote descubierto en procesión; o tonto a las tres, en referencia a la perdurabilidad de la condición estulta; o las inevitables formas de referencia anatómica como tonto del culo, tonto de los cojones, o tonto del pijo, ésta última tan abundante en mi tierra natal.

Seguramente podríamos continuar gracias a la diversidad de nuestra querida España, y a nuestro inagotable gusto por hacer escarnio de todo aquello que sea susceptible de ello.

Pero voy al grano, y no porque vaya a hablar de los tontos del culo. Es precisamente uno de estos quien me llevó a esta pequeña digresión lingüística. Es el caso que en una cuestión con menos gracia, con uno de esos simpáticos escraches que tanto gustan a los “tolerantes” de la extrema izquierda y sus adláteres grupos de presión basados en el victimismo más rancio; y he aquí, que en medio de todas esas violencias aparece un cretino cuyo gran alarde de ingenio consiste en mostrar el culo a aquellos a quienes querían expulsar de su particular circo de locas de cincuenta y siete orientaciones sexuales distintas -quizá a estas horas ya sean más-. Después leo que el sujeto es afiliado del PSOE y la cosa deja de sorprenderme. Pero ustedes entiendan que a estas alturas me quede ya poca comprensión para quienes pertenezcan a un partido tan corrupto, golpista y antiespañol como el de la rosa puñetera. Supongo que enseñar el culo es todo lo que le da el cacumen al sujeto, por mucho que hasta un ministro haya salido a justificar los execrables actos protagonizados por el exhibicionista y su tropa de tropa de tolerantes, que por cierto, dejaron todo como una pocilga en una muestra más de que están muy lejos de merecer el respeto por el que tanto claman. Un respeto que no pierden por su condición sexual, sino por su victimismo, su arrogancia y su impudicia. Algo en lo que concuerdan muchos más homosexuales de lo que al lobby le gustaría reconocer. A fin de cuentas, que te justifique un gobierno tan execrable es la más elocuente de las descalificaciones.

Y que enseñes las nalgas, tonto del culo, no te hace menos tonto.

 

Sergio Pérez-Campos

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