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Los beneficios de la oración

PUBLICADO EL Domingo, 10 Febrero 2019 10:31 Escrito por
Oración Oración

 

 

Dios emplea nuestras oraciones para nuestra salvación y la salvación de los demás.

Sabed pues que, cuando Dios nos atrae en la oración, no toma únicamente en consideración nuestra propia salvación, sino desea igualmente emplear nuestras oraciones para la salvación de los demás. Es como cuando tenemos un bálsamo para aliviar los dolores y lo prestamos a otra persona para que se lo aplique. Por eso, la oración es una de las obras más importantes y preciosas a los ojos de Dios. El hombre que hace esfuerzos en su vida de oración y progresa rápidamente en el espíritu de abandono y obediencia a la voluntad de Dios, se vuelve un buen soldado de Cristo Jesús (2 Tm. 2, 3).

La oración es siempre un intento de comunicación con Dios, orar es sumergirse en lo más profundo de nuestro ser (inmanencia) y desde ahí trascender en el espíritu y comunicarnos con nuestro Creador. La oración tiene dos dimensiones: Una personal y otra universal,  aunque nuestra oración se centre en pedir el favor de Dios para socorrernos en alguna necesidad particular, tiene además una dimensión universal, pues al tiempo que pedimos por nosotros sobre alguna necesidad personal, los beneficios de esa oración se extiende también a los demás en favor de esa misma necesidad. Cuando pedimos a Dios algo de manera particular, lo estamos pidiendo también para toda la humanidad. Somos parte del cuerpo místico de Cristo, si esa parte del cuerpo de Cristo pide algo beneficioso, de esa petición y de ese favor de Dios, se benefician también todo el resto del cuerpo.

Pondremos un ejemplo sencillo para mejor compresión, si un órgano enfermo de nuestro cuerpo, pide al médico atención para sanarlo, los beneficios de esa actuación del médico que ayuda a sanar o aliviar las dolencias de nuestro órgano, no solo beneficia a ese órgano, sino que todo nuestro cuerpo se beneficia, por la actuación del médico la sanación del órgano afectado no solo beneficia a ese órgano enfermo de manera independiente del resto del cuerpo, sino que tanto su afectación como la sanación repercute al resto del cuerpo. El órgano está ligado al resto del cuerpo y todo lo que afecte al órgano, afecta también a todo el cuerpo, un órgano no puede enfermarse o sanarse sin que se resienta todo nuestro cuerpo. Si somos una parte del cuerpo de Cristo, lo que afecte a cada uno de nosotros afecta al resto del cuerpo de Cristo y toda acción de Dios en cada uno de nosotros afecta al resto del cuerpo, Por tanto cuando oramos, decimos nosotros, aunque digamos yo.

El mismo Señor nos convoca todos los días a estar en su presencia, y nos ejercita para interceder a favor de los demás. La oración es una solicitud al Señor a favor de nuestra salvación y la salvación de las demás personas para llevarlas del camino de la muerte a un camino de Gracia que nos dirija hacia el seno de Dios.

El progreso de nuestra vida de oración se traduce en la intimidad de nuestro amor a Dios. Dicha intimidad es la consecuencia directa tanto de la satisfacción que Dios siente respecto nuestro en su condescendencia hacia nuestra debilidad como de la amplitud del horizonte de nuestra humanidad, es decir, de la intensa conciencia que tenemos de nuestro deber absoluto para con los otros, de nuestra responsabilidad espiritual hacia los pecadores y aquellos cuya fe o caridad es débil y tienen la misma necesidad que  nosotros. La oración siempre tiene por tanto carácter de intercesión.

Los grados superiores de la oración, en los cuales se alza hacia la perfección, tiene por signo la súplica ferviente a favor nuestro y de los demás. Es como si nuestro progreso en la vida de oración nos fuera concedido para el provecho de nuestros hermanos débiles que no rezan. Orad los unos por los otros, para que seáis curados (St. 5, 16). Y cuando Santiago nos ordena llamar a los presbíteros de la Iglesia para que oren sobre el enfermo que sufre, a fin de curarlo, es porque el sacerdote o el religioso se supone que están más avanzados que los demás hombres en la vida de oración, al haber recibido más gracias para ello, y al haber sido puesto así a parte para consagrarse a orar por los demás. Es por eso que los llamados a vivir sus vidas dedicados a la oración, como lo hacen los contemplativos, supone una vocación especial, que lejos de ser personas aparentemente inactivas, su dedicación es las más beneficiosa y productiva que alguien puede hacer por la humanidad, dedicarse por completo a la oración, es una expresión  sublime de amor que estas personas hacen, pues dedican su vida a interceder ante Dios por los demás aun sin conocerlos. La oración nunca cae en saco roto, Dios siempre escucha las oraciones que salen del corazón.

No podemos progresar en los grados de la oración, adquirir una verdadera seguridad junto a Dios, ni recibir el don de lágrimas más que en la medida del progreso de nuestra compasión para con aquellos que sufren y son ultrajados (sea por los hombres o por el pecado): Acordaos de los presos, como si estuvierais presos con ellos, de los enfermos como si estuvierais enfermos, de los que son ultrajados como ultrajados, pensando que vosotros también tenéis un cuerpo (Hb. 13, 3). Dicho de otro modo, el progreso de nuestra intimidad con Dios, que tiene su centro en la oración, depende fundamentalmente del progreso de nuestro conocimiento de las cargas de los hombres y de nuestra disposición de llevarlas con ellos con generosidad. Colosenses 1,24 Esto es la empatía, la oración siempre tiene una dimensión empática.

Siendo esta la realidad, se desprende nuestra responsabilidad de nuestro actuar, porque todo lo que hagamos, no solo nos afecta a nosotros mismos, sino a todo el Cuerpo místico de Cristo.

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