Martes, 13 Noviembre 2018

Ultrafeministas: lo que robasteis a Naomi

PUBLICADO EL Jueves, 13 Septiembre 2018 01:28 Escrito por

 

Una de las cosas que disfruto del deporte es la ceremonia de entrega de trofeos. Soy deportista y he conocido las emociones de pequeños logros deportivos, de modo que trato de imaginar el estado exultante de quien gana una competición realmente importante, y me regocijo de la alegría que los deportistas rebosan subidos en un pódium.

Hace unos días vi una de las ceremonias más tristes que recuerde (si no la más) y les aseguro que han sido muchísimas. Me encanta el tenis, y ganar un Grand Slam es lo más para un tenista. Si además es el primero para el deportista, y por añadidura, el primero para el país al que representa, pueden imaginar hasta dónde pueden llegar esas emociones.

Naomi Osaka es una jovencísima tenista japonesa. Se plantó en la final del Open USA de forma un tanto sorprendente, y en esa final se vio desde el principio que iba a plantar cara a la todopoderosa Serena Williams, a la que endosó un rotundo 6-2 en el primer set. Aunque la norteamericana reaccionó algo en la segunda manga, la japonesa estuvo firme, manteniendo un resultado muy igualado hasta que Serena, contradiciendo a su nombre, perdió completamente los papeles en una de sus pataletas de niñata malcriada, a las que nos acostumbró sobradamente en sus primeros años de profesional. Baste recordar que en una ocasión llegó incluso a amenazar de muerte a una juez de línea. El caso es que la que era gran favorita para ganar tiró a la basura las opciones que le quedaban de remontar, montando un número bochornoso, en el que llegó a llamar ladrón y mentiroso al juez de silla. Aún se superaría, cuando trató de llevar la cuestión a una presunta discriminación, línea que ha continuado posteriormente, acusando al tenis de ser un deporte machista. Una vez más, aparece el feminismo como la excusa recurrente para justificarse de lo injustificable.

Conviene matizar al respecto que Serena goza de unos premios equiparados a los de la categoría masculina, pese a darse dos circunstancias completamente objetivas que, no sólo desmienten ese presunto machismo, sino que dejarían a las mujeres en situación de cierto privilegio. La primera es que las jugadoras ganan lo mismo por mucho menos tiempo en pista, al menos en los Grand Slams, donde los hombres juegan partidos al mejor de cinco sets, frente a los tres de la categoría femenina. Al final de un torneo, el ganador puede haber pasado en pista muchas más horas que la ganadora, embolsándose el mismo premio; eso, en USA o en Albacete, significa que la hora de trabajo le sale bastante mejor pagada a la señorita Serena que a don Rafael Nadal Parera. El otro dato objetivo es que el tenis masculino genera muchos más ingresos, pese a lo cual, los torneos prorratean los premios.

En cuanto al presunto agravio comparativo por la sanción, voces autorizadas del mundo del tenis desmintieron a Williams, exponiendo ejemplos de castigos incluso más severos para conductas similiares en el circuito masculino. Y lo hicieron citando ejemplos concretos, por si alguien quisiera polemizar.

También choca que tan declarada feminista no se queje de la segregación por sexos en el deporte. Pero eso es algo que ninguna ultrafeminista hará jamás, pues se distinguen por reclamar igualdad, pero sólo para lo que les interese. Y conste que un servidor considera lo normal y justo que el deporte esté segregado. Tanto como los lavabos públicos. Por supuesto.

El resultado de todo este despropósito es que Serena –y una maleducada parte del público- robaron a la joven campeona japonesa el derecho a una tarde gloriosa; a gozar en plenitud del triunfo exultante; le robaron el día soñado por todo deportista. Apenas podía la nipona sonreír mientras alzaba la copa. Días después, aún habla Naomi de la tristeza que sintió.

Para ser tan feminista, no tuvo Serena escrúpulos en arruinarle a una compañera su victoria. Porque la víctima de esta maleducada y sus estúpidos seguidores no fue otra que una joven deportista que se enfrentaba al sueño de su vida.

El feminismo, que en su horrible transformación de lucha por la igualdad, ha pasado a ser una hostil guerra supremacista, no pierde ocasión de infiltrarse en toda actividad y ámbito social.

Lo más triste es que alguien que lo ha ganado todo lo utilice para justificar una derrota. Y peor aún, que aplaste las ilusiones, precisamente, de otra mujer.

Lo mejor, la compostura de Naomi Osaka, su saber estar, su educación, su contención, su lección magistral; y no sólo de tenis.

Porque se pueden tener 23 Grand Slams en las vitrinas de casa y ser una porquería como deportista.

Sergio Pérez-Campos

DISIDENCIAS

Comenta esta noticia





La Tribuna de España

Periodismo con valores.
Director: Josele Sánchez.

Periódicos Asociados