Miércoles, 19 Diciembre 2018

Las flores del mal. Así funciona el separatismo

PUBLICADO EL Domingo, 07 Octubre 2018 01:47 Escrito por
Las flores del mal. Las flores del mal.

Nada que ver este título con la poesía de Baudelaire y sí con la deriva del nacionalismo en Cataluña, que ya va mostrando su faz violenta en estos días del segundo otoño caliente, tal como se define ahora en muchos ámbitos y ya auguraba este articulista en varios escritos.  Parece que aquellas jornadas golpistas del 6 de octubre de 1934, en contra de la legalidad de la II República, reviven en la particular memoria histórica de los separatistas como acicate.

 

 

La semilla fue sembrada -no lo olvidemos nunca- por el pujolismo hace décadas; fue convenientemente cuidada y abonada por todos, empezando por las propias instituciones del Estado español que había desertado de sí mismo y, casi sin modificaciones en su actitud, mantiene la desidia en lo que respecta a esta parte de España. Los frutos han ido surgiendo: la impresionante fractura social y política, el desastre económico, la férrea manipulación en los medios de propaganda y en la enseñanza y la incitación de las más bajas pasiones e intransigencias.

Ahora brotan las flores, hediondas, nauseabundas, repelentes, representadas en la violencia callejera. La aparente contradicción entre el jardinero, Quim Torra, que arenga a seguir apretando y los remilgos monjiles del huido Puigdemont, que se lamenta de la agitación y de la agresividad mostrada por las mesnadas de la CUP, de Arrán y de los CDR, no es más que una estrategia para uso y disfrute de los más incautos; algo así como el juego del poli malo – poli bueno de las películas tópicas.

El separatismo sigue buscando desesperadamente un mártir; la falacia de los 893 heridos de hace un año ya no se sostiene más que en el imaginario de los fanáticos, del mismo modo que las imágenes grabadas y difundidas de aquella señora o señorita a la que le habían quebrado todos los dedos y, además, le habían tocado las tetas desmontaron cualquier asomo de escándalo ciudadano por lo burdo de la invención. Parece que la violencia de hogaño no ha provocado ningún ataque de ansiedad que registrar en los estadillos de las urgencias hospitalarias…

Las algaradas callejeras de esos chicos (expresión de aquel inefable Arzallus que ya quedó para la historia) quieren emular la kale borroka de los separatistas vascos, pero, en realidad, son la coartada para que, en las retaguardias, otros se ofrezcan como pacíficos y continuadores de la revolución de las sonrisas.

Ya corre por ahí el timito de que existen violentos de un lado y de otro: por una parte, los jóvenes independentistas, indignados por la tardanza en hacer evidente la república; por otra, la ultraderecha españolista. Quienes mueven los hilos tras la tramoya proponen que los violentos sean desplazados por los demócratas y sensatos; y ahí entra en juego la mesa de negociaciones, más o menos secretas, entre el infumable gobierno de Pedro Sánchez y la Generalidad, eso sí, escindida entre los supremacismos rivales de PDCAT y ERC; es decir, la perpetua oligarquía de la burguesía separatista, que lleva la batuta ante las débiles y acomplejadas instituciones españolas y a la que hacen el juego aquellas mesnadas juveniles lanzadas a la calle.

Las flores del mal que han brotado son, si se quiere, el reclamo, el espantajo, para que la hoja de ruta del separatismo siga implacablemente su marcha. No estamos, como se quiere hacer ver desde el Gobierno y desde la Generalidad, ante un problema de orden público, sino que la gravedad está en las raíces, clavadas muy profundamente en el seno de la sociedad catalana. Los maduros portadores de los lazos amarillos son el caldo de cultivo propicio para creerse esta patraña.

Lo peor es que la semilla sigue cayendo sobre las nuevas generaciones, esos festivos estudiantes de la ESO, del Bachillerato y de las Universidades de Cataluña que, la otra mañana, sirvieron de aperitivo para el intento de asalto al Parlamento y los enfrentamientos del atardecer del mismo día.

La policía autonómica será, en este otoño, la encargada de frenar a los que protagonizan los altercados callejeros, pero, a la vez, seguirá siendo la guardia de corps del procés; su presencia, en lugar de los brutales cuerpos de la Policía Nacional y de la Guardia Civil, servirá para tranquilizar los ánimos de las gentes de paz, que seguirán por supuesto enganchadas al carro falaz del separatismo.

En la sombra, más sigilosamente, sigue trabajando otra policía irregular, esta vez secreta: los encargados de llevar la cuenta del personal afecto y no afecto, en comercios, vecindarios, grupos y asociaciones, que me imagino que irán confeccionando sus listas negras al dedillo.

Si existiera un Estado español digno de este nombre, su actuación se centraría, no solo en los problemas de orden público llamativos, sino en intervenir esas manos que mueven la cuna, y no solo en cortar las flores del mal; su primera misión sería evitar que siguieran prodigándose las semillas.

               

               

Manuel Parra Celaya

"IN REBUS DUBIIS"

Comenta esta noticia





Apoya a

Tu donativo nos ayuda a seguir contándonte lo que otros callan.