Martes, 16 Julio 2019

Lágrimas de gigante

PUBLICADO EL Lunes, 08 Octubre 2018 06:04 Escrito por
Lágrimas de gigante Lágrimas de gigante

Se presentaba el fin de semana deprimente, de la mano de la información política. Los vídeos de la repugnante violencia desatada en Cataluña, favorecida por un gobierno traidor vendido a los separatistas, eran suficiente material para alimentar la tristeza más profunda y el pesimismo más fundamentado.

No es que pierda la perspectiva de esta triste realidad por lo que es objeto de este artículo, pero en situaciones tan penosas, uno busca el consuelo allí donde se le ofrece. Y una vez más, en España es el deporte el que nos brinda algunas alegrías.

Como ha ocurrido en otras ocasiones, hemos vivido un fin de semana pródigo en éxitos para nuestros deportistas. La selección femenina de baloncesto ha logrado un brillantísimo bronce en el Mundial. Una joven murciana, Ana Carrasco, ha marcado un hito histórico al ser la primera mujer que gana un Mundial de motociclismo, con el valor añadido de que en este deporte, no existiendo categorías por sexos, las mujeres compiten cara a cara contra los hombres.

Pero es otro murciano, Alejandro Valverde, quien ha puesto un colofón de oro a una trayectoria deportiva casi incomparable en la historia del ciclismo. El ciclista español, a sus 38 años, ya atesoraba un palmarés para figurar en el Olimpo de este deporte; podios en las tres grandes vueltas, cuatro victorias en la Lieja, cinco en la Flecha Valona, un total de 122 victorias como profesional y nada menos que seis medallas en campeonatos del Mundo.

Imaginen lo difícil que debe ser hacer un podio en un Mundial; el murciano, con dos platas y cuatro bronces, tenía ese oro casi como una obsesión, como un sueño que se le escapaba cuando casi lo tocaba con los dedos. Nada menos que seis veces. En Austria, en uno de esos circuitos que van depurando vuelta a vuelta la carrera, haciéndola un ejercicio de eliminación, Valverde afrontó el tramo final con tres rivales teóricamente más lentos, lo que le hacía ser el gran favorito. Y colmó nuestras expectativas; y las suyas, por supuesto.

Cuando yo era niño solían decirnos las madres los hombres no lloran, como un mantra con el que atajar nuestros berrinches. La vida te enseña sobradamente que los hombres sí lloran. Que no hay ninguna hombría en no llorar; que en eso sólo hay ausencia de sentimientos, carencias que nos hacen más pequeños como seres humanos.

No sólo lloran los hombres; lloran los gigantes, los valientes, los fuertes, los hombres de una pieza. Por tristeza, por amor, por alegrías desbordantes, por solidaridad, por muchas causas. Afortunadamente.

Alejandro Valverde es un gigante del deporte. Y sus ojos brillaban acuosos mientras sonaba el Himno Nacional de España y ondeaba nuestra bandera . Antes, se había roto en sollozos al poco de cruzar la meta. El sueño buscado con años de lucha, por fin, hecho realidad.

Los deportistas nos dan, con frecuencia, lecciones de vida. Lecciones sobre cómo son el esfuerzo, la constancia, la dedicación, el trabajo o el valor, son la clave para conseguir victorias. Victorias que no siempre son sobre los rivales; a veces, tan sólo sobre nosotros mismos.

Quien esto les escribe sólo fue un deportista modesto; pero recuerdo que minutos después de terminar mi primer triatlón de distancia Ironman no pude contener las lágrimas. Vencerse a sí mismo, a sus miedos, a sus limitaciones, no es magra victoria.

Los hombres lloran; incluso los gigantes. Una vez más, es en el deporte donde un español encuentra personas que le reconcilian con el ser humano. Es muy difícil mirar un telediario y no sentir una profunda desesperanza. Al final, por suerte, en la información deportiva, encontramos con cierta frecuencia un motivo para la sonrisa. Y para la esperanza.

Enhorabuena, Alejandro. Por tu victoria. Por darnos una alegría a todos los españoles. Y por tus lágrimas de gigante.

 

Sergio Pérez-Campos

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