Viernes, 19 Julio 2019

La sociopatía de Ada Colau arrasará de nuevo Barcelona gracias a Ciudadanos

PUBLICADO EL Domingo, 16 Junio 2019 09:05 Escrito por
Ada Colau y Pablo Iglesias o la antítesis del amor a España Ada Colau y Pablo Iglesias o la antítesis del amor a España

 

Siendo un intuitivo fisonomista la cara dura de Ada Colau, cuando se servía de la tragedia ajena para impulsarse personalmente con la excusa de la lucha antidesahucios, siempre me parecíó extraña, malcarada, desagradable en extremo, conformando una caricatura paradigmática de la hipocresía en su más baja condición social. Y no me equivocaba que el tiempo ha acrecentado la fealdad, tal cual el interior pútrido aflora a su físico poco agraciado,  como no podía ser de otro modo que la arribista incrementara la bastedad moral como alcaldesa cuanto más se la conoce por ese perfil político y personal que roza la sociopatía.

¿Sociopatía? No lo digo yo, pero se presta a reflexión la actitud de esta oportunista que envilece al Ayuntamiento de Barcelona. El Estado democrático es un coladero de sus enemigos por no saber blindar la autodefensa vital de su razón de ser en libertad; algo muy distinto al libertinaje imperante en la clase política. Porque la grandeza de la democracia consiste en dar voz a cuantos expresan sus ideas, por muy dispar que sea la ideología con la que se comulgue; pero su miseria es dar pábulo a cuantas minorías entorpecen la convivencia y pretenden arrancar las raíces de la convivencia que durante cuarenta años han sido profunda garantía de progreso, consenso y solidaridad. La Constitución alemana previno no ser dañada por quienes podían amenazarla. La nuestra no lo supo hacer bien.

 La democracia española debería saber defenderse de los estímulos destructivos que la amoralidad y la ignorancia justifican como derechos para desintegrar la sociedad y la paz social de sus ciudadanos. De ser así, Ada Colau sería  un histrión sin oficio ni beneficio parasitando de los necesitados que usó como trampolín para sus enfermas reivindicaciones. Porque hay que estar enferma para reír durante un acto de homenaje a quince personas asesinadas en Las Ramblas, precisamente por su despótica inutilidad a la hora de proteger a la ciudadanía. Y hay que revisar, además de los conceptos de moralidad, un posible trastorno psicológico cuando decía estar más consternada por la aplicación del Artículo 155-precisamente para contrarrestar la actividad delictiva que se alentaba desde el Ayuntamiento que dirige-que por la vil masacre de las Ramblas, del 11-M por añadidura será, por las cientos de Víctimas del terrorismo etarra, y por cuantos crímenes con sangre derramada minimice este engendro político devenido de las sombras del activismo falso y aprovechado. ¿De verdad está en sus cabales alguien que en la demagogia de sus manipulaciones se conmovía por la aplicación de la Ley constitucional y la compara, para subvertirla, con una tragedia de la violencia que ella permitió sin proteger al ciudadano? ¿Es imbécil además de mezquina?

¿Sociopatía? Aunque mi observación no llega a tal grado de incisiva crítica, mi amigo Pedro L. es un versado conocedor de la condición humana, por esa experiencia lúcida que otorgan ochenta y cuatro años exentos de merma y reforzados por una historia personal de memoria apabullante y privilegiada. Es él quien me asegura que Ada Colau, además de ser una ventajista sin escrúpulos, un alma mediocre elevada a los altares de la ignorancia democrática que intenta ningunear la muerte violenta de los inocentes, es una trastornada.

Pedro dice  que ateniéndonos a la descripción del sociópata, Ada Colau es un ejemplo de libro: “conocida como trastorno de personalidad antisocial, se trata de una patología de índole psíquico que deriva en que quienes la padecen pierden la noción de la importancia de las normas sociales como son las leyes y los derechos de las personas. Presentan un grave cuadro de personalidad antisocial que les hace rehuir de las normas establecidas”.

“Ignacio, con mayor razón es detectable la sociopatía si se esconde tras la excusa de activismo social que pretende solaparla. La evidencia de los hechos habla de Colau acorde con las características de un sociópata”, afirma mi sabio y experimentado amigo Pedro. 

Ajustado el comportamiento de esta alcaldesa a la definición de esta patología, se debería exhortar una reglamentación con la obligatoriedad de un examen psicológico de carácter normativo para todos cuantos aspiraran a presentar candidatura. Tampoco estaría de más un currículum mínimo para ejercer un cargo público. Seguro que muchos de los majaderos de nueva hornada que pretenden dinamitar el orden establecido, necesitan un tratamiento para dejar de perjudicar la sociedad española que los soporta. Y con ellos unos cuantos más que depositarían, después de todo, la papeleta del voto para que los sigan representando.

Entraña mucho peligro este manicomio de ignorantes en una sociedad mayoritariamente cuerda, donde personajes como Colau y otros deberían ser examinados ante tan sospechosos trastornos de personalidad; otros también porque lo de los fracasados Pablo Iglesias, Garzón, Echenique, etc. tampoco se entiende, vamos, como los delirios de grandeza de un catalanismo que es el hazmerreír del mundo entero. Locos de atar.

Mención aparte es ver al estulto Valls aplaudir la segunda investidura gracias al traicionero y arribista partido afrancesado del veleta Albert Rivera. Tontos del culo pase, traidores… es otra cosa que pagarán en próximos comicios. Apestan a oportunismo arrimado a la hipocresía y la demagogia que han evidenciado pactando con inequívocas como insanas codicias. Y Colau alcaldesa. Sociópatas todos.

 

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