Martes, 18 Junio 2019

La maldición de los 21 de diciembre

PUBLICADO EL Domingo, 23 Diciembre 2018 09:13 Escrito por
La maldición de los 21 de diciembre La maldición de los 21 de diciembre

Da la impresión de que los sucesivos gobiernos españoles, desde la derecha a la izquierda, se han propuesto amargarnos las vísperas de la Navidad y, en concreto, el día anterior al cántico ritual de los niños del Colegio de San Ildefonso. Puede que sea un intento de transmitirnos un mensaje subliminal de que no nos fiemos de la suerte o, al revés, el modo de compensar el bochorno de un día con la expectativa del siguiente, cuando rueden los bombos.

Fue el año pasado cuando el pusilánime don Mariano, asustado por el paso al que había sido obligado a dar -tras el mensaje público del Jefe del Estado- aplicó de forma meliflua el artículo 155 y, como para disculparse, convocó atropelladamente unas elecciones autonómicas para el 21 de diciembre. No se le hubiera ocurrido ni al que asó la manteca la ocurrencia de ofrecer las urnas a los adversarios que seguían disponiendo de todas las armas mediáticas y propagandísticas y mantenían la efervescencia en la calle, acrecentada por el tradicional victimismo.

Y ha sido este año cuando el diletante don Pedro ha convocado el Congreso de Ministros en el centro de Barcelona, acompañando la cita a su gabinete con una vergonzante carta al supremacista Quim Torra para mendigar una suerte de reunión, que este ha considerado de carácter bilateral, hasta el punto de establecer el lugar de reunión en el Palacio de Pedralbes, donde se suele alojar a los dignatarios extranjeros de visita en Barcelona. Lo que podría haber sido considerado como una actitud de gallardía por parte del ejecutivo español y su presidente se ha convertido en política de sumisión; Sánchez no solo ha sido entregado a las masas vociferantes de separatistas, sino vencido ante los constitucionalistas, como vulgarmente se dice.

Ya sabemos algunos de los puntos que conforman el documento de rendición: rehabilitación de la figura de Companys (golpista contra el gobierno de la 2ª República en 1934, en alianza con los también golpistas del PSOE, y responsable de miles de muertos en la retaguardia catalana durante la guerra civil); eliminación de la palabra Constitución para no ofender a los separatistas… No sabemos - ¿algún día será así? - el resto de claudicaciones de este Gobierno español.

A pesar de las llamadas al pacifismo del piadoso Junqueras -nos imaginamos que debilitado por su huelga de hambre- y de los avisos del vicepresident Aragonés para que los secesionistas no mostraran ni enfado, ni rabia, ni tristeza, la algarada callejera y el caos por los cortes de autopistas y carreteras fue un hecho anunciado suficientemente, como aquella muerte de García Márquez. El centro de Barcelona ha sido un caos, con barricadas, escaramuzas de la kale borroka de los CDR, batalla campal en El Raval, algunos detenidos y el puñetazo a un periodista no adicto.

Que conste que escribo estas líneas al compás de lo que los cursis llaman el evento, pero he resistido la tentación de convertirme en un simple cronista de los hechos que siguen sucediendo en este momento justo; tampoco he pretendido ejercer de profeta agorero, pero, cuando los lectores lean mis previsiones y hayan visto las imágenes, ya sabrán a qué atenerse.

Toda la oposición pide al gobierno del sanchismo una nueva aplicación del artículo 155, y no precisamente de la forma atenuada con que el PP de Rajoy obsequió a los separatistas; quizás por esto, el emergente Casado redobla sus exigencias en este sentido, sin que consiga hacernos olvidar a algunos cuál fue la actitud de su partido cuando estaba aún en el poder. No confío en que el clamor opositor convenza al actual presidente, y tampoco en una nueva aparición del Rey ante las cámaras y todo el pueblo español para forzar la jugada.

Es posible que, tras las algaradas y el caos, todo siga igual y, con el paréntesis de la jornada del sorteo y las inmediatas celebraciones navideñas, las posturas sigan inamovibles: un débil PSOE insistiendo en la necesidad del diálogo, una oposición bramando el ya te lo dije y un separatismo más virulento y con ínfulas de triunfador en la partida, tras haber conseguido que los ministros del Gobierno de España salieran por la puerta de atrás del Palacio de la Lonja de Barcelona.

A todo esto, los muchísimos catalanes que nos sentimos profundamente españoles (por favor, apéenos al tratamiento de constitucionalistas o unitarios) seguiremos en el año nuevo soportando la presión social, política y callejera del secesionismo, que alcanzará sus mayores cotas -también es una previsión- cuando empiecen las sesiones judiciales a los políticos presos por el golpe de Estado del otoño del 2017.

Quede constancia de que, en todo caso, seguiremos ahí, con o sin el apoyo -más claramente lo último- de las instancias oficiales nacionales, pero seguros de que lo tenemos por parte del resto del pueblo español.

Y perdonen que un servidor, forzado por la maldición de los 21 de diciembre, les haya escrito de esta política lamentable en estas fechas entrañables y familiares -aquí, menos por la escisión social- de la Natividad del Señor.

Manuel Parra Celaya

"IN REBUS DUBIIS"

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