Lunes, 17 Junio 2019

La ira de los burgueses

PUBLICADO EL Martes, 21 Mayo 2019 11:03 Escrito por
Ciegos, sordos y mudos... hasta la muerte Ciegos, sordos y mudos... hasta la muerte

 

 

Admítelo: Has pillado un cabreo del doce cuando al echar gasolina has visto el hostión que el guapito del Falcón le ha metido al precio. Y sólo es el principio, porque prepara un paquete fiscal que nos llevará a ser el país con mayor presión fiscal del mundo, considerando nuestro nivel de renta.

Es posible que hayas reaccionado con estupor; el del tonto del haba que después de votarles creyendo que joderían a los ricos para beneficiarte a ti, has comprendido –tarde, como siempre-, que para un político socialista ricos son casi todos los que tienen un duro en ese bolsillo al que tanto les gusta meter mano. Es posible que finjas incredulidad, incluso indignación por haber sido engañado, pese a que en lo único en lo que no mintieron nunca los socialistas fue en sus planes recaudatorios, digan lo que digan los derechones amigos del régimen.

También es posible que seas de esos que se han indignado al sufrir el atraco por no sentirte culpable, porque hayas votado a alguno de los otros partidos del sistema. Te recuerdo, por cierto, que la presión fiscal en España no ha dejado de subir desde el 78, porque la criatura que se parió, este precioso régimen que se autodenomina pomposamente estado de derecho sale más caro que invitar a comer todos los días a Carpanta. Con tanta autonomía, tanto enchufado, y tanta corrupción sistémica, nos desangrarán hasta la muerte. Los unos y los otros. Y si no, amigo derechón, recuerda a Montoro y su rictus vampiril, con esa abyecta sonrisa que se le marcaba cuando sacaba adelante alguna de sus trampas recaudatorias.

Lo cierto es que tu ira, amigo burgués, seas de derecha o izquierda, refleja tu intrínseco egoísmo. Sólo se activa cuando te joden a ti. Más aún, cuando agrede tu sacrosanto bolsillo. Tu ira ha permanecido aletargada ante las mil y una tropelías del sistema, desde el proceso desintegrador de España, hasta la prostitución de la justicia, pasando sin duda por la insultante y exhibicionista corrupción de nuestra castuza política.

No has saltado iracundo cuando eran otros ciudadanos los que sufrían en sus carnes la corrupción de su justicia; cuando eran otros los que rabiaban impotentes al no poder echar a un okupa de su casa; cuando era otro el que se marchaba esposado por una denuncia falsa; cuando era otro el desahuciado por uno de esos bancos a los que rescató con sus impuestos;  cuando es otro el que llora con rabia la excarcelación del terrorista que le dejó huérfano; cuando es otro el que se arruina por una criminal tasa a la muerte; o cuando un disidente, un patriota o un periodista valiente y comprometido es perseguido por una justicia independiente que trabaja con todo descaro en favor de los poderosos.

De hecho, amigo burgués, me has recriminado una y mil veces, ante mis críticas, que no hay que ser tan radical,  ¿y qué vas a hacer?, ¿y si no a quién vas a votar?, este es el menos malo de los sistemas,  y un largo etcétera de mensajes que asumiste borreguilmente con tal de que nada perturbara tu paz miserable y egoísta. O eso que tú consideras paz, olvidando que ésta no existe si no hay justicia.

No me parece repugnante la ira cuando es justa; cuando es la reacción de un espíritu noble ante la injusticia, la mentira, la iniquidad.

Pero la tuya, amigo burgués, es la ira que brota de lo peor del ser humano. Tú, que perdonaste al infame Pedrito que mintiera, que pactara con los que quieren destruir España, que enchufara a su mujer en un empleo donde no la conocen, que se paseara en un avión que pagamos todos para exhibir su pose a lo Kennedy, en su enésimo alarde de narcisismo. Ahora no le perdonas que te meta la mano en el bolsillo para sufragar sus paseitos aéreos.

Ahora te enteras, amigo burgués, de que sus fantasías y sus aires de grandeza los vas a pagar cada vez que eches gasolina, o cuando te carguen el recibo de la luz; o cuando muera tu padre y te achicharren si quieres conservar la herencia.

Mereces pagar la gasolina a diez pavos, y mereces toda la mierda que, ten por seguro, te va a llegar de la mano de este sistema al que tanto has defendido. No te importó la patria, ni la injusticia social, ni vivir en un pudridero moral. No te importaron miles de compatriotas sufriendo las consecuencias de tu voto necio.

A mí ahora tampoco me importa tu ira. Más bien me asquea. Como tú.

Disfruta de tu sistema. Porque tú, amigo burgués, sí que careces del derecho a quejarte.

Sergio Pérez-Campos

DISIDENCIAS

Comenta esta noticia