Lunes, 17 Diciembre 2018

La gaita, la lira…y la sinfónica

PUBLICADO EL Miércoles, 10 Octubre 2018 21:12 Escrito por
José Antonio Primo de Rivera, su pensamiento más vigente que nunca José Antonio Primo de Rivera, su pensamiento más vigente que nunca

Al hilo del Editorial escrito por nuestro director, Josele Sánchez, que el pasado lunes -desde su triste exilio en el Tercer Mundo- magistralmente comparaba el mitin de la formación ultraconservadora VOX en la plaza de Vista Alegre con el acto fundacional de la Falange en el Teatro de la Comedia y a Santiago Abascal lo enfrentaba directamente con José Antonio Primo de Rivera, me han venido las siguientes reflexiones.

Muchos joseantonianos, falangistas de partidos, falangistas sin falange, o de otras tendencias afines, fuimos captados por él –muchos, ya para siempre- a través de sus bellos primeros escritos. “La Gaita y la Lira”; “Euzkadi libre”, o el mismo discurso fundacional en el teatro de la Comedia, con esa belleza lingüística, con el convencimiento que emanan, con la ejemplaridad que acrisolan, con la llamada poética, estética  llenaron –llenan-  de ilusión y de  esperanza en un mundo mejor a millones de españoles , de nueve décadas…

 

La concepción de España como algo muy superior y distinto a los sentimiento y a las emociones expresado con la belleza inmarchitable de sus palabras, aunque basadas en otros pensadores y filósofos, ante  los que siempre actuó en una actitud de síntesis, en parte debido a su juventud, siempre una constante en la doctrina joseantoniana. Doctrina que no es ”tesis”, ni “antítesis” ,sino “síntesis”, como atinadamente expresó mi añorado Manolo Cantarero. Lo nacional y lo social; la libertad y la justicia; el individuo y la persona; la patria y la igualdad; la propiedad de los medios de producción y el derecho a la propiedad individual… Toda la doctrina se fundamenta en esa dualidad, que no es un “punto medio” sino un agudo vértice “arriba” de los lados de la pirámide de la vida y de la sociedad.  

En su ”oración” por la espiritualidad, por la trascendencia,  por la ”lira”, José Antonio no olvida ni renuncia a la gaita, a los sentimientos,  al “pathos”,  a    la forma de pensar  del corazón, que tanto nos mueve a todos; como  nos mueve la forma de “amar”  del espíritu, en expresión del llorado colega, el Dr. Aduardo Adsuara. 

El vinculante proyecto de vida en común arranca de la persona como individuo-social, se constituye en familia; convive en municipio y en su sindicato, asciende a la nación…y aspira a la Patria común… Y siempre ascendiendo en una gran pirámide representativa, que, utópicamente, culmina en la Humanidad, sin borrar ni al municipio, ni al sindicato,  ni a la nación.

En la consecución de esa “nación”, los reinos, los condados, las regiones, fueron renunciando a parte de sus competencias, de su soberanía, en favor del bien mayor. Y esa línea ascendente culminaba, en los años 30 del pasado siglo, en la soberanía nacional que se concretaba en patria. Solo los USA y la URRS habían logrado superar la fase nacional para convertirse en supranación, en Imperio… en un Imperio que no podía emular al de ”las Españas” de los siglos pretéritos.

Tras los fracasados intentos supranacionales europeos a través de enfrentamientos bélicos,  español ( siglo XVI), francés (siglo XIX) y alemán ( siglo XX) , la UE actual es un nuevo proyecto unitario “pacífico” y difícil. Como ocurría en los proyectos previos  y en las construcciones nacionales, las partes “a unir” han de entregar parcelas de soberanía al órgano vinculante; a veces con dolor.

Es natural que las organizaciones políticas reaccionarias, conservadoras, que han olvidado “la lira” y para los que la ”gaita” se manifiesta en intereses y sentimientos, miren con recelo o se opongan abiertamente al pausado proceso integrador. El auge europeo de esos partidos políticos nacionalistas y xenófobos recoge esas tendencias. Es natural.

Pero los grupos, las personas, las generaciones que hemos crecido –o muerto- en la esperanza joseantoniana, en aquella poesía, en aquellos luceros, en aquellos amaneceres, no podemos dejar de lanzar nuestra flecha sin apuntar al sol. Y en ese arco tenso de esperanza, aspirar a trasladar, ofrecer y compartir con todos los pueblos y naciones de Europa, las virtudes ancestrales, aún latentes, de nuestra España.

En ese ámbito supranacional al que debemos aspirar seguiremos emocionándonos con el tañido de la gaita local o regional; y seguiremos amando la música inmaterial de la lira que alienta nuestro espíritu.

Y, finalmente, aspiraremos a no desentonar en esa nueva gran orquesta sinfónica europea, interpretando un nuevo  maravilloso e ilusionante Himno a la Alegría.

 

 

Carlos León Roch

Ad Utrunque Paratus

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