Martes, 19 Febrero 2019

App La Tribuna de España

La familia de Cristo

PUBLICADO EL Domingo, 23 Diciembre 2018 09:22 Escrito por
La familia de Cristo La familia de Cristo

Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen»

 

En Lucas 8,21 Un hermoso pasaje del Evangelio, Cristo nos dice: Mi madre y mis hermanos son los que hacen la voluntad de mi Padre.

Para ser familia de Cristo hay que hacer la voluntad del Padre Celestial, quien nos ofrece su paternidad y nos convierte en sus hijos, es por el bautismo que pasamos a ser hijos adoptivos de Dios, esto quiere decir que quienes no están bautizados por la Iglesia verdadera, es decir la Santa Iglesia católica, ¡No son hijos de Dios!. Dios ofrece su paternidad, mas no la impone, es preciso que el individuo acepte voluntariamente a Dios como Padre y a Cristo como el salvador del mundo, y se miembro de la única Iglesia fundada por Cristo ¡La Santa Iglesia católica! esa es la voluntad de Dios.

Así pues quienes no aceptan a Dios como Padre y a Cristo como el redentor del mundo, no son hijos de Dios ni familia de Cristo, estos no quieren hacer la voluntad del Padre Celestial, por tanto es falsa la idea de que todos somos hijos de Dios, y esa afirmación responde a un intento sincretista fruto del relativismo que incluso se ha introducido en la Iglesia. Solo son hijos de Dios y hermanos de Cristo, los católicos bautizados  que hacen la voluntad del Padre. Solo La Iglesia Católica es la Iglesia de Cristo, el único y verdadero pueblo de Dios. Si es el bautismo el sacramento que nos hace hijos de Dios y miembro de su santa Iglesia, quiere decir que antes de ser bautizado, no éramos hijos de Dios.

Jesús no ofende para nada a su Madre, ya que Ella es la primera en escuchar la Palabra de Dios y de Ella nace Aquel que es la Palabra. Al mismo tiempo es la que más perfectamente cumplió la voluntad de Dios: «He aquí la esclava del Señor: hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38), responde al ángel en la Anunciación.

Jesús nos dice lo que necesitamos para llegar a ser sus familiares, también nosotros: «Aquellos que oyen...» (Lc 8,21) y para oír es preciso que nos acerquemos como sus familiares, que llegaron a donde estaba; pero no podían acercarse a Él a causa del gentío. Los familiares se esfuerzan por acercarse, convendría que nos preguntásemos si luchamos y procuramos vencer los obstáculos que encontramos en el momento de acercarnos a la Palabra de Dios. ¿Dedico diariamente unos minutos a leer, escuchar y meditar la Sagrada Escritura? Santo Tomás de Aquino nos recuerda que «es necesario que meditemos continuamente la Palabra de Dios (...); esta meditación ayuda poderosamente en la lucha contra el pecado».

Y, finalmente, cumplir la Palabra. No basta con escuchar la Palabra; es preciso cumplirla, si queremos ser miembros de la familia de Dios. ¡Debemos poner en práctica aquello que nos dice! Por eso será bueno que nos preguntemos si solamente obedezco cuando lo que se me pide me gusta o es relativamente fácil, y, por el contrario, si cuando hay que renunciar al bienestar, a la propia fama, a los bienes materiales o al tiempo disponible para el descanso..., pongo la Palabra entre paréntesis hasta que vengan tiempos mejores. Pidamos a la Virgen María que escuchemos como Ella y cumplamos la voluntad de Dios para andar así por el camino que conduce a la felicidad duradera.

Somos familia de Cristo porque por el bautismo somos hijos adoptivos de Dios, por tanto hermanos de Cristo, pero además tenemos que hacer la voluntad del Padre, pues como nos dice Mateo 7,21 no todo el que diga Señor, Señor, entrara en el Reino de los cielos.

Comenta esta noticia