Sábado, 24 Agosto 2019

La España vacía. Columna dominical de Manuel Parra Celaya

PUBLICADO EL Domingo, 11 Agosto 2019 07:56 Escrito por
La España despoblada La España despoblada

 

No obviemos la necesidad de un repoblamiento de las zonas abandonadas, mediante incentivos fiscales y ofertas de instalaciones, locales y servicios; la no menos imprescindible incentivación de la natalidad, exigencia imperiosa de toda Europa y, sobre todo, española; la regulación de los flujos migratorios de una forma racional y ajena a los criterios impuestos de las sociedades abiertas, con atención a los contratos en lugares de origen, a  la especialización, a la formación y a la integración cultural, en evitación de guetos y creación de comunidades ajenas a nuestra tradición nacional.

 

Suscríbete a patreon.com/latribunadeespana para poder acceder a contenido exclusivo por sólo 3€/mes

 

Por 1 euro al mes (menos de lo que cuesta un café) puedes ayudarnos a seguir haciendo este periodismo que quieren callar.

Sólo tienes que darte de alta en este enlace

https://www.teaming.net/porlalibertaddeprensa-mujeresdelatribunadeespana-

 

 

Omito los últimos datos estadísticos de la despoblación de una gran parte de la España del interior, pues están a disposición de todos los lectores en las redes informáticas y, periódicamente, en algún medio que se hace eco del gravísimo problema; en esos casos, la información -escalofriante- suele ir seguida de rotundas afirmaciones de algún político en el sentido de que él es consciente del problema y de que está en estudio un plan inmediato para resolverlo.

La realidad es que, con o sin su publicidad en los medios, unos ámbitos de nuestra Piel de Toro se convierten prácticamente en desiertos, un gran número de pueblos se vacían y no pocas ciudades, antes prósperas, entran en una fase de decadencia, anuncio de decrepitud y quizás de muerte. Los estudios y planes de los políticos -si es que existen- seguirán durmiendo en el fondo de los cajones de los despachos o en archivos informáticos, entre otras curiosidades, y solo resucitarán al público para las noticias ocasionales.

Se podrían señalar numerosas causas de esta despoblación, vacío y posible muerte, y no todos -seamos justos- por la inanidad de la clase política; las hay exógenas y endógenas, de naturaleza económica y sociológica. Entre estas últimas, señalemos un natural empeño de los padres del ámbito rural para que sus hijos hicieran carrera, no estuvieran sujetos a las privaciones y dureza de la anterior generación y pudieran trabajar y residir en las capitales más prósperas; fue natural, porque todos hemos procurado encauzar de la mejor manera a nuestros descendientes.  Unamos este factor a la mentalidad de asalariado mayoritaria, esto es, a no querer asumir responsabilidades, o a la también extendida de funcionario, garantía de seguridad en el empleo en estos momentos de incertidumbres. La educación más tradicional ha incidido en ambas tendencias.

Entre las causas exógenas, estuvieron, claro, aquellos cupos sobre nuestros cultivos, ganados y pesquerías que nos impuso nuestra integración en la UE, acaso por unos tratados firmados con escasa meditación por parte de nuestros apresurados firmantes, y nuestro atraso en la aplicación de las nuevas tecnologías, es decir, por llegar tarde a la cuarta revolución industrial.

¿Soluciones en este momento? En todo caso, deben ser progresivas, constantes, inteligentes y movidas por el bien común, características que nos hacen dudar de que estén al alcance de nuestros teóricos representantes, que se mueven más por el interés de partido o por el de sus mentores de trastienda.

Desde nuestra humildad de conocimientos y nuestra escasa posibilidad de intervención, apuntemos, en primerísimo lugar, el papel de la educación; formar formadores en la inquietud por crear emprendedores y fomentadores de riqueza; ello repercutiría en aspectos económicos y sociales (empleo); se trataría de ir trabajando un tejido industrial y comercial en las localidades más depauperadas, que provocaran un mayor arraigo local.

Las empresas pequeñas tienen un rasgo de agilidad, lo que, unido al factor de proximidad, les daría aspectos competitivos sobresalientes; el papel de las nuevas tecnologías es fundamental, y su aplicación a los oficios tradicionales podría darles un impulso imprescindible para su renovación. La revitalización del sector primario, convenientemente adaptado a los tiempos y a las innovaciones tecnológicas, debe constituir una prioridad de nuestros negociadores en Bruselas y en todos aquellos lugares donde se acuerdan -o dictan- los tratados internacionales en producción y en comercio.

No obviemos la necesidad de un repoblamiento de las zonas abandonadas, mediante incentivos fiscales y ofertas de instalaciones, locales y servicios; la no menos imprescindible incentivación de la natalidad, exigencia imperiosa de toda Europa y, sobre todo, española; la regulación de los flujos migratorios de una forma racional y ajena a los criterios impuestos de las sociedades abiertas, con atención a los contratos en lugares de origen, a  la especialización, a la formación y a la integración cultural, en evitación de guetos y creación de comunidades ajenas a nuestra tradición nacional.

¿Hablamos de utopías? Como muchas de las transformaciones que precisa nuestra sociedad, no para hacerla irreconocible hasta para la madre que la parió, sino para hacerla precisamente más digna de ella, en esfuerzo de imaginación creadora, puede parecer utópica a quienes se han acomodado a una inercia destructora, solo sacudida por las graves tensiones que, de vez en cuando, ponen en riesgo su propia existencia como nación moderna.

Manuel Parra Celaya

"IN REBUS DUBIIS"

Comenta esta noticia