Martes, 18 Junio 2019

Juezas verdugo: Isabel Rodríguez y Zaplana, hasta que su muerte les separe

PUBLICADO EL Lunes, 31 Diciembre 2018 12:27 Escrito por
Juezas verdugo: Isabel Rodríguez y Zaplana, hasta que su muerte les separe Juezas verdugo: Isabel Rodríguez y Zaplana, hasta que su muerte les separe

Jamás, hasta hoy, el director de este periódico ha hecho un comentario a ningún artículo que -como es sabido- siempre es la opinión del columnista y no la de La Tribuna de España que se expresa mediante sus propias noticias y en los artículos de este periodista que, como director, se convierten en Editoriales (es decir, en posicionamiento oficial del medio). Eduardo Zaplana (a quien conozco muy bien) me resulta uno de los personajes más despreciables de cuantos han pasado por la política de España. Creo que merece la prisión (y que la merecía muchos años antes por muchísimas actuaciones irregulares y por haber sacado siempre un buen provecho personal a todos los cargos que ha ostentado). Sin embargo coincido con el prestigioso jurista que suscribe este artículo. Dejar morir a alguien en su casa lo merece hasta el más despreciable de los criminales; Zaplana ha sido tan mala persona que no creo que tenga mucho gente para acompañarle en sus últimos momentos. Pero, hasta por caridad cristiana, cuando es evidente que un preso se encuentra en los umbrales de la muerte (y no se trata de una artimaña para eludir la prisión, como la del exalcalde de Marbella y la de algún que otro etarra en la mente de todos los lectores) creo que resulta despreciable una negativa judicial a que el reo pueda morir en su casa.

 

 

Hace años ya escribí de la existencia de “jueces instructores y jueces destructores”, que son aquellos que desde una supuesta instrucción se dedican a hundir personal, profesional y socialmente a los pobres desgraciados que caen en sus manos.

Voy a tener que republicarlo, pues es evidente que, por desgracia, sigue siendo un tema de excesiva actualidad.

Parece ser que hay personas que se refugian en un juzgado de instrucción para, y desde allí, proyectar su odio a todo el género humano, y especialmente a las personas de ideologías políticas distintas a la suya.

Y no es por nada, pero abundan más las mujeres que los hombres, que proyectan sus frustraciones personales, sus fracasos matrimoniales, su antipatía hacia los hombres, incluso su insatisfacción sexual, sobre los hombres que tienen la desgracia de caer en sus manos, ¿o debería decir en sus garras?

Algunos jueces, y muchas juezas de instrucción, siguen pensando que la letra con sangre entra, y que hay que mantener a los investigados el máximo tiempo posible en prisión, para “que canten”… ¡Tesis defendida por cierto por todo un presidente de audiencia provincial, próximo a Zaragoza!

El propio ministerio fiscal muchas veces colabora en esa tarea de “adobo” del investigado, ofreciendo a sus abogados su informe favorable a la puesta en libertad del preso preventivo, por su “colaboración” con la justicia, si canta l

La Traviata, y lo que haga falta, acusa a otras personas, aunque sean inocentes –eso es lo de menos-, etc.

En definitiva, tenemos un sistema de instrucción penal absolutamente impropio de un estado que dice ser social y democrático de derecho, desde hace 40 años, nada menos.

Pero la actuación de la juez doña María Isabel Rodríguez Guerola ya roza el rizo de la arbitrariedad, y digo arbitrariedad por no decir prevaricación, presunta, por supuesto, faltaría más, que yo me pongo los guantes antes de ir a mear, por lo que pudiera suceder.

Denegar el consuelo religioso a un interno hospitalizado, con una grave enfermedad que le tiene al borde de la muerte, como es don Eduardo Zaplana, e incluso la visita de un Príncipe de la Iglesia, a un fiel de la religión católica, que siempre ha hecho públicas manifestaciones de su fe y principios religiosos, se me antoja similar a la tortura medieval.

Pretender que vuelva a prisión, hasta que muera, cuándo aquí se libera a peligrosos asesinos etarras, para que puedan morir en paz, y con su familia, etc., cuándo no ha sido ni juzgado ni condenado –o absuelto, como es muy posible-, y es más, previsiblemente, y por desgracia, nunca llegue a ser juzgado por los humanos, me parece digno de intervención del CGPJ.

Sí, ya sé que el CGPJ no puede inmiscuirse en la jurisdicción, pero una cosa son las resoluciones judiciales y otra bien distinta el maltrato a los investigados o acusados, presos preventivos, etc., el ejercicio arbitrario del Derecho y la prepotencia judicial.

Desconozco la situación personal y familiar en la vida de doña María Isabel Rodríguez Guerola, si lo que pretende es hacer carrera política, que otras han llegado a ministras de justicia con menos “méritos”, pero parece obvio que está dispuesta a seguir unida a don Eduardo Zaplana hasta que la muerte de don Eduardo les separe…

Urge reformar la jurisdicción, la prisión preventiva y el excesivo poder de los jueces de instrucción, muchos de los cuales se refugian en sus “juzgados de destrucción”, pues fuera del poder judicial no son nada ni nadie.

Rezaré por el señor Zaplana y por su pronta recuperación o, por lo menos, para que pueda morir en paz, y rodeado del cariño de sus seres queridos.

Es un derecho humano que toda persona merece.

Ramiro Grau Morancho

Jurista y escritor.

NAVEGANDO CONTRACORRIENTE

www.ramirograumorancho.com

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