Lunes, 17 Junio 2019

Incompetencia y pasotismo judicial

PUBLICADO EL Viernes, 07 Junio 2019 21:40 Escrito por
¿Justicia o legalidad? ¿Justicia o legalidad?

 



Cuando empecé a estudiar Derecho, a la temprana edad de treinta y cinco años, pensaba que los juzgados estaban para resolver los problemas de la gente, y los abogados, en ocasiones, para crearlos. Ahora, en cambio, estoy empezando a creer que muchos órganos judiciales se “entretienen” creando problemas al ciudadano que acude a ellos en defensa de sus derechos e intereses legítimos.

O, tal vez sólo se trate de hacer número, aunque no se resuelva nada en el expediente correspondiente. Como sucede con los asuntos que son de juicio de faltas, pero que se incoan por costumbre como diligencias previas, para luego transformarlas en juicio de faltas, y así se duplica artificiosamente la estadística judicial, y quedamos como grandes trabajadores, aunque el juzgado sea de los que debieran desaparecer por su escasa carga: Boltaña, Calamocha, en Aragón, etc.

Recientemente acudió a mí un amigo, al que otro supuesto amigo le adeudaba una pequeña cantidad que le había prestado, gratis et amore. Y es que hay amigos que lo son de verdad. Pues bien, envié un escrito al prestatario, dándole un plazo prudencial para la devolución del dinero, que por supuesto no hizo, ni total ni parcialmente.

Dada la cuantía del asunto, interpuse un procedimiento monitorio, como mandatario verbal del acreedor. El juzgado al que le tocó el litigio dictó un Auto en el que inadmite el asunto, basándose en que no consta acreditada la representación que alego para el ejercicio de la acción presentada.

Les hubiese bastado con darnos un plazo para subsanar ese defecto en la demanda, de forma que el demandante pudiese acudir al juzgado a darme poder apud acta, pero claro, no se va a molestar el juzgado en hacer dicho trámite, pese a que la jurisprudencia entiende que los defectos que son subsanables, como lo era éste, hay que procurar enmendarlos en el mismo proceso, por razones de economía procesal. Eso sí, nos advierten que podemos recurrir, previo pago de cincuenta euros, que está la vida muy cara… Acuerdan también “devolver la documentación aportada”, con lo cual volvemos a tener en nuestro poder los documentos acreditativos de la deuda.

Para evitar perder meses con el recurso, su resolución, etc., presentamos un nuevo procedimiento, con la documentación original, y acompañando un poder notarial acreditativo de que actúo como Letrado, pero en nombre y representación legal del acreedor. Repartido a un juzgado distinto, este se despacha con una resolución en la que nuevamente inadmite la demanda, basándose en que: “En el supuesto que nos ocupa el Letrado que ha presentado la demanda si bien aporta poder de representación del acreedor al no ostentar la condición de Procurador, no puede representar al mismo en instancia judicial”. Archiva asimismo las actuaciones pero se quedan con la documentación original, y únicamente nos devuelven la copia dirigida al demandado.

Tras comparecer en el juzgado y pedir la devolución de los originales nos dicen en una primera ocasión que no pueden devolvernos los originales hasta que hayan transcurrido los veinte días que hay de plazo para impugnar la resolución. Se niegan a hacer una comparecencia en la que hagamos constar que renunciamos a recurrir la resolución –entre otras cosas para evitar el depósito de los cincuenta euros-, y que únicamente queremos la devolución de los originales, para instar un tercer monitorio, a ver si conseguimos de una vez por todas cobrar los dichosos mil euros del préstamo.

(A estas alturas de la “película”, y como ya estoy harto del asunto y del amigo, estoy empezando a pensar seriamente en prestarle yo los mil euros dichosos, visto lo buena persona que es, y lo hideputa de su presunto “amigo”, más que nada para que me deje en paz de una vez).

En resumen, que el acreedor ha tenido que presentar tres monitorios distintos –y ya veremos que nos dirá el tercer juzgado-, otorgar un poder notarial, que le ha costado sus buenos dineros, y al final igual termina necesitando un Procurador, que también le costará lo suyo.

Mientras tanto el deudor sigue viviendo tan feliz y contento.

¿Esta es la justicia que queremos en España…?

Ramiro Grau Morancho

Jurista y escritor.

NAVEGANDO CONTRACORRIENTE

www.ramirograumorancho.com

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