Jueves, 25 Abril 2019

"Hay que limitar, de forma tajante, no el gasto social, sino el gasto político, el que representan las diecisiete autonomías". Manuel Parra Celaya

PUBLICADO EL Domingo, 20 Enero 2019 08:20 Escrito por
Imagen de "Españoles en Acción", una de las asociaciones patriotas que se dedican al reparto de alimentos a españoles necesitados Imagen de "Españoles en Acción", una de las asociaciones patriotas que se dedican al reparto de alimentos a españoles necesitados

 

 

Según Manuel Parra Celaya, uno de los más brillantes analistas políticos de La Tribuna de España, España debe limitar, de forma tajante, no el gasto social, sino el gasto político, el que representan las diecisiete autonomías, con sus correspondientes parlamentos, gobiernos, asesores y entramados paralelos.

 

 

Gasto Social y Gasto Político

 

 

 

Los PGE siguen estando en la cuerda floja, aunque para el Presidente del Gobierno no son más que una anécdota, totalmente prescindible a la hora de mantenerse en el machito. A pesar de ello, son el gran caballo de batalla de nuestra democracia, el principal argumento de discrepancia de los partidos y la piedra de toque de las negociaciones, más o menos secretas, de Sánchez con los secesionistas; claro que él solo es responsable ante Podemos y la historia, y perdonen lo retorcido del parafraseo histórico.

La izquierda encaramada en el poder -nunca mejor dicho- aduce en sus cuentas una defensa cerrada del Estado del Bienestar perdido, en contraposición con la política de recortes que aplicó el defenestrado gobierno del PP (y, en Cataluña, no se olvide, el Govern protoseparatista de Artur Mas); de este modo, sus prioridades teóricas son la subida de las pensiones, el aumento de la vivienda pública, los salarios del funcionariado, la atención a la infancia desvalida, la mejora de las dotaciones para la dependencia, etc., es decir, un crecimiento de los gastos sociales.

Todo ello, justo y necesario. De todas formas, se echa a faltar la protección a la familia y los incentivos para paliar la baja natalidad, pero ello no figura en la agenda del Sistema; por otra parte, todos los medios se han hecho eco del desaforado aumento de las transferencias a las Autonomías, especialmente a aquellos de cuyos votos depende la aprobación de los Presupuestos y a los que hay que contentar para mantener la ficción de un Estado nacional. Habría que volver a repetir, con respecto a esto último, que la izquierda no sabe de historia, pues iguales procedimientos emplearon aquellos gobiernos de la I Restauración para contentar a los independentistas de Cuba y Filipinas y, más modernamente, los gabinetes de Alfonso XIII para apaciguar a lo rebeldes cabileños, y así nos fue en ambos casos.

La derecha aduce que las cuentas no salen y que, en un momento en que se anuncia una recensión económica, este gasto social solo va a endeudarnos a más y mejor y con el se da la espalda a las exigencias de Bruselas, del FMI y demás carroñeros de la Globalización. Y, evidentemente, los números no cuadran en absoluto, aunque sea a base de una política fiscal mucho más dura.

Uno, que no es economista ni político (a Dios gracias) y solo un españolito de a pie, sugiere una medida alternativa: limitar, de forma tajante, no el gasto social, sino el gasto político, el que representan las diecisiete autonomías, con sus correspondientes parlamentos, gobiernos, asesores y entramados paralelos; recortar drásticamente los devengos de los políticos en todos los ámbitos, incluso en alguno, como en las Administraciones locales, volver al gratis et amore de ediles propio del Régimen anterior.

También, aunque siga sonando a herejía, intervenir en la economía financiera en lo que represente de pura y llana especulación, mediante fórmulas que, sin ahogar las necesidades de crédito, prioricen las necesidades de la economía productiva, que es la que en definitiva importa.

Recuerdo que, hace bastantes años, leí un interesante artículo al respecto, nada menos que en El País; lamento no poder ofrecerles más datos sobre la fecha y el autor, pero fue en los primeros años del invento autonómico; de forma que, por el momento, tendrán que aceptar mi palabra, por lo menos mientras intente poner en orden mi laberíntica hemeroteca particular. El título del artículo en cuestión ya era altamente significativo: O Estado del Bienestar o Estado de las Autonomías; mirado desde nuestras perspectiva actual, se trataba de un estudio profético, suponiendo que en Economía valgan los augurios, pues sostenía que, en España, son incompatibles ambos planteamientos: o se atienden los necesarios gastos sociales -que tanta falta hacían al ciudadano español- o se da prioridad a satisfacer a las oligarquías localistas, especialmente a las que cabalgaban ya sobre un incipiente nacionalismo insolidario.

Se eligió, como sabemos, la primera fórmula, para satisfacción de los partidos que, mediante la injusta Ley d´Hont, precisarían el apoyo de los votos de dichas oligarquías para hacer crecer artificialmente sus mayorías parlamentarias. Entre esa decisión y las exigencias de los superpoderes globalizadores, las conquistas -aunque limitadas- del Estado del Bienestar quedaron para los restos.

Ahora, la izquierda busca la alianza -con claros precedentes históricos- de los sectores separatistas con su defensa a ultranza del Estado de las Autonomías, y la derecha -que también la ha buscado en un pasado reciente- aprovecha para continuar con su cicatera política de tijera en lo social.

Queda evidente que no he mencionado, para ahondar en el tema, asuntos relacionados con la política de inmigración ni los cuantiosos caudales destinados a las arcas de del entramado de la Ideología de Género; ambos aspectos forman parte de las imposiciones exteriores del Sistema global. Lo dejaremos para otros artículos, pero que conste que también están estos vidriosos aspectos en la mente de todos los ciudadanos, incluso de aquellos que, en público, no se atreven a definirse en contra de la corrección política.

Manuel Parra Celaya

"IN REBUS DUBIIS"

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