Viernes, 19 Julio 2019

Hablemos de vulgaridades. Por Manuel Parra Celaya

PUBLICADO EL Lunes, 03 Junio 2019 07:40 Escrito por
Democracia lamentablemente cómica la española Democracia lamentablemente cómica la española

 

 

Como casi siempre ocurre, es imprevisible la configuración de las mayorías que harán posible la gobernabilidad (es un decir) de Ayuntamientos, Comunidades Autónomas y, aun, del propio gobierno de la nación. Tertulianos, politólogos y otros preclaros adivinos trazan sus cábalas ante el gran público, del mismo modo que los presentadores de espectáculos dan la vez a magos y prestidigitadores mientras los espectadores contienen el aliento.

De momento, estamos en la conocida situación de las cucamonas, de los guiños, de los dengues, remilgos, juramentos de odio y cordones sanitarios, si bien ya sabemos por experiencia que nada de lo que dicen nuestros políticos puede ser tenido en cuenta. Así, quienes no entendemos -ni queremos entender- de ese suave y poderoso erotismo que trae el poder, de las infidelidades y de los cambios de compañeros (o compañeras, para ser políticamente correctos)  de cama, de los cuernos y apaños, nos atenemos a los hechos, tanto aquellos que nos enseña la historia como los que nos han tocado sufrir en nuestros recorridos vitales como españolitos de a pie.

Si atendemos a ese pasado que hemos estudiado en los libros, podemos tener una referencia en aquel Pacto de San Sebastián, tan lejano en el tiempo como aleccionador, y también en el más próximo Pacto del Tinell y otros similares. Nos prueban que existe una extraña querencia entre quienes se niegan a ser españoles y los que se proclaman de izquierda, sin asumir, por supuesto, ninguno de los supuestos atributos que teóricamente los adornan, tales como sus esfuerzos en pro del trabajador y de la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos en general.

Del triunfalismo y posteriores batacazos de la derecha también tenemos abundantes muestras, y, de este modo, leemos en los manuales aquel ¡A por los trescientos! de la CEDA, que dio lugar a la llegada al poder del Frente Popular de febrero del 36; de un pasado casi inmediato, puede traerse a colación la política de cambalaches y traiciones, de cesiones y dádivas al separatismo de quien se autoproclamaba adalid de la unidad de España, ese señor ya sin bigote que se constituyó hace poco en la sombra de Casado en las elecciones del pasado abril; y no hablamos de la actitud seguida por el Sr. Rajoy y su gobierno por respeto a los difuntos políticos…

Ahora, en el campo de juego de la izquierda (por seguir la terminología habitual), son casi patéticas las súplicas de quien otrora iba a conquistar el cielo para entrar en el gobierno del flamante Sr. Sánchez; este, por su parte, saca pecho con los resultados electorales, pero, siguiendo la estela histórica mencionada, no ha cesado de enviar signos a los separatistas a través de sus mejores figuras, y quizás la menos grave fue la que protagonizó él mismo con el no te preocupes que le espetó al Sr. Junqueras en pleno hemiciclo.; y lo que iremos viendo…

Por su parte, la derecha del PP (o centroderecha o como quiera que le llamemos a su gusto) juega a los tres en raya; no quiere la inoportuna sombra de Vox a su lado, pero no hace ascos de sus posibles apoyos. Ciudadanos ha perdido parte de su credibilidad entre los catalanes por su afán de hacer política y no defender la Política de unidad nacional contra viento y marea en la propia trinchera asignada; olvida sus rotundas afirmaciones de no pactar jamás con Sánchez y pone la condición de que, en caso de aparejamiento con este, el presidente del gobierno se comprometa a aplicar un 155 con cara y ojos a la Generalidad de Cataluña, lo que levanta homéricas carcajadas entre el respetable avezado.

Vox, que ha puesto una pica en Flandes (y nunca mejor dicho) espera pacientemente que requieran su ayuda, tras la acostumbrada lluvia de denuestos del resto de formaciones; también le estalla una disensión en Cataluña, vaya usted a saber por qué, para no hacer continuismo del franquismo y del falangismo (y de los Grandes Expresos Europeos, podríamos añadir).

De forma que, como decíamos al principio, el futuro inmediato requiere una bola de cristal, y cabe tener paciencia y-aconsejo- una buena dosis de humor sardónico y de ironía para esperar a que se perfilen las alianzas y las enemistades casi perpetuas. O, a lo mejor, cuando se publiquen estas líneas ya está todo solucionado (es otro decir), pues cosas más raras se han visto.

A todo esto, hay una población que espera que le gestionen, con habilidad y honradez, la resolución de sus problemas cotidianos, minucias para los partidos, como el puesto de trabajo y el paro, la vivienda y sus hipotecas, la educación de sus hijos y la bolsa de la compra; mucha saliva se gastó sobre esto en la campaña electoral, pero los políticos ya se han repuesto de aquel esfuerzo.

Y, a todo esto, hay una bella creación histórica llamada España, multisecular de edad, imperante ayer y miserable hoy, como la Castilla de Machado, que quiere tener su sitio en el contexto de las naciones, que precisa recobrar su esencia perdida, que necesita encontrar la síntesis armoniosa entre su tradición y su necesaria modernización, que ve como peligra su unidad e incluso su propia existencia, y que tampoco parece formar parte de los desasosiegos de los políticos, enfrascados en las vulgaridades habituales.

Manuel Parra Celaya

"IN REBUS DUBIIS"

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