Jueves, 18 Julio 2019

Ha llegado la hora de Marte… ¡Entra España! ¡Desperta, ferro!

PUBLICADO EL Sábado, 23 Marzo 2019 10:34 Escrito por Laureano Benítez Grande-Caballero
¡Desperta, ferro! ¡Desperta, ferro!

 

 

Españoles, ha llegado la hora de Marte.

Estamos ante la hora decisiva de nuestra Patria, asaltada por los mamelucos de estrella roja en sus boinas negras, por comanches desgreñados, por bolivarianos de guayabera sudada, por femens brujeriles que sobrevuelan calles y avenidas en sus escobas volanderas, por antifas poseídos por el Señor de las Moscas, por sociatas desencadenados desde el golpismo largocaballeresco, por butifarrados esperpentos surgidos en aquelarres estelados, por felones en manadas, por cobardes en rebaños incontables, por giliprogres desatados en bacanales antiespañolas, por sodomitas que como [email protected] se contonean en congas delirantes, por maquiavélicas turbas liberadas desde infiernos rojos y noches de licantropía, que vieron «el sol en mal día,/ en España, ¡ay cuán llorosa!».

España, patria leprosa, gárgola grotesca en las almenas del NOM, muros arrumbados, páramos devastados, vertedero infecto por un Himalaya de progredumbre… ¡Quién te vio, y quien te ve!

En el año 1975 eras católica, vivías apoteosis de adoraciones nocturnas, glorias de Congresos Eucarísticos, embriagada de incienso y aleluyas: hoy la apostasía ha roto tus capiteles, ha emponzoñado a tus hijos, y las blasfemias corroen tu esencia católica con su pérfido veneno, reptando por tu cuerpo como sierpes ponzoñosas, como asaltacapillas que proclaman su coñopotens desde los altares profanados.

Tuviste un Rey que te consagró al Sagrado Corazón, y que perdió su trono porque no se quiso plegar a las exigencias masónicas: ahora el Borbonísimo es jarretero, hijo predilecto de la masonería, más que probable miembro de una logia inglesa, que nos ha consagrado desde su advenimiento al Trono a quien ustedes ya saben, casado con una divorciada atea, roja, republicana, y otras cosas de las que no puedo acordarme.

En 1975 eras un país sano, sin abortos, sin divorcios, con familias numerosas, sin la peste del feminismo ponzoñoso: hoy se divorcia el 70% de los matrimonios, el genocidio de nonatos es dantesco, tus pueblos se abandonan a un terrible desierto demográfico, y la misandria de las brujas femens crea fronteras y odios entre tus hombres y tus mujeres.

¡Qué tiempos aquellos, donde  los semáforos no eran inclusivos, donde se podía decir «padre» y «madre», en vez de «progenitor distinto de la madre biológica»; donde se podía decir «niño», en vez de »criatura»; donde los niños tenían pene y las niñas vulva; donde los niños no jugaban con muñecas, ni las niñas con cochecitos…!

En aquellos tiempos tus hijos eran patriotas, te amaban, juraban tus banderas y tu himno, llevaban tus estandartes con gallardía, se te llamaba «España»: hoy te llaman «Estepaís», se queman tus símbolos, se insulta y amenaza a quien porta tus colores, se permite que tus territorios se declaren en rebeldía calificándose como «naciones», se financia un tinglado autonómico que amenaza tu supervivencia: que si «nación de naciones», que si «Plurispaña»… así es como ya surca nuestros mares el pecio de la España federal.

1975… en aquellos años, madre querida, abrazabas por igual a todos tus hijos, reconciliados en un país en paz, en orden, que había sanado sus heridas, cerrado sus cicatrices, desterrado el odio… Y, ¿qué tenemos hoy?: vuelven a sonar los clarines de guerra,  las hienas carroñeras buscan cadáveres de nuestros héroes y patriotas, desgarran tus carnes antaño inconsútiles; los profanadores asaltan calles, y plazas, y cementerios, y libros de texto, esparciendo un Himalaya de mentiras y amenazas en leyes totalitarias, buscando ganar la guerra que perdieron con ignominia.

En aquel tiempo fuiste un país próspero, con paro inexistente, con tus fábricas lanzando al viento las fumarolas del progreso; eras un país con una deuda mínima, donde apenas se pagaban impuestos, tachonado de novísimos hospitales, y pantanos, y escuelas, y universidades, y viviendas sociales…: hoy la deuda es de más de 1 billón de euros, con un paro atroz, una presión fiscal asfixiante, y una invasión migratoria que hace temblar los cimientos de nuestra raza y nuestra identidad nacional.

¡Felices días! Pues en esa época eras el país con mayor salud social del mundo, con muy bajos índices de población reclusa, de suicidios, de fracaso escolar, de alcoholismo, de drogadicción…: hoy , tenemos un 30% de «ninis», somos el segundo país en consumo de cocaína, solamente Holanda te gana en índice de corrupción moral, anegada como estás en el viscoso chapapote de la perversión de costumbres, del feísmo atroz, de la telebasura hedionda, del adoctrinamiento homosexual en las escuelas, de las mentiras sobre tu historia, del guerracivilismo profanatumbas.

Ahora mismo eres una Patria asfixiante, insoportable, aterradora… Fuiste la reserva espiritual de Occidente, y ahora eres una escombrera del NOM, lista para el desguace, chatarra apocalíptica, espantapájaros para las hogueras globalistas…

Sí, yo conocí la otra España, la España de verdad, la España de mis amores y mis entretelas, y me es imposible soportar por más tiempo este mundo progre que me subleva las entrañas; me es imposible soportar por más tiempo el horror de un país pleno de valores, de moderación, de progreso, de felicidad, que en 40 años se ha convertido en un monstruo de deformidad, en un adefesio impresentable, en un territorio komanche por donde desencadenan sus razzias los lacayos del Averno.

Y me es imposible soportar por más tiempo el espectáculo de un pueblo que antaño fue valiente y gallardo, que se rebelaba como un solo hombre para defender sus tierras y sus valores, y ahora ramonea como un rebaño de cobardes e indiferentes entre telemierdas, fútbol y terrazas cerveceras, mientras el infierno se abre bajo sus pies.

Es el tiempo de decir «¡Basta!», de pintarse los rostros de rojigualda, de apretar los dientes, de agitar nuestras banderas en formaciones incontenibles, para sabotear sus infiernos con una avalancha irresistible, para asaltar las madrigueras de donde salen sus alimañas diabólicas, sus bestias blasfemadoras, sus orcos secesionistas. Si ellos nos atacan desde su Sierra Maestra, nosotros nos echaremos a los montes desde  nuestra Sierra Morena, con nuestros invencibles Empecinados al frente. «En mal punto te goces,/ injusto forzador; que ya el sonido/ oyo, ya y las voces,/ las armas y el bramido/  de Marte, de furor y ardor ceñido».

Ha llegado el momento de ponernos en pie, de mirarles a los ojos con una mirada inyectada en sangre, para decirles que no les daremos cuartel en otro 2 de mayo incontenible; por tierra, mar y aire, ―incluso en el inframundo― les combatiremos, tras la estela de Daoíz y Velarde, de nuestro Caudillísimo Franco, con el espíritu de tantos patriotas valientes que desde don Pelayo vertieron su sangre por nuestra patria. «Ya dende Cádiz llama/ la injuriada Patria, a la venganza/ atento y no a la fama,/ la bárbara pujanza,/ en quien para tu daño no hay tardanza».

Es ya hora de tocar a rebato nuestras campanas, de tocar a generala una movilización patriótica; de echarnos a la calle para  grafitearlas con nuestras consignas, para montar nuestras barricadas frente a sus ayuntamientos, sus diputaciones, y sus escaños; para fundar nuestros reales frente a las puertas de sus infiernos, escracheándoles sin piedad,  clavando nuestras estacas a los demonios que les guían; para echar de sus poltronas a los luciferinos anticatólicos y antiespañoles.  «Oye que al cielo toca/ con temeroso son la trompa fiera,/ [...] el polvo roba el día y le escurece».

Es el momento decisivo de echarnos a la red para transmitir viralmente nuestras arengas para el combate, para convocar manifestaciones donde les demostraremos quiénes y cuántos somos; para que sientan nuestro aliento en su nuca, para que sepan que les vigilamos muy de cerca, y que no les consentiremos más blasfemias, más ataques a nuestros valores y tradiciones, más acosos a nuestros principios nacionales, más chulerías de okupas y macarras, más matonismo subversivo, más secensionismos... «Tienden los brazos vigorosos/ a los remos, y encienden/ las mares espumosas por do hienden».

Ha llegado la hora de galopar, para  condenarlos al horror de una Balsa de la Medusa donde se devoren unos a otros; para echarlos es las más profundas mazmorras del Averno de donde provienen, dándoles el apocalipsis que se merecen, exiliándolos hasta la eternidad de una Patria de la que no son dignos, y en la que no deberían haber nacido.

Ya no es tiempo de votos para sostener ni un minuto más esta infame dictacracia donde chapoteamos como en un lodazal: es el tiempo de que nos pongamos España por montera, a ritmo de pasodoble, para proclamar nuestra Patria cañí, que les dará caña y leña; que defenderá a muerte su identidad nacional, su reserva espiritual, una herencia histórica de siglos que nunca podrá ser mancillada por radicales y secesionistas, por los talibanes del populismo y el guerracivilismo, por los hierofantes de diabólicos ritos de asalto y derribo a nuestra religión, nuestra geografía, nuestra historia, nuestra lengua y nuestros valores. «¡Ay, cuánto de fatiga,/ ay, cuánto de sudor está presente/. Y tú, España divina,/ de sangre ajena y tuya amancillada, darás al mar vecino/ ¡cuánto yelmo quebrado, cuánto cuerpo de españoles destrozado!».

Ha llegado el tiempo de abandonar nuestra comodidad vegetativa, nuestra cobardía, nuestro pasotismo, y plantarles cara rojigualda, diciéndoles que no pasarán, que estamos en pie de España,  gritándoles sin miedo que «¡Entra España!»: «Acude, corre, vuela,/ traspasa la alta sierra, ocupa el llano;/ no perdones la espuela,/ no des paz a la mano,/ menea fulminando el hierro insano».

Porque si ellos asaltan nuestros cielos, nosotros arrasaremos sus infiernos: ¡Despierta, Ferro!

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