Martes, 18 Diciembre 2018

"Gibraltar, Gibraltar…".Artículo de Manuel Parra Celaya

PUBLICADO EL Domingo, 02 Diciembre 2018 09:32 Escrito por
¡Gibraltar español! ¡Gibraltar español!

Y seguía la canción: …avanzada de nuestra nación, según me enseñaron mis mayores y no tuvimos el menor empacho en entonarla los de mi generación, a pesar de que los tiempos en que lo hacíamos ya no respondían al tono épico y guerrero que dio a sus versos el divisionario Agustín Paíno, cuya inspiración, bajo concretas coordenadas históricas, hizo que este cantar sobresaliera de entre varios otros dedicados al mismo tema.

 

Ha vuelto a mi recuerdo su letra y su música, y me declaro reo de haberla tarareado hoy bajo la ducha matinal, con ocasión del cruce de noticias y comentarios sobre el tratado sobre el Bréxit entre la Unión Europea y el Reino Unido, con el acento puesto en nuestros lares sobre el papel jugado por la diplomacia española, que, según voy leyendo, renunció a su anunciado veto, tan solemnemente declarado, según su costumbre, por el presidente Sánchez, y se conformó con unas frases sueltas en un anexo.

Reconozco que, a estas alturas, no sé a qué atenerme: el Ministerio de Exteriores español, por boca del señor Borrell, considera un éxito para España la negociación y el texto del mencionado anexo; voces de la oposición lo ponen a caldo, tildándolo de un tremendo fracaso lindante con una bajada de pantalones.

A todo esto, la señora May, llena de incertidumbres en su patria por otra parte, dice sentirse muy orgullosa de que Gibraltar sea inglés y afirma rotundamente que nada ha cambiado de la tradicional postura sobre el Peñón por parte de la Rubia Albión; y el señor Picardo, que es una especie de poncio de la Colonia y muy amigo de los separatistas de Cataluña, repite lo de siempre, con lo que está augurando enhorabuenas sin cuento al paraíso del contrabando y de otras lindezas en el sur de Europa.

Lo penúltimo que me parecido leer son unas palabras de Sánchez en Bruselas, que justifican su estrategia porque Gibraltar no es una cuestión emocional ni de identidad nacional. Sobre lo primero, no soy quién para opinar sobre las emociones del corazoncito del presidente del Gobierno español y, en relación a eso de la identidad, no estoy muy seguro, porque mis ideas al respecto obedecen más al devaluado concepto de patriotismo.

No creo equivocarme si sostengo que todos y cada uno de los regímenes españoles a lo largo de los siglos -monarquías, regencias, repúblicas y caudillajes- han mantenido una rara unanimidad sobre el litigio gibraltareño, aquel del que se decía, en chiste facilón, que aseguraba la amistad entre España y Gran Bretaña porque ambas estaban a partir…un peñón.

En lo tocante a la historia, me remonto, nada menos, que a la heroica muerte del coronel de Caballería y poeta don José Cadalso y Vázquez (1714-1782), que sucumbió en un asedio a la Plaza por una granada inglesa, y lo culmino, en este aspecto bélico y esforzado, con la intentona que, allá por 1943, protagonizó un grupo de españoles y que finalizó con el fusilamiento, por parte de los británicos, de Luis López Cordón Cuenca y la detención de unas treinta personas, por parte de las autoridades españolas, interesadas en no poner en riesgo su política de neutralidad en aquellos inciertos y azarosos días de la II Guerra  Mundial (véase el olvidado libro Gibraltar decidió la guerra, de David Jato Miranda).

Tentativas heroicas y sacrificadas aparte, lo cierto es que, desde el nefasto Tratado de Utrecht de 1713, España sigue limitando al sur con la vergüenza de Gibraltar, es decir, con una colonia extranjera en suelo español, hecho contra el cual se han estrellado sin éxito toda suerte de maniobras diplomáticas y ante el cual ha demostrado, una vez más, su inutilidad la Organización de las Naciones Unidas.

No sé si será verdad, en estos días, aquel verso de la canción de Paíno que rezaba punta amada de todo español, porque generalizar a estas alturas me parece muy arriesgado. Dejémoslo en para muchos españoles, de esos que han estudiado historia antes de la ESO y tienen como una afrenta que, en ocasiones, los atropellos e injusticias perduren a lo largo de los siglos.

Sin asomo de vanidad, me confieso uno de esos españoles. Y, junto a una cierta admiración por el patriotismo clásico inglés, que no es óbice para cometer tonterías como el Bréxit y hurtos como el de la Roca, no dejaré de reivindicar en mis adentros, con o sin el apoyo de la estrategia diplomática oficial, que existe un pedazo de tierra española en la que ondea un pabellón extraño, ahora, para más inri, sin el paraguas común de la bandera azul con la corona de la Virgen de Estrasburgo.

Manuel Parra Celaya

"IN REBUS DUBIIS"

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