Sábado, 24 Agosto 2019

Frentepopulismo revanchista en la investidura de Díaz Ayuso

PUBLICADO EL Viernes, 16 Agosto 2019 09:40 Escrito por
La nueva presidente de la Región madrileña La nueva presidente de la Región madrileña

Si el dinero percibido conducía a esa producción infame de política basurera, el destino judicial de Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero y alguno más, era cuestión de tiempo con la deducción de pruebas que podían aportarse para que el Tribunal Supremo se tomara en serio de una vez la amenaza exterior contra España.

 

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Causa estupor y vergüenza ajena la caradura con que Iñigo Errejón y compañía pretendieron enrarecer la investidura de Díaz Ayuso con acusaciones infundadas, máxime cuando han demostrado una catadura personal y política inexcusable. A la vista de todos y exhibidas las vergüenzas, Pablo Iglesias y la pandilla itinerante del bolivarismo español deberían estar contra las cuerdas. En un país de sana moral también deberían estar derrotados los artífices de la violencia terrorista en democracia, en vez de ser blanqueados por una degeneración maliciosa impulsada desde el mismo Gobierno de España. Si es que Gobierno legítimo en funciones puede considerarse al resultante de un pucherazo electrónico que ni los beneficiados pueden negar ante la evidencia de trampa electoral denunciada en los tribunales. Cuestión aparte, las excusas peregrinas que se aducen cuando no pueden ocultar las manipulaciones pergeñadas desde el CIS en connivencia con las insanas y antidemocráticas ambiciones del siempre impertérrito fullero Pedro Sánchez. Mientras se burla una vez más de la ciudadanía, el tahúr monclovita se empeña subrepticiamente en seguir metiéndola doblada seguro de que sus arteras maniobras conseguirán apoltronarlo en La Moncloa… ya habrá tiempo de idear un modo de que no pueda existir relevo político. Este que va a por todas, buenos aliados se agencia para conformar un frentepopulismo al precio de la integridad territorial. Cualquier pago es posible estando la traición de saldo; el independentismo, el bolivarismo español, los impulsores del marxismo cultural lo saben.

Los cómplices no pueden esconder trapos sucios. A toro pasado, la Comisión del Senado que investigaba los orígenes pecuniarios de lo podemita, debería haber constituido el principio de un cometido necesario que acabara obligadamente en los juzgados. Lo cierto es que hay una patente de corso estentórea para la corrupción de la izquierda que sigue sectaria y fielmente la línea de picaresca instituida, verbigracia, por la juez Núñez Bolaños en la causa de los ERE y cursos de formación. Echar balones fuera es deporte típico y avezado de la corruptela radical que reiteran, con no poca vergüenza ni dignidad, aquellos que debería callar siendo ejemplos exponenciales de la podredumbre política en el panorama nacional.

 El engreído y autosuficiente Juan Carlos Monedero protagonizaba en aquella Comisión del Senado de noviembre del 2017 una patética intervención, suficientemente demostrativa de que en Podemos nada estaba limpio; sus líderes impulsaron una alternativa política transgresora que estaba pactada monetariamente por el chavismo. ¿Ideológica y mercenariamente la CEPS aglutinaba un equipo de demolición que pretendió dinamitar institucionalmente una nación occidental en su apogeo, obstaculizando el paso firme de la democracia y revirtiendo los valores para denostar la tradición y la identidad arraigadas? Un acto de violencia social camuflado de libertad que intentó destruir lo conseguido durante cuarenta años. Delincuentes de la política cuyo éxito populista está basado en lo percibido en las cuentas personales de cuantos ejercieron violencia dialéctica, con el fin de provocar una rebelión social. Ingeniería política que estaba prostituida y se alentaba desde círculos de poder radical y antagónico contra los intereses del pueblo español. Alta traición pagada  y  sostenida  que provocó  una conflictividad delineada en origen desde los despachos de la presidencia socialista de Venezuela.  ¿Es así? La estrategia de desestabilización durante estos últimos años acrecentó la sospecha.

Si el dinero percibido conducía a esa producción infame de política basurera, el destino judicial de Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero y alguno más, era cuestión de tiempo con la deducción de pruebas que podían aportarse para que el Tribunal Supremo se tomara en serio de una vez la amenaza exterior contra España.           
Delitos había muchos en el horizonte  y enormes cantidades de dinero que lucraron a los instigadores de las beligerancias que se han soportado estos años en nuestras instituciones, tras la excusa que nunca fue democrática. Las vergüenzas ajenas se quedaban pequeñas tras la retorcida intención que entrañaba la financiación irregular de un partido, cuyo objetivo principal y oculto consistía en desestabilizar España. Pagados por los enemigos y contratados como mercenarios para convulsionar política y socialmente nuestras convivencias con base en la Constitución de 1978. Hay que ser malhechores para vivir ostentosamente a sueldo de dictadores y con ventajistas recursos de engaño y malversación.

No era de extrañar que este experimento de mediocres profesores universitarios que internacionalizaron sus quimeras socio políticas, exportando la inutilidad de sus conocimientos que juegan con la seguridad de los países, desembocara  en un destino penal. En la citada comisión, el periodista Eduardo Inda dejó claro que existía esa responsabilidad penal inexcusable según las pruebas aportadas por su periódico. Lo oficioso en apariencia tomaba visos de consistencia oficial y la sospecha de la actividad delictiva se transformaba en evidencia que se iría ampliando a medida de que declarasen principales testigos.

¿Política mercenaria? Se comprendería la insana perseverancia de estos cantamañanas bien pagados por la corrupción internacional, para derruir la armonía institucional que da identidad propia a nuestro país. Se entendería la afrenta del multiculturalismo y el separatismo como arietes para romper la unicidad de criterio territorial. Se advertiría que no habrían gozado de esa influencia populista, de no haberse derramado los dones endiablados de dictaduras iraníes y venezolanas que han sido clientes de una organización venal al servicio de  la peor hegemonía de traición.  

El horizonte penal se habría vislumbrado en proporción a la pérdida de credibilidad que se acrecentaba para próximas citas electorales. Las irregularidades las ocultaban tras la complacencia y el entusiasmo de los votantes… Podemos estaba debilitado por la pérdida de credibilidad y entonces llegó Pedro Sánchez amagando con una moción de censura para trampear la democracia y negociar los intereses tabernarios que terminarán convirtiendo en jirones los dorados paños de la Historia de España. Porque esta etapa oscurantista solo se ha iniciado, veremos desfilar a los enemigos de la convivencia en tanto se reparten los beneficios de la beligerancia social. Lo de la Investidura de Díaz Ayuso ha sido solo la punta del iceberg del juego sucio que facilitará el dudosamente denominado  Gobierno, el que jamás dejó de ser Frankenstein y cuya legitimidad en las urnas está ya bajo permanente sospecha. Se unirán en rastrera y  cómplice vergüenza los que pueden arruinar, económica e institucionalmente, a España.
 

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