Lunes, 17 Junio 2019

Flúor, ese veneno criminal

PUBLICADO EL Viernes, 24 Mayo 2019 09:27 Escrito por Luys Coleto
¿Es beneficioso el fluor? ¿Es beneficioso el fluor?

 

En España, entre el 10 y el 20% del agua que bebemos contiene flúor. A veces, más. Inocuo y saludable, cacarean. Inicuo y letal, traduzcan. Rebuznan, inverosímil: exiguas dosis. Plurales compuestos de flúor se usan en la producción de insecticidas, plásticos, fertilizantes. Lanzados al viento, también, como subproductos de acerías, refinerías o centrales eléctricas. Y parte nuclear de esas drogas legalizadas llamadas medicamentos, a saber, anestésicos, antibióticos y psicofármarcos. El flúor está presente en bebidas enlatadas, chuches infantiles, algunos tipos de té, pasta de dientes (no todas), sartenes de teflón, ropa, estufas, cajas de pizza, alimentos procesados y enlatados y, a grandes rasgos, en productos que han sido cocinados con agua fluorada.

 

 

Pingües beneficios

 

 

El agua del grifo se bebe a diario. Y el agua madrileña, más allá de la hipercorrupción Lezo, resulta altamente apetecible. La legislación vigente permite la presencia en el agua de uso doméstico de hasta trece sustancias diferentes: conservantes, antioxidantes, gases, suavizantes, estabilizantes, colorantes, saborizantes, emulsionantes, insecticidas, herbicidas, fungicidas, metales pesados, restos de medicamentos. Ponzoña, nuestra agua, uno más, legalmente autorizada. El flúor que se añade al agua es un derivado de desechos peligrosos para los que existen pruebas irrefutables de sus efectos adversos para la salud y, prácticamente, no existirían pruebas de apreciables beneficios. Flúor, ese arcano.  Número atómico 9 ubicado en el grupo de los halógenos (grupo 17) en la tabla periódica. Letra F. Terror moral. Flúor, fundamental en la creación de la bomba atómica. Proyecto Manhattan. Pocos recuerdan Nagasaki, todos Hiroshima. Reiteran, plastas, sus evidentes mercedes para la dentadura. Pútrido embuste, claro. Solo réditos económicos y biopolíticos, lo de siempre.  Destrozos orgánicos, un clásico. El flúor y la flourosis, esmaltes deteriorados. Artrosis y artritis. Calcificación de la glándula pineal. Tiroides arruinadísima. Por consiguiente, obesidad en ciernes. Deterioro neurológico, sueño alteradísimo, fugas de memoria, hundimiento del ánimo, conductas abracadabrantes, abulia. Si la dosis aumenta, fatiga crónica, garganta seca, debilidad muscular, problemas cardiacos, colitis ulcerosa, menoscabos mentales e inmunológicos, cánceres de riñón y testículo. Esterilidad masculina, otra vez el gran asunto de nuestro tiempo. En el pasado, las industrias de fabricación de aluminio, fertilizantes y de armas husmearon salidas para los restos de fluoruro, mientras conseguían incrementar las ganancias hasta límites inopinados. ALCOA, Dupont, Us Steel, IG Farben. Una dilatada historia de oprobio. Con la alianza inexcusable del Estado, siempre represor y punitivo.

 

 

Domesticación de masas

 

 

Salud dental, vulgar y ridícula coartada.  La caries, la caries. Nos devastan, pero se inquietan por nuestros piños. Obviamente, el flúor no previene la caries. Incluso, puede favorecerla. Eso sí, se utiliza, por ejemplo, como ingrediente común en tóxico para ratas o cucarachas. Genuino objetivo, en definitiva: idiotizar y anestesiar a la población, además de quebrantar su salud general. No agregaríamos adrede el arsénico al abastecimiento de agua. No añadiríamos a propósito el plomo. Pero se agrega el fluoruro que es más tóxico que el plomo y, apenas, un poco menos tóxico que el arsénico. Flúor, tan peligroso como el amianto, el arsénico o las dioxinas. Toxicidad, extremadamente preocupante. Control social, he ahí el meollo. Minúsculas dosis diarias de flúor en el agua afectan al cerebro, narcotizando al individuo y manteniéndolo sumiso. Fluorar el agua era una práctica de los nazis en los campos de concentración y fue calcada por los comunistas para controlar a las masas durante años. La tensión en los campos de concentración era extrema, y en cualquier momento podrían haber germinado revueltas o insurrecciones. Los alemanes encontraron una ganga. Llana manera de mantener a los prisioneros serenados y aletargados. Las drogas y la experimentación de los hombres cual cobayas.  Hasta Margaret Thatcher. No faltó a la cita. Durante su implacable (y benéfico, en tantos aspectos) gobierno, se triplicaron los presupuestos para la fluoración del agua en el Ulster. Dudosamente casual. Apaciguar, sin más. Domesticar y esclavizar poblaciones. El oscurísimo enigma de la docilidad de masas. Nazis, bolches y useños con su MK-Ultra. Chusma insuperable, Trío Calavera, pulidamente hilados a lo largo de nuestra historia reciente. Harold Hodge, principal promotor de la fluoración de agua de consumo humano, pieza esencial en el programa secreto diseñado y ejecutado por la Agencia Central de Inteligencia Americana. Se trata, en definitiva, de aniquilarnos, quedamente, hallando sustancias que selectivamente perturben el sistema nervioso central. Fragmentos para urdir el control mental a gran escala. Y el control social. El resto es silencio. Elipsis. En fin.

 

 

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