Viernes, 19 Julio 2019

Entre la utopía y la realidad

PUBLICADO EL Domingo, 09 Junio 2019 10:43 Escrito por
Utopía Utopía

¿Es realista y posible asumir el rol histórico y presencial de español a machamartillo y, al mismo tiempo, hacerlo con el de europeo en todos sus alcances, y abrir ese concepto -para algunos trasnochado- de patriotismo a esa vieja y nueva Europa, lúcida de su herencia y tradición y abierta a nuevos tiempos prometedores?

 

 

Hace escasos días he cumplido esa edad en que uno se hace consciente de que ha desbordado con creces los límites de la juventud y está instalado de lleno en el terreno de la madurez. Quiero decir con ello que ha acumulado experiencias y cierta modesta formación, pero no han disminuido las ganas de acrecentar ambas; claro que, desde la nueva perspectiva que confieren los años, se prefiere mirar el mundo cara a cara y no confundir lo que es con lo que debería ser.

Esta actitud de realismo no empaña lo más mínimo el conjunto de valores que se han ido adquiriendo, ni enturbia creencias e ideas, eso sí, acrisoladas con creces para distinguir con claridad lo que debe asignarse a la utopía y en lo que es necesario perseverar para no desertar del idealismo congénito.

Esta situación asumida me plantea numerosos interrogantes, que trato de responderme a diario desde mis posibilidades; las respuestas no son fáciles y quizás requieren el concurso de voces mejores -nunca de ecos, como decía el poeta-, por lo que no me importa formularlas en alto y compartirlas con los lectores, en forma de larga, pero no agotada letanía.

Así, para empezar, ¿cómo conseguir que la economía financiera esté al servicio de la productiva, y no al revés, como ocurre en estas épocas en que un desmedido afán de lucro y de especulación se constituyen en motor principal de los comportamientos?

¿Qué caminos se deben trazar para arribar a formas de empresa con contenido social, en las que al trabajo -en sus diversas formas intelectual, manual, técnica o directiva- se le reconozca su valor como aportación humana y al capital su importancia como instrumento necesario? En torno al mismo tema, ¿cómo compatibilizar la iniciativa privada con el interés público? Y, en consonancia, ¿qué límites debe tener el hoy omnipotente Mercado?

¿Lograremos algún día, por no sé que intransitados senderos, conciliar políticas de igualdad (¿mejor de equidad?) con las que concedan importancia al cultivo de la voluntad y al esfuerzo personal?

¿Podría entenderse esto último como causa y también efecto de una educación que no solo prepare expertos en tecnología, sino seres humanos completos? Y ya situados en este punto, ¿recuperarán algún día las universidades su categoría de universitas, donde las aulas sean campo abonado para el diálogo, el humanismo, la ciencia y la técnica?

En otro orden de cosas, ¿es posible establecer una clara distinción entre un Estado dotado de fortaleza y al servicio de la comunidad histórica y de su población y un Estado invasor de las vidas privadas, en todos los órdenes? ¿Y qué me dicen de sustituir la política profesional por una política de intereses ciudadanos?

En punto al pensamiento profundo, ¿llegará el ser humano a armonizarse con sus entornos, empezando por su intrínseca dimensión trascendente, en lugar de dejarse mantener en la absurda dialéctica de individuo versus colectividad? ¿Y este ser humano podrá ser consciente de su verdadera naturaleza y considerar como rarezas interpretaciones antropológicas distorsionadoras, producto de mentes retorcidas?

Si nos referimos a España en concreto, ¿cuáles son los ignorados procedimientos que se deben poner en práctica para avenir los amores y querencias hacia lo local y hacia lo general, hacia el propio terruño y hacia esa gran tarea histórica que algunos insistimos en llamar patria común?

Y, alambicando, ¿es realista y posible asumir el rol histórico y presencial de español a machamartillo y, al mismo tiempo, hacerlo con el de europeo en todos sus alcances, y abrir ese concepto -para algunos trasnochado- de patriotismo a esa vieja y nueva Europa, lúcida de su herencia y tradición y abierta a nuevos tiempos prometedores?

Puestos a preguntar, ¿nos sentiremos también hispanos, en salto metafórico y real de océanos, razas y fronteras artificiosas?

Son demasiadas incógnitas, lo sé, para que una pléyade de lectores se avenga a pensar en ellas de la noche a la mañana y, con un poco de suerte, ofrecer respuesta a alguna, En todo caso, representan inquietudes que no caducan con los años y que, a lo mejor, responden mejor mis hijos o mis nietos algún día.

En ese momento, cuenten con mi sonrisa complacida y con mi aplauso desde el lugar en que me haya situado el buen Dios para resolver mis dudas e interrogantes.

 

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Manuel Parra Celaya

"IN REBUS DUBIIS"

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