Martes, 23 Octubre 2018

El Régimen del 78 es el culpable de la desintegración territorial de España

PUBLICADO EL Jueves, 11 Octubre 2018 13:36 Escrito por
El Régimen del 78 es el culpable de la desintegración territorial de España El Régimen del 78 es el culpable de la desintegración territorial de España

Ernesto Ladrón de Guevara formó parte del primer Gobierno de Coalición entre PNV-PSOE EN Vascongadas cuando militaba en el PSE-PSOE. Es un testigo excepcional de los hechos. Por eso este artículo es de extraordinaria importancia. Porque demuestra lo que venimos denunciando desde La Tribuna de España. El Régimen del 78 está podrido desde su nacimiento. Y la única manera de llevar a España hacia algún sitio que no sea el abismo no es un partido político, ni una reforma constitucional sino desmontar por entero ese putrefacto Régimen del 78, desdela Jefatura del Estado (que nadie eligió) hasta la última concejalía del municipio más pequeño de España.

 

 

 

DE COMO LOS SOCIALISTAS ENTREGARON LA EDUCACIÓN A LOS NACIONALISTAS PARA SU USO Y DISFRUTE

 

Se pueden hacer muchos análisis que converjan en la idea de que la educación convertida en adoctrinamiento es un arma fundamental para los fines de ruptura de España en manos de nacionalistas y socialistas con la brújula extraviada. Se pueden realizar diagnósticos de situación que partan de la idea de que la izquierda unida al nacionalismo secesionista es una carga explosiva que volatilizará cualquier intento de sostener la idea de España y su unidad. Pero lo que mejor esboza la triste realidad de la descomposición de España son los hechos concretos las realidades experimentadas por pobre gente como yo en un transcurso vital que ha dejado la impronta de los sucesos concretos, como reflejo de la evidencia contrastable.

 

Hace tres años me puse a redactar mis memorias con dos objetivos: uno no olvidar lo que me ocurrió cuando quise hacer algo en servicio a mi comunidad próxima, la alavesa y por extensión la española, otro dejar a mi familia mi testimonio e interpretación de los hechos que sufrían diariamente por efecto de mi compromiso.

 

Es por ello, como visión etnográfica del problema que me atrevo a transcribir literalmente lo que escribí hace tres años, haciéndolo público por si sirve para sacar alguna conclusión. Del texto voy a eliminar los nombres propios para evitar lesionar la imagen de personas concretas, aunque quienes vivieron en aquellas épocas saben de sobra a quienes me refiero. En comparación con la política nacional son cosas de pequeño ámbito, pero que sirven perfectamente para hacer una descripción del problema.

 

 

 

“Aquel efecto de las elecciones sindicales [me refiero a las primeras elecciones sindicales donde mi trabajo al frente de FETE-UGT en Alava produjo un resultado de representación sin precedentes] creó un resultado hipnótico en la cúpula del PSE vasco. Otro error de la dirección socialista, pues seguían sin ver que yo era un hombre de principios, que tenía una hoja de ruta en mi proyecto vital: sacar a la educación del marasmo nacionalista, y que iba a ser un clavo en la rueda de su vehículo para lograr pactos con los nacionalistas. En aquel tiempo Jáuregui, Buesa, Benegas... tenían como planteamiento atraer a los nacionalistas hacia posiciones constitucionalistas, al igual que la UCD. Se equivocaron de cabo a rabo. No consideraron el genoma nacionalista que está constituido por el binomio: deslealtad y oportunismo, para el beneficio propio. Yo no estaba en esa cuadratura, lo que me iba a crear problemas, a mí mismo y a quienes no veían que no me doblegaría a intereses espurios y creían que me atraía el negocio político como forma de vida.

 

El caso es que se me propuso acceder al puesto de dirección de la Delegación Territorial de Educación en Alava. A mí me pareció una oportunidad de oro para trasladar mi proyecto de rescate de la educación para los fines que le son propios y arrancar de las garras nacionalistas lo que ellos consideraban un vital instrumento para la construcción nacional, junto al control de los medios de comunicación vascos, de los jueces, y del entramado institucional.

 

El diario El Correo Español, el Pueblo Vasco -así se llamaba en aquel tiempo- publicó un reportaje donde aparecía una foto mía con un megáfono ante una manifestación. El que luego sería director de comunicación con Buesa afirmaba que un maestro interino –falso pues yo era funcionario de carrera- accedía al cargo de delegado, con un cierto tufillo despreciativo, lo que más tarde tuve la ocasión de comprobar en una reunión con directores de Instituto que me manifestaron cierta animadversión por pertenecer a un cuerpo de profesores de menor talla que la de ellos. En cierta manera yo les entendí.

 

Aquella especie de clasismo académico se manifestó en otra reunión con ikastolas públicas que pedían transporte público urbano cuando el resto de los centros no lo tenían. Un tal Xamardo, líder del movimiento abertzale de padres quiso afearme diciendo que yo era un simple maestro.

 

Yo ya había iniciado los estudios de Licenciatura en la UNED, lo que me animó a terminarlos, pese a casi no disponer de tiempo para seguirlos y culminarlos, asqueado del desprecio con que se me trataba por pertenecer al cuerpo de maestros y no ser licenciado.

 

No obstante emprendí una cruzada personal bajo un principio: el respeto a ultranza de la legalidad y el imperio del Derecho. Y ahí es donde, nuevamente tropecé.

 

Yo no quería dejar a mis hijos y nietos una herencia de un lugar de vida caracterizado por el totalitarismo; de una tierra donde mi familia (toda ella por parte de mi mujer y mía) era alavesa; donde mis hijos han nacido; tomada por el nacionalismo exacerbado y excluyente y el radicalismo proetarra. Y que éste se hiciera dueño de unos centros que se llamaran educativos pero en realidad eran centros de adoctrinamiento abertzale. La prueba la tenemos en las fechas en las que escribo estos recuerdos. El Gobierno nacionalista está preparando el currículo educativo vasco tomando como base el proyecto elaborado por las ikastolas. Estas proclamaban en sus principios fundacionales la idea de construir la nación vasca desde la educación –adoctrinamiento-.

 

Es evidente mi fracaso, pero lo intenté. El fallo mío fue, como en muchos otros casos, que lo hice como francotirador y el molino contra el que ese Quijote luchaba era más grande que yo. Sucumbí en el intento.

 

 

EL ESTADO DE DERECHO COMO PRINCIPIO REGULADOR DE LA CONVIVENCIA            

 

Ocuparía más páginas de las que pretendo en este texto narrar todas las vicisitudes, desafíos y contingencias que me ocuparon de forma absorbente y total durante tres años de desgaste físico y psíquico. Como consecuencia de ello se me originó una diabetes, una tensión arterial alta y crisis de ansiedad.

 

Intenté obligar –como era mi deber pues para ello me retribuían- a diversos sectores a cumplir la ley. A las ikastolas privadas y transferidas a implementar los requisitos para la apertura de centros y a seguir las normas de planificación del Departamento, evitando la duplicación de centros en localidades de poca población para evitar multiplicar de forma absurda el gasto. A los centros privados concertados a respetar las normas de admisión de alumnos. A los centros en general a seguir los criterios dimanados de la Ley de Normalización del Uso del euskera y del Decreto de Modelos lingüísticos para evitar la imposición del único modelo de inmersión, el D. A las ikastolas públicas a no tener privilegios, como el transporte público del que carecían el resto de los centros del Departamento. A ciertos centros radicalizados por el abertzalismo a seguir las normas de uso obligado para todos los centros y respetar a las instituciones. Etc.

 

Fue imposible. Me encontré con varios frentes abiertos. Las once ikastolas procedentes de la Diputación (nunca he entendido por qué la Diputación creó ikastolas no siendo de su competencia) se unieron como una piña contra mí, y no había razones de planificación de matrícula, de normas generales, etc, que respetaran. Desarrollaron una campaña a sangre y fuego contra mí por lo que representaba; probablemente porque partían de un conocimiento previo de mi trayectoria y se pusieron la venda antes que la herida. La Federación de Ikastolas privadas desarrolló  otra guerra paralela para evitar la paralización de centros de nueva creación que pretendían (lo lograron pese a mis ímprobos esfuerzos de implantar la racionalidad) en localidades como Salvatierra, Villarreal de Alava (no entiendo el topónimo de nueva creación de Legutiano para sustituir a una fundación medieval con carta-puebla), en Lapuebla (de la Rioja), en Lanciego, en Labastida, en Elciego, etc. en una campaña perfectamente orquestada para desplazar a los colegios públicos y sustituirlos. Era evidente la intención de los nacionalistas de crear un sistema educativo propio regulado y controlado por los nacionalistas, pese a que la Ley EIKE, que lo intentó por vía jurídica, fue paralizada por el Tribunal Constitucional. Tuve el frente radical-abertzale dándome la tabarra continuamente en diferentes frentes de lucha. Desde la Ikastola Toki Eder, pasando por la Ikastola Bambi, etc, en movilizaciones durísimas. Tuve a la patronal de la enseñanza privada organizada por la representación episcopal en Alava utilizando sus influencias contra mí en “El Correo Español. El pueblo Vasco” con un periodista de fatal recuerdo que me estuvo machacando informativamente y vertiendo más opinión que noticias, en una burda maniobra para desacreditarme. Etc.

 

Era realmente inaguantable. Cuando no tenía un piquete de cinco energúmenos detrás de mí en los desplazamientos desde la Delegación hasta casa, tenía a un grupo frente a la Delegación impidiendo  mi salida, o asaltos de distinta naturaleza que o lesionaban a la Jefe Territorial de Presupuestos, o lanzaban a un perro de gran tamaño contra el personal, o entraban encapuchados vertiendo basura sobre los funcionarios en los días previos a la Navidad porque nos negamos a revocar el contrato de una limpiadora que era sordomuda, bajo el pretexto de que tenía que saber euskera. Todo un enorme desatino y sinrazón que a punto estuvo de llevarme a la tumba (afortunadamente entonces aún era joven).

 

El caso es que en casa también padecieron aquel clima de acoso. Venían con frecuencia a manifestarse delante de nuestra vivienda y ponían pintadas en la calle con el lema “Lapurra kanpora” (Ladrón fuera), etc. Era más que evidente que querían evitar el imperio de la ley que les impediría utilizar el sistema educativo como plataforma de su proyecto nacionalista que tenía el adoctrinamiento como método de la formación del espíritu nacional. Igual que en tiempos de Franco pero en versión sabiniana. El hecho que una persona como yo, claramente adscrito al antinacionalismo, estuviera al frente de la educación alavesa, un territorio a colonizar y conquistar para el triunfo del ese Estado nuevo largamente perseguido por ellos, era un ultraje inadmisible en su propio planteamiento.

 

Especialmente duro fue el caso de la Ikastola Bambi. Se trataba de uno de los centros creados por la Diputación instalado en el lugar que ahora ocupa el Centro Cívico Aldabe. El edificio era un chalet con un sistema de calefacción de carbón que emitía mucho anhídrido carbónico y era desaconsejable e insalubre para los alumnos. Además, no tenía espacio para albergar las sucesivas aulas que se iban creando año tras año, por lo que había que instalar prefabricados. Traté de convencer de que un centro así estaba en precario y que el alumnado podría reubicarse en otros que estaban en caída de población escolar debido a la baja natalidad. Todo fue en vano. Estuve en una lucha sin cuartel intentando imponer un criterio justo, enviando a la inspección sin que la dirección del centro y los irakasles [nombre asignado a los maestros abertzales] colaboraran; y, al final, el caso acabó en barricadas callejeras, con fuego incluido y padres energúmenos encaramados a los techos de los prefabricados para impedir el cierre y traslado de esas instalaciones a otros espacios con necesidad. Para más decepción el Tribunal de lo Contencioso-Administrativo dictó sentencia a favor de los recurrentes sin tomar en consideración mis razones, o más bien desoyéndolas pues a mí no se me dio audiencia, quién sabe si con la ayuda de los letrados que estaban dirigidos desde departamentos gobernados por el PNV. En las múltiples manifestaciones los padres abertzales se hacían acompañar de sus hijos, muchos de ellos pequeños, siendo incapaces de ver que ello no redundaba precisamente en una educación cívica de sus hijos, y que les estaban inoculando el odio. La antítesis de lo que es una correcta educación.

 

Los tres delegados territoriales del País Vasco coincidíamos en que el viceconsejero,  tenía una actitud despótica y nada solidaria con nuestros problemas y que nos encontrábamos un poco a la deriva, sin pautas, y sin respaldo en los momentos difíciles.

 

Cuando se me propuso ser delegado de Educación, El que sería viceconsejero ya me lo advirtió.

 

          — Olvídate de tu pasado y prepara la boca para tragar sapos grandes.

 

 ¡Y vaya que si los tragué! De haberlo sabido me hubiera dedicado a mi profesión sin complicarme la vida. Fue un trágala constante y un dejarnos al píe de los caballos sistemáticamente.

 

Un ejemplo de ello fue cuando en plena crisis con el colectivo que intentaba desgajarse del Colegio Público de Villarreal de Álava (mal llamado Legutiano) para crear una ikastola, sin que yo se lo permitiera por no reunir los requisitos legales ni haber niños para mantener dos centros educativos, el consejero me obligó a ir a la fiesta de las ikastolas en Santa Cruz de Campezo.

 

Allí me esperaban con pancartas y tuve que hacer de tripas corazón y encima poner buena cara. El objetivo del Departamento era tener un buen clima con las ikastolas pues en ello se basaba la armonía con el PNV para el que éstas eran elemento sustancial de su política de expansión nacionalista y de construcción nacional.

 

Yo pertenecía en ese momento a la Ejecutiva provincial del PSE, detentando la secretaría institucional.

 

Se celebró una reunión de las ejecutivas del PNV y del PSE. Por parte del PNV estaba el presidente del Araba Buru Batzar y otros dos miembros de su ejecutiva, y por parte socialista su secretario general socialista, el vicesecretario general, y yo mismo. En ella se hizo un análisis-seguimiento del acuerdo de gobierno en lo que afectaba a Alava, y arremetieron contra las políticas desarrolladas desde la Delegación. Yo, harto de tanta intromisión mientras que los socialistas no decíamos nada de sus carteras en el Gobierno Vasco, salté con esta afirmación afirmación:

 

— Yo soy apátrida, y no tengo por qué tragar con las tesis nacionalistas.

 

¡La que se armó! Solo les faltaba mesarse los cabellos. Mi secretario general quitaba hierro, como queriendo dejar claro que eso eran cosas mías. Ya se sabe...

 

Curiosamente los socialistas obtuvimos más escaños que el PNV en aquellas elecciones, pese a lo cual se cedió la lehendakaritza a los nacionalistas, siéndolo el Sr. Ardanza. La sensación que yo tenía era que los que mandaban en el tinglado eran los nacionalistas, y los socialistas íbamos de comparsas, ejerciendo las carteras más complicadas y conflictivas, todo eso pese a haber ganado las elecciones. Una prueba más de la connivencia del socialismo vasco con el nacionalismo.

 

El colmo del abandono fue el asunto de Bambi. Mientras que mantuve el pulso, todo el Departamento me apoyaba. Es más, ellos eran los que me impulsaron a hacerlo y fijaron el criterio de ratios, de recomposición de la matrícula, etc, para poder optimizar los recursos. Cuestión obligada, claro es, para no derrochar el presupuesto.

 

Cuando la cosa se desbordó, nadie quería saber nada y yo fui el que me tuve que tragar los efectos -¿el sapo?-. El culpable era yo. Ellos no querían saber nada, cuando los que habían determinado esta actuación eran ellos, el viceconsejero de Centros y el de Educación. Pero Ernesto estaba ahí para recibir las tortas, nunca los laureles.

 

Otro ejemplo entre muchos de la falta de cohesión y solidaridad interna fue un conflicto desatado por un grupo de padres en el que luego sería el Instituto donde trabajé:

 

Estos padres ayudaban a una madre a reclamar la nota puesta en la asignatura de Lengua Española, en Bachillerato. Se desató una disputa entre la profesora de la asignatura y dichos padres sobre la revisión del examen. Al final los padres acudieron a mí, y yo, prudentemente, al carecer de elementos objetivos de análisis del problema opté por enviar a la Inspección para que examinara el problema e informara. Y, además entendí que el competente para resolver el absurdo enfrentamiento era el Consejo Escolar, máximo órgano del Centro. Es curioso que para unas cosas se estuviera pidiendo autonomía, cosa que yo compartía, y para otras se instara a un proteccionismo paternalista por parte de la Administración.

 

Sin beberlo ni comerlo me vi envuelto en unas acusaciones muy graves del profesorado del Centro por interpretar que yo me había alineado con los padres y no defendía su posición, y que le dejaba en el desamparo. Había un director, que luego aterrizó en la política, que encabezó esa protesta totalmente injusta contra mí, pues yo, simplemente deseaba tener un informe sobre la situación, valorarlo y arbitrar una solución. Además, les comuniqué que tenían que agotar los procedimientos y analizar ese conflicto en el seno del Consejo Escolar del Centro que era el competente al respecto. ¿Por qué la gente no entiende que un representante público no está al servicio de ningún colectivo particular ni de ninguna “capillita” política? ¿Es tan difícil entenderlo, o simplemente se trata de falta de formación política?

 

Pues, me encontré con doscientas firmas del profesorado de EE.MM. sobre mi mesa y sobre la mesa del viceconsejero que optó por hacer templanza de gaitas como acostumbraba y dejarme a mí al raso.

 

Después de ese conflicto inexplicable e injustificable, sorprendentemente me citó el vicelehendakari socialista para sugerirme que dimitiera, cosa que sin dudar ni un segundo hice, pues ya estaba al borde de la histeria. La verdad fue que, como interpretó un medio de comunicación, fue más un cese que una dimisión. Nuevamente la historia se repetía.

 

He de reconocer que Fernando Buesa se portó bien conmigo pues me ofreció ser director departamental de Centros, un escalón por debajo del correspondiente viceconsejero. Desestimé esa posibilidad, pues me parecía un apaño impresentable. Hoy lo hubiera aceptado. Era un cargo más administrativo que otra cosa y hubiera tenido una vida plácida, tranquila y mejor retribuida. Pero mi idealismo me impedía adoptar una decisión pragmática.”

 

                Hago extensiva a la opinión pública esta experiencia para que se respire el clima que había en los años en los que los socialistas pudieron hacer cosas que contribuyeran a rectificar el rumbo de las políticas educativas excluyentes y verdadero caballo de Troya en la nacionalización de las masas en el País Vasco, y que no hicieron porque su verdadero interés, como en los tiempos actuales, se centraba en pactar con los nacionalistas el reparto del poder, sin importar nada el interés general de todos los españoles, su unidad y concordia, y la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y en el disfrute de los bienes y servicios públicos.

 

 

 

Ernesto Ladrón de Guevara

Desatando Nudos

Comenta esta noticia





La Tribuna de España

Periodismo con valores.
Director: Josele Sánchez.

Periódicos Asociados