Lunes, 17 Junio 2019

El gorrón del abogado

PUBLICADO EL Sábado, 25 Mayo 2019 04:35 Escrito por
El gorrón del abogado... a modo de divertimento para la Jornada de Reflexión El gorrón del abogado... a modo de divertimento para la Jornada de Reflexión

 

 

Que el ejercicio libre de la abogacía, es decir por cuenta propia, se asemeja mucho a la prostitución, es algo que cada día tengo más claro.

Y no solo por lo importante que resulta el hábil manejo de la lengua, que también, sino por la existencia de macarras y gorrones del abogado, igual que de las muy dignas prostitutas, muchas de las cuales lo hacen para sacar adelante a sus hijos, dicho sea de paso.

Las putas suelen cobrar por adelantado y, desde luego, las que “lo hacen gratis”, porque están perdidamente enamoradas de ti, les gustan mucho, etc., son las más caras.

Un profesional o una profesional, hace su trabajo lo mejor que puede, pero por dinero, pues es un medio para ganarse la vida, y no porque le haga ilusión pasarse el día en los juzgados, aguantando a gente que son más pesados que una vaca en brazos (no todos, por supuesto), o al típico listo que como tiene un móvil y acceso directo a internet, se cree que lo que la natura ni Salamanca le han dado, se lo van a dan las bases de datos…

En definitiva, que el abogado sufre la “colonización” de una plaga, una auténtica plaga, que yo llamo “el gorrón del abogado”, especie autóctona ibérica, pero que posiblemente existirá en el resto del ancho mundo.

El gorrón del abogado no solo forma parte de las tres p malditas, putas, pobres y parientes, de los que todo el mundo dice que tienes que librarse, sino que extiende su ámbito de actuación a viejos conocidos, tan viejos que muchas veces ya ni te acuerdas de ellos, vecinos, una auténtica especie “invasora”, que tocan tu timbre y penetran en la intimidad de tu hogar a la hora –sagrada- de la siesta, con la carpeta debajo del brazo, llena de papeles, o el “cliente” de “consultas a un euro”, que te llama a horas intempestivas, domingos incluidos, para invitarte a tomar un café.

Café que aceptas, faltaría más, pues las personas somos seres sociales por naturaleza (yo cada día menos, dicho sea de paso), y que si te descuidas acabas pagando tú, además de los lógicos churros, o incluso un desayuno como Dios manda, con dos huevos fritos, jamón y vino, ¡y que se joda el colesterol!

Luego, con la panza bien llena, el cliente, digo el gorrón, descubre que se ha dejado la cartera en casa, o que no le llega para pagar el almuerzo –son casos verídicos, que he vivido en persona-, y acabas pagando tu todo, pues eres un señor, además de un imbécil, obviamente.

Empieza a contarse su asunto, “que está ganado”, “esto viene ya todo rodado”, la sentencia favorable es la única consecuencia posible en un caso que ganaría hasta el portero de su casa, claro que hoy en día la mayoría de las casas ya no tienen portero, que sino…

En otras palabras, que te va a hace el favor de tu vida, pues te va a permitir lucirte, con un tema que ya está ganado de antemano, y que te va a permitir salir de la mediocridad en la que estás cómodamente instalado.

Mientras oyes sus historias como quien oye llover, piensas en todo lo que podrías estar haciendo con ese tiempo, y empiezas a acordarte de la santa madre que le trajo al mundo, y no en términos elogiosos, precisamente.

Al final, pretextas cualquier excusa, por inverosímil que parezca, para huir del pesado, y piensas en tu fuero interno, por aquello de la buena educación: “Cuándo vuelva a llamarme, le diré que me he muerto”, aunque en realidad lo que te pide el cuerpo es mandarte a tomar por el culo…

Y es que como siempre digo, ante una persona mal educada, hay que comportarse con la misma falta de educación de la que él hace gala.

En definitiva, y como digo, la abogacía y la prostitución son profesiones muy similares.

Claro que ellas y ellos, que de todo hay en la viña del señor, por lo menos, se lo pasan bien mientras trabajan…

Ramiro Grau Morancho

Jurista y escritor.

NAVEGANDO CONTRACORRIENTE

www.ramirograumorancho.com

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