Martes, 16 Julio 2019

El Cielo de Matías

PUBLICADO EL Lunes, 10 Septiembre 2018 05:31 Escrito por

Nuestro columnista habitual Sergio Pérez-Campos hoy nos ofrece su cara más tierna y humana para hablarnos sencillamente de un perro. ¡Bueno, Matías era algo más que un perro! Josele Sánchez, director de La Tribuna de España, es amigo personal de Luis Pérez-Campos (hermano de nuestro articulista y a quien se cita en este artículo). Por eso quiere que se convierta este artículo, escrito por su propio hermano, en un homenaje especial a Luis Pérez-Campos, un hombre extraordinario, un ser humano excepcional, un amigo de quien le separa miles de kilómetros por un indeseado exilio.

 

Hace unos años sufrió mi hermano una larga enfermedad, de penoso tratamiento, que le postró durante meses en el lecho del dolor y de las peores incertidumbres. Pocas son las personas que saben encontrar la distancia correcta con el que sufre. Las buenas intenciones, lejos de ser infalibles, suelen inspirar las conductas más erróneas; por otra parte, el hipócrita e histriónico exhibicionismo de una empatía difícil de alcanzar en su medida real, tampoco contribuye precisamente a aliviar los sufrimientos de quien lucha contra un cáncer.

Encontrar esa distancia correcta no se me antojó un reto sencillo. Repito que las buenas intenciones no bastan, y que sabemos que el infierno está lleno de ellas. La lección magistral sobre este asunto me la brindó el amigo más incondicional y fiel del enfermo: Matías.

Dicen que todos los perros van al Cielo, y yo nunca lo he dudado. Sólo ese pensamiento me ayuda hoy a mitigar mi tristeza. Matías ha emprendido hoy ese vuelo, dejando desconsolado a su gran amigo. Porque sí, Matías era un perro; un bulldog francés chiquitín, rechoncho, algo desobediente y provocón, que conseguía arrancarnos risas continuamente, pero también mostrarse como el más cariñoso y fiel amigo.

Ya sé que muchos piensan que algunos elevamos irracionalmente a los perros a una categoría indebida en nuestra capacidad de sentir. No sería yo un disidente habitual si no me importara un huevo de pato que muchas personas sean incapaces de comprender esas cosas que la razón no explica, y que el lenguaje no puede expresar; y que son, les guste o no, lo más sustancial y hermoso de nuestras vidas. Les invito a que definan con palabras el amor, a ver si pueden. O que lo expliquen con argumentos de pura racionalidad. Por lo tanto, insisto, yo sí dejo que mis sentimientos traspasen la barrera de mi especie, y me dejo enamorar por seres de cuatro patas, que no hablan, o que no pueden manejar una tablet.  No entiendo dónde deben radicar los límites de los sentimientos, considerando que es frecuente que un animal entregue más amor que el que son capaces de profesar muchísimos seres humanos.

He conocido muchas historias que demuestran el inmenso amor que son capaces de regalarnos los animales. Pero aquellos días, viendo a Matías plegado a los pies de su amigo, supe que no hay un ápice de exageración en estas historias. Su guardia duró toda la enfermedad. Y su pasión por su amigo, desde la primera mirada que cruzaron.

Matías fue divertido, y travieso. Su rocambolesco y aristocrático pedigree dio pie a múltiples bromas que fuimos adornando a lo largo de los años. Y nos reimos tanto con ellas como con las propias andanzas del can, que hasta perfil en Facebook tuvo.

Sé que hay muchas circunstancias graves sobre las que podría haber versado mi artículo. Pero hoy la tristeza me ha podido. Eso, y el hecho de que quizá en la vida de un perro uno encuentre lecciones sobre los sentimientos que deberían inspirar todos nuestros actos. Ya decía Schopenauer que quien es cruel con los animales no puede ser buen hombre. Yo extendería este juicio a todos los que son incapaces de amarlos.

Vivimos tiempos en que los odios, las traiciones y las deslealtades son una constante en nuestras vidas. Y que, en buena medida, muchas de nuestras desdichas, nos vendrán provocadas por estas inícuas conductas humanas. Sí, puramente humanas.

Por eso, a quien se rasgue las vestiduras por mi apología de un perro, le aconsejo que aprenda algo de esa especie inigualable.

En cuanto a Matías, sólo me queda darle las gracias por tanto bueno que nos dio, y desearle el mejor de los viajes a ese Cielo donde, sin ninguna duda, van todos lo perros.

 

Sergio Pérez-Campos

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