Sábado, 17 Noviembre 2018

Dialogo con la muerte: orar y esperar

PUBLICADO EL Domingo, 21 Octubre 2018 05:17 Escrito por
Dialogo con la muerte: orar y esperar Dialogo con la muerte: orar y esperar

Mientras me afano en consumir la vida, me ocupo en prepararme para recibirte muerte, puedes venir si lo deseas, estoy dispuesto, sereno y sin temerte, vivir se ha convertido en solo un estar. En ausencia del desear, despojado del pretender, sin afán de alcanzar, sin horizontes que apetecer, solo me resta orar y esperar.

La fatiga me visita, la frustración me muestra su faz, la nostalgia invade mis espacios, y mi sentir solo es un recordar. El soñar no acompaña mis proyectos, la juventud ha olvidado el retornar, herido en los más íntimos sentimientos, solo me resta orar y esperar.

¡Ho Muerte! que preludias el descanso y ofreces el olvido, lenta andas el camino y retardas el tardar, no impacientes a tu viajero, ven a cumplir con tu objetivo, no agites dolorosos estandartes, ni con trompetas del sufrir lo hagas prescriptivo, llega sigilosa a tu destino, no te hagas de rogar, para que quien te espera no se inquiete, ni se canse de orar esperar.

Se mi compañera en este trance, ayúdame a cruzar a la otra orilla, que al barquero pagare las monedas que le sean debidas, soy peregrino sin ruta, sin límite, y sin medida, me inquieta quien me venga a recibir, no quien venga a mi despedida, la Esperanza llevo como estandarte, el pasaporte de la Fe listo para mostrar, como equipaje el contenido de mi vida, solo me queda orar y esperar la hora de mi partida.

Esta vida dejo, por otra mejor prometida, que a ganancias de una vida mejor, no puedo dar esta por perdida. Una vida espero sin espacio ni tiempo, injusticias ni maldad, carente de traiciones y falsedades, plena de amor y felicidad, me reencontrare con mis seres queridos, que más se puede desear, con semejantes ofertas, como voy a dudar, deseo hacer este viaje, dar ese paso decidido, cumplir con el transito debido, y sin deseos de mirar atrás, solo me resta orar y esperar.

La muerte es la natural consejera, que se anuncia durante toda la vida, nunca en verdad la esperas, y hasta su existencia olvidas. Sabiendo que has de venir en implacable suceso, debo orar y esperar para verte venir y aceptar el deceso, sin temor al porvenir ni a donde puedas llevarme, acepto este devenir para el que debo prepararme.

No te tengo miedo, yo sé en verdad que he de vivir y vida espero, aunque en esa hora fugaz, sintiéndome morir tenga que decir me muero. En Cristo tengo puesta mi Esperanza, no hay ni puede haber otro mejor consuelo, haciéndome eco con Santa Teresa de Ávila, me sumo a su sentir y grito con anhelo: “Pues tan alta vida espero, que muero porque no muero” Mientras llega mi hora letal, es un excelente consuelo, orar y esperar.

No necesitas vestir de negro, ni camuflar tu pálido semblante, no ocupes tiempo vespertino, ven hacia mí de frete, que yo te saldré al camino, nos encontramos cuando y donde quieras, presto estoy para verte, orando a Dios mientras espero, me preparo para atenderte, asustarme con tu presencia no puedes, tu anuncio no me desanima, pues como compañera de tan largo viaje ¡Hasta te tengo en estima! En el registro de mi vida, tu día está señalado, cumple con nuestro compromiso y no olvides venir a mi lado.

Me dicen que nombrarte es tentar la suerte, pero yo no creo en esas artes, no me importa muerte nombrarte, ven muerte deprisa, guíame a mi destino, que si por vivir Señor no puedo verte, prefiero mil veces la muerte, que vivir en este mundo cretino. Esta vida me ensombrece, pues yo no entiendo a este mundo y este mundo a mí no me entiende, llévame muerte ansiada al jardín de la Esperanza, que es mejor un día en esa fragancia que mil años de vida en este desatino, ven a buscarme muerte cuando desees, presentarte resistencia no quiero, aquí esta quien te espera para servirte de compaña, que conociendo lo que dejo y sabiendo lo que me espera, dócilmente iré a mi destino, aunque vengas sin la guadaña.

Hasta entonces me ocupare en ¡Orar y esperar!

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