Viernes, 19 Julio 2019

Detención de un periodista: el Régimen del 78 inicia la caza de brujas

PUBLICADO EL Sábado, 27 Abril 2019 08:17 Escrito por
Detención de un periodista honrrado Detención de un periodista honrrado

 

Tengo ganas de orinar y un policía me acompaña para presenciar mi micción, no sea que vaya a escaparme desde la ventana del tercer piso de la comisaría de Policía de Cartagena.

Me retiran todo, hasta la pequeña cajita que llevo con la medicación de rescate por si tengo un brote de una de las patologías que padezco. Me quitan los cordones de los zapatos. Me quitan el cinturón, no sea que vaya a atentar contra mi vida y le amargue al Régimen del 78 su jornada de reflexión.

Me hacen pasar por el vergonzoso trámite de la toma de huellas digitales. Media hora con cada uno de mis dedos manchados en tinta, después con ambas palmas de las manos. Me fotografían de frente y de perfil con un número indeterminado.

Todo los agentes que acompañan, cada uno de mis movimientos, me trata con delicadeza; y con vergüenza. No me lo dicen pero resulta evidente: ellos mismos -buenas personas, al fin y al cabo- se deben estar preguntando ¿cómo es posible que estemos haciendo pasar a este buen ciudadano, a este buen patriota, a este buen ser humano... por idéntico trámite por el que cada día -y de manera mecánica- hacemos pasar a cientos de delincuentes de lo más despreciable para esta sociedad? 

Y así es.

Y después los calabozos.

Entra en mi calabozo un policía (de los de a pie, de los uniformados) a preguntarme si necesito algo. Le respondo que no. Me transmite su solidaridad, me dice "aquí todos te leemos, eres el periodista con más cojones de España". Al cabo de un rato regresa y me trae un desayuno completo (que no necesito) y lo hace entrando en la celda del peligroso detenido, sin ninguna prevención. Estoy sentado en la bancada de cemento. Va a salir, dándome peligrosamente la espalda; se revuelve y me dice: "¿le puedo pedir un favor?";  le contestó: "depende, si está en mi mano". El tipo, uniformado de policía, con su arma reglamentaria encima (imprudentemente muy cerca del detenido), allá en un lugar tan pequeño -y tan peligroso para este encuentro con un peligroso delincuente- me dice: "¿Puedo pedirle que me de un abrazo?".

Me levanto y abrazo a este agente de la Policía Nacional al que los ojos le brillan a punto de saltar las lágrimas. Y después se marcha.

Otros policías (hablo de los agentes uniformados) se acercan con curiosidad para mirar, a través de los barrotes. Está claro que el comentario de mi detención ha corrido como la pólvora por la comisaría y muchos quieren ven la cara del despreciable peligro público para la sociedad al que mantienen forzosamente alojado. Muchos no dicen nada, sólo debe ser curiosidad y la ocasión perfecta para conocer "al monstruo". Alguno me dedica alguna palabra de aliento.

El rato en los calabozos de la comisaría lo aprovecho para rezar, para pedir a Dios que me ayude a mantener la serenidad y para que no me abandone.

Y también pienso, aunque no quiera. Pienso "¿si me viera así mi hija, mi mujer, mis hermanos?"

Llega la hora del traslado. Se arremolinan en torno mío siete u ocho agentes de policía (una mujer incluida). Me desean suerte, me dan palmadas en la espalda.

¡Me piden perdón por tener que engrilletarme! les digo que no se preocupen, que cumplan con su deber y me colocan las esposas con la máxima holgura posible.

Y salgo esposado hasta el vehículo policíal que debe trasladarme hasta los juzgados.

En las puertas de la comisaría mi amigo y compañero Carlos Senra, corresponsal de la cadena argentina de televisión TLV1 grabando la escena. Salen a la puerta varios oficiales, entre ellos el inspector jefe de la Policía Nacional de Cartagena, Francisco Ávila a quien conozco. Me mira avergonzado, como queriendo esconderse entre sus compañeros. Yo mantengo el tipo, y le busco entre quienes trata de camulflarse... "Buenos días, Paco" -le largo todo digno-.

El trayecto hacia el juzgado es idéntico. Dos policías preguntándome "¿pero cómo es posible que se vea usted en esa situación?". Eso quisiera yo saber. Los jueces y alguno de sus más altos mandos algo deben tener en esta parodia, digo yo -les contesto, sin ira alguna en mis palabras-.

El trámite en el juzgado es rápido.

Cuando el juez -que me trata con corrección exquisita- dicta mi libertad, uno de los dos policías que me acompaña contesta a Su Señoría que primero han de llamar por teléfono para cerciorarse de que no estoy reclamado por ningún otro juzgado.

El juez -en todo momento contenido- estalla: "¿Pero qué antecedentes va a tener este buen hombre?" .

Al magistrado le ha traicionado su subconsciente, porque lo ha dicho hasta con ira, como diciendo "¿qué cojones hace aquí detenido, esposado, este ser humano. Hasta dónde hemos llegado en esta mierda de justicia?". Por supuesto no lo dice, pero se le nota el hartazgo a un miembro del engranaje de este sistema corrupto que no deja de ser una persona que sabe distinguir entre el bien y el mal. Y sabe que mi situación es del todo injusta.

Me devuelven mis pertenencias.

Estoy algo torpe y no atino a poner bien los cordones de los zapatos.

Salgo por fin a la calle: sólo dos medios de comunicación me esperan a las puertas para grabar mi salida: La Tribuna TV y el argentino Canal TLV1.

En el teléfono que me devuelven tengo ¡407 wasaps por leer! Primero de todo llamo a mi hija; después a mi mujer... y a mis hermanos (¿imaginan ustedes el injusto sufrimiento por el que mi familia ha pasado?)

¿Medios que se han solidarizado? muy pocos y ninguno de "la prensa del sistema": Alerta Digital (y su director Armando Robles), La Tribuna del País Vasco (Raúl González Zorrilla), Alt News (Santiago Fontenla), El Diestro (Javier Sobrevive), Aquí La Voz de Europ(Miguel Blasco) DespiertaInfo (Jorge Garrido), Nostra TV,  Canal Ciencia y Espíritu (Miguel Celades)  y las cadenas argentinas Asia TV y Canal TLV1.

Y el maestro César Vidal, Rafael Palacios "Rafapal", María Jesús Alfaya, Juan  Manuel Soaje Pinto, Adrián Salbuchi, Pedro Varela, Manuel Canduela, José Luis Roberto, Pedro Chaparro, Juan Lankamp, Noelia de Trastámara, los escritores José Antonio Bielsa, Ignacio Fernández Canduela, Fran Gijón y Max Romano... (y por favor, discupen los muchos que ahora no soy capaz de recordar: mi memoria -normalmente prodigiosa- hoy anda algo flaca de fuerzas).

También activistas sociales como Patricio Carrasco -que junto a su gente me ha acompañado todo el día desde la calle-, Fray Job Jesús de la EsperanzaSergio Martínez "Quién Está Detrás", Alba Sánchez, el letrado Eduardo Martín Duarte, el exfiscal Ramiro Grau.

Y desde el otro lado del charco, Nicheta Flores (la activista mexicana contra la pederastia cuya vida aún corre más peligro que la mía... que ya es decir)

Sólo dos formaciones políticas ¡sólo 2! me envían su solidaridad: Democracia Nacional (liderada por Pedro Chaparro, otro inocente que en cualquier momento puede ingresar en prisión) y Democracia y Liberta Popular (de Sara González).

Sólo un sindicato: Manos Limpias.

Ni los dos partidos, ni el sindicato, que me envían su fuerza y solidaridad, forman parte de este decadente sistema.

Y sólo una fundación: Abogados contra la corrupción.

Ninguna asociación de prensa... ¡ninguna!, ni siquiera la Asociación de Periodistas Cristianos a la que pertenezco y de la que, en cuanto termine de escribir esta Editorial, pienso darme de baja.

Ana Pastor y su "Maldito Bulo" no aparece en esta ocasión por ninguna parte...

No he dejado de tener, en ningún momento, la asistencia profesional de nuestro letrado, Mario García Galindo, un extraordinario penalista que -pese a su juventud- lleva ganadas las 11 querellas que hasta hoy nos han interpuesto a La Tribuna de España.

Echo en falta a muchos compañeros y supuestos camaradas, que son tan prepotentes y tan ignorantes, que no saben que ellos van a ser los próximos, que conmigo el sistema inicia una cacería que no va a conocer parangón en ningún estado de derecho.

Mañana acudan ustedes a votar y ensucien con las papeletas sus conciencias por participar de este Régimen del 78.

Como decía José Antonio, "no está ahí nuestro sitio, ni saldrá de ahí nuestra España. Nuestro sitio está allá afuera, arma al brazo, en la noche clara y en lo alto los luceros..."

La foto de mi detención es la imagen de la vergüenza del Régimen del 78.

No soy el primero: antes que yo fueron Pedro Varela, Miguel Bernad, José Antonio Pallero "Papá Maravilla"... pero sí soy el único periodista, el primer periodista detenido de manera injusta y arbitraria por el Régimen del 78.

Y cuando se atreven conmigo (con las legiones que soy capaz de movilizar -y perdonen la inmodestia- en las redes sociales) es señal de que ya no van a detenerse ante nada.

Ahí les dejo mi primera reflexión, cuando todavía no me he repuesto del mazazo de verme tratado como un criminal, en una España por la que, literalmente, me dejo la salud, la piel y la vida.

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