Lunes, 17 Junio 2019

Derecho a odiar

PUBLICADO EL Domingo, 19 Mayo 2019 07:50 Escrito por
La Fiscalía para Delitos de odio es una herramienta para perseguir a los disidentes del sistema La Fiscalía para Delitos de odio es una herramienta para perseguir a los disidentes del sistema

 

En España se ha puesto de modo el delito de odio ¿qué coño es eso de que odiar es un delito?

Odiar (al igual que amar) es un sentimiento; es más, el odio es un sentimiento fruto del amor; sí, no piensen que deliro: amar la verdad significa odiar la mentira, amar el bien implicar odiar el mal, amar la justicia obliga a odiar la arbitrariedad, amar a los niños va unido a odiar a los pederastas.

En ningún estado, ni en la peor de las dictaduras, se puede prohibir el odio porque el odio, como el amor, jamás pueden ser delitos -si no sentimientos- y no hay legislador que pueda actuar contra el modo de sentir de cada ser humano.

¿Y qué si yo odio el fútbol, si odio la música disco o si odio la filatelia? ¿Qué pasa por que yo odie a los conductores que manejan sus vehículos pegados al vehículo de delante, como si la carretera fuera de ellos? ¿Quién puede prohibirme odiar El Manifiesto Comunista (de Marx y Engels), El Contrato Social (de Juan Jacobo Rousseau), la Constitución Española del 78 o el Corán?

Odiar es un sentimiento libre e imposible de penalizar.

Yo, por odiar, odio la mafia judicial española y, de manera muy especial, odio a la Fiscalía para Delitos de odio.

Otra cosa es cómo administramos cada uno de “los odiadores” nuestros sentimientos: aquí sí puede intervenir el legislador y penalizar lo que tenga por conveniente.

Bien distinto a los odios expresados sería que yo fuera por el mundo corriendo a mamporros a los forofos del fútbol, a los que se pasan el día escuchando -a todo volumen- la música disco, o a quienes coleccionan sellos; lógico que fuera penado el que yo le metiera dos tiros a cada conductor imprudente que se cree en el rey de la carretera, o que me detuvieran por quemar en las liberarías todos los Manifiestos Comunistas que encontrara, todos los Contratos Sociales o todos los Coranes

Pero, aun así, no se estaría penalizando mi odio sino mi agresión física, mis asesinatos o mis actos de vandalismo.

Vivimos en una sociedad de gilipollas y gilipollos en la que nadie piensa y todo el mundo tiene, por única fuente de información, la adoctrinadora televisión; así las cosas, sólo una noticia es mentira cuando así lo considera Ana Pastor y su Maldito Bulo, sólo son valores aquello que “la prensa del sistema” decide que se conviertan en valores…

Decía que odio, sí, y odio de manera especial a una herramienta inventada por el sistema para penalizar y criminalizar a todo pensador disidente: la Fiscalía para Delitos de odio.

Porque lejos de ser un instrumento al servicio de la justicia, es un ministerio público (pagado de los impuestos de todos los ciudadanos) puesto al servicio de la injusticia, del sectarismo y de la persecución del disidente.

Para la Fiscalía para Delitos de odio no existe el delito de la cristianofobia: por eso no ve delictivo que una drag quenn se disfrace de Jesús Crucificado, ni que la podemita Rita Maestre asalte una capilla enseñando los pechos y gritando “arderéis como en el treinta y seis”, ni que se organice una burla de la Semana Santa Católica como “la Procesión del Coño”, ni que el colectivo LGTBI asalte la catedral de Alcalá de Henares al grito de “cura muerto, abono pa mi huerto”, ni que Las Femen entren en la catedral de La Almudena enseñando las tetas para reclamar el aborto, ni ¡ya la última de las atrocidades! que en la ciudad de Córdoba se exponga el retrato de una Santísima Virgen María masturbándose… nada de eso constituye un delito de “cristianofobia”, los católicos no tenemos derecho a sentirnos ofendidos ni odiados por estas demostraciones públicas de anticatolicismo.

Sin embargo, cada homilía y cada pastoral -escrita por uno de los pocos pastores de la Iglesia española que no han perdido su autoridad y su ejemplo moral sobre los fieles- Monseñor Reich Pla, es estudiada por la Fiscalía para Delitos de odio con lupa, como cada manifestación ciudadana y patriótica contra la instalación de mezquitas, o cada palabra que escribe este viejo periodista y los más destacados redactores de La Tribuna de España.

Yo odio a la Fiscalía para Delitos de odio, como odio el Consejo General del Poder Judicial, al Tribunal Constitucional y al Tribunal Supremo; odio toda la mafia judicial producto del Régimen del 78 cuya misión no es impartir justicia sino injusticia, proteger a los poderosos (léase Casa Real, banqueros, pederastas de cuello almidonado… etc.) y perseguir a los que nos jugamos el gaznate denunciando las injusticias.

Y lo escribo ahora en un momento en el que sólo por escribir, pensar y manifestarme diferente (porque jamás en mi vida he practicado ningún acto violento, ni siquiera una pelea adolescente en el patio del colegio) tengo a la Fiscalía para Delitos de odio pegada a mi culo -como si fuera una almorrana- y a todo el Sistema Judicial español queriendo cargarme, nada menos que ¡más de 20 años de cárcel! por sucesivos “presuntos” delitos todos en forma de libertad de información, expresión, opinión y prensa que son, en definitiva, las bases de mi profesión (vergonzosamente olvidadas por el 99% de mis colegas): el periodismo.

Y ya, lo que resulta patético, es que se me acuse de “revelación de secretos, cuando no soy ningún funcionario judicial con la obligación de salvaguardar todo aquello que sea decretado Secreto de Sumario, cuando si publico algo en este sentido es porque algún secretario judicial, fiscal o juez me lo han facilitado y, sobre todo, cuando esa es la única misión de mi oficio: desvelar secretos de interés público y ponerlos en conocimiento del ciudadano. ¿O no es esa -prácticamente- la mejor definición del verdadero periodismo, del periodismo independiente, sin ataduras y siempre enfrentado a la impunidad de los poderosos?

Así que hoy domingo, Día del Señor, reclamo mi derecho a odiar, a odiar el mal frente al bien, a odiar la injusticia frente la arbitrariedad porque, ya pueden legislar como quieran que, al final, la verdad y la justicia son categorías permanentes de razón que no se pueden someter a un referéndum ni ser obviadas por una fiscalía o “comisariado político”, porque, como decía José Antonio, “la verdad es verdad, aunque consiga cien votos y la justicia es injusticia, aunque consiga cien millones de votos”.

Josele Sánchez

Director de La Tribuna de España.

Desperta Ferro: La palabra de Josele Sánchez

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