Sábado, 17 Noviembre 2018

Deformaciones del patriotismo

PUBLICADO EL Domingo, 21 Octubre 2018 04:34 Escrito por
Deformaciones del patriotismo Deformaciones del patriotismo

Hay que ver las curiosas interpretaciones del patriotismo que corren en estos tiempos de confusión… Resulta que el PSOE ha acusado al PP de falta de patriotismo por la intención manifestada por el Sr. Casado de ir a Bruselas con el cuento de los PGE aprobados por el tándem Iglesias-Sánchez; hombre, yo los hubiera llamado simplemente acusicas, que era el término que empleábamos en el colegio cuando alguien le soplaba al profe la autoría de alguna barrabasada de un compañero, y siempre iba acompañada de un te espero a la salida, que era una manera más natural y humana de evitar lo que ahora se llama bullyng.

 

 

Uno, en su modestia, ofrecería sobradas razones -no relacionadas con los presupuestos ni con las burocracias de la Unión Europea- para tachar de escasamente patriotas a los partidos del poder y de la oposición, en que las omisiones y acciones, enjuagues y tocomochos, con respecto al separatismo tendrían un papel estelar, pero no me gusta abusar de los conceptos trascendentes, de forma que me limito a tildarles de botarates, papanatas o secuaces, según mi estado de ánimo.

Es curioso, con todo, cómo ha renacido la palabra patriotismo en el léxico español, cuando, desde hace décadas, su uso y disfrute estaba vedado por la corrección política; así, lo que se entiende como normal en las naciones más civilizadas aquí aparecía como una anomalía, cuando no como la peligrosa dolencia social, sinónima de ultraderechista o fascista. Claro que, de seguir la tónica que llevamos, será asimilada pronto a populismo, y volveremos a las andadas.

Entre las deformaciones más curiosas que se han dado últimamente figura la genialidad de Pablo Iglesias, que, en un momento de inspiración, concluyó que el patriotismo es la gente, y se quedó tan ancho; posiblemente quiso vulgarizar la frase de Marx el patriotismo es un mito para explotar a los desgraciados. No obstante, el padrecito Stalin no invocó a don Karl ni a la tradición leninista cuando recurrió a la Madre Rusia para levantar a su pueblo contra la invasión alemana.

Tampoco le hizo ascos al término Fidel Castro al elegir el lema Patria o Muerte como leit motiv revolucionario; no obstante, intuyo que de esta forma inauguró una larga lista de quienes toman el nombre de su patria en vano o la asimilan a los intereses del Partido o de la Clase, que es lo mismo, como en los casos actuales de Ortega y de Maduro, al parecer faros luminosos de la andadura del susodicho Iglesias.

Por otra parte, de forma más tradicional en estos lares, hay quienes siguen confundiendo el patriotismo con su caricatura, que es el patrioterismo; esta deformación empequeñecedora suele tener varios rasgos que lo hacen fácilmente reconocible; por ejemplo, la exaltación gruesa del pasado, con especial insistencia en la aparición del apóstol Santiago en la batalla de Clavijo, reducción de la idea a efusión emotiva (muy respetable, por otra parte) y folclorismo, que suplanta los sones de la lira por el pegadizo pasodoble; puede resumirse en aquella frase ya clásica que afirmaba que se complace, a fuerza de vulgaridad, en hacer repelente lo que ensalza. Y no hace falta seguir porque, a estas alturas, todos los lectores están al cabo de la calle.

Aún peor es la mixtificación en que incurren quienes adulteran la noble y generosa idea del patriotismo con un estéril y cerrado nacionalismo; los que lo hacen creen que con ello pelean mejor contra las tendencias centrífugas y disolventes, sin advertir en su ceguera que recaen en el mismo vicio que dicen combatir, que es de la misma raíz que su postura; y que, además, es contraproducente, pues, al oponerse dos sentimientos, siempre prevalece el más cercano y espontáneo.

No digamos de los que consideran que ser patriota es despreciar por sistema todo lo foráneo, aunque esto sea mejor; posiblemente, sí asumen borreguilmente lo que de negativo tiene lo importado, pero ya lo dijo Ortega en su crítica de la democracia morbosa; llamaríamos a esta actitud con un galicismo, paradójicamente: chauvinismo, y no merece más alusiones que el ser absurdo y empobrecedor para la propia patria que dicen ensalzar.

No, nada de todo lo expuesto se corresponde con el verdadero patriotismo, que es la identificación personal con un proyecto histórico, que cristalizó en el pasado -con sus luces y sus sombras-, que malvive en el presente, para nuestra desgracia, y que debe ser motor de futuras generaciones si acertamos con la terapia; además, para que no quede ninguna duda, añadiremos que ese proyecto, de base espiritual y metafísica, es inseparable de las necesidades materiales de una población entera, en la que nunca podrá arraigar de manera completa el verdadero patriotismo si carece de los medios necesarios para vivir, de un trabajo digno, del acceso exigente a la cultura y a la educación.

 

Manuel Parra Celaya

"IN REBUS DUBIIS"

Comenta esta noticia