Jueves, 18 Julio 2019

De vuelta en España: el fin del exilio

PUBLICADO EL Martes, 08 Enero 2019 10:46 Escrito por
De vuelta en España: el fin del exilio De vuelta en España: el fin del exilio

 

 

Ayer, inmensamente feliz, emocionado –incluso- enviaba por wasap mi nuevo número de teléfono español a mis amigos y les comunicaba la confirmación de algo que sabían iba a producirse de un momento a otro: mi retorno a España.

Rápido (como suele hacer siempre, pese a la diferencia horaria) me contestaba mi amigo César Vidal -últimamente andamos algo más distanciados, aunque con los sentimientos inamovibles-, con otro wasap: “¿Desapareció el peligro?”; mi respuesta, también casi inmediata, fue “No, desapareció el miedo”.

Y recordando este breve cruce de mensajes con el maestro César Vidal surge el Editorial que ahora mismo escribo.

¿Qué razones existen para volver a España?

Absolutamente ninguna. Razones existían para abandonar la patria por el grave peligro que corría mi vida de seguir en ella. Nada ha cambiado, por tanto, carezco de razones -es decir, de argumentos objetivos y lógicos- para hacer efectivo un retorno a España que deseaba desde el mismo momento en que el avión despegaba de Barajas rumbo al incierto destino del exilio.

Sin embargo, estoy repleto de emociones para tomar una decisión así.

 

Adiós al Tercer Mundo: Momento en el que mi avión toma tierra en Lisboa

 

 

Intentaré explicarme.

Además de lo duro que son los días en el exilio (y mucho más duras, todavía, las noches, cuando -aún sin pretenderlo- dejas rienda libre a la nostalgia), cada día te preguntas por qué has de estar viviendo una situación así, por qué has de estar lejos de los tuyos y de tu tierra, escondido como si fueras un criminal.

Parece una pregunta de Perogrullo porque los motivos son obvios por lo que, de inmediato, surge la siguiente, constante y aterradora pregunta: ¿y vale la pena?

Desde luego vale la pena llegar donde he llegado, ser como soy y pensar como pienso. En ningún momento me he arrepentido de haber optado por la luz frente a las tinieblas, por lo difícil frente a lo práctico, por la verdad frente a la demagogia: per aspera ad astra.

Sin embargo creo que ha llegado el momento de vencer el miedo, sin ninguna vocación de mártir y sabiendo cuánto me juego, pero no voy a seguir el resto de mis días viviendo como un cobarde cuando mi vida (personal y profesional) ha sido, es y será la de un guerrero, la de un revolucionario, la de un caballero templario…

He pisado tantos callos (y tengo la intención de seguir haciéndolo) que, volver a España (por mucho que intente vivir en lugar desconocido, limitar al máximo mis movimientos y acompañarlos siempre de las mayores medidas posibles de seguridad) significa un grave riesgo para mi vida. No voy de mártir, ni tengo –lo he repetido muchas veces- vocación ninguna de héroe.

Pero seguir en el exilio supone ceder al chantaje de los bastardos decididos a “quitarme del medio, darles una satisfacción añadida a la de la impunidad de sus crímenes y la complicidad ¡muy bien comprada! de “la prensa del sistema”.

Vuelvo, aún sabiendo que mi vida no va poder ser como la de cualquier otro ciudadano español: no podré sentarme tranquilamente en la terraza de una cafetería con mi mujer, ni desayunar con los amigos; no podré vivir cerca de los míos para evitarles (eso que quienes no lo sufren, se atreven a denominar eufemísticamente) “daños colaterales”…

Pero, al menos, podré dirigir de cerca este gran proyecto en que se ha convertido lo que empezó siendo un periódico local y que ahora ya tiene siete digitales en el mercado (y a punto de lanzar el octavo) y una emisora de radio, un Grupo de Comunicación de alcance nacional capaz de enfrentarse con fuerza al “pensamiento único impuesto, precisamente, por alguno de mis mayores enemigos, por quienes en España siguen controlando de manera mafiosa, política, tribunales, fiscalía, medios de comunicación y hasta Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

España vive, acaso, uno de los momentos más convulsos de toda su historia, en el que su propia supervivencia como unidad nacional está seriamente amenazada.

Hay quienes -con legítima decisión e, incluso, con ejemplar valentía- apuestan por la vía de la actuación política, para intentar que todo cambie, o cuanto menos, que algo cambien las cosas.

Yo, personalmente, no creo en la acción política: o, mejor expresado, no es que no crea en la acción política (ya me gustaría que funcionara), sino que tengo muchas dudas respecto a que, desde dentro de un sistema completamente podrido, se pueda hacer algo políticamente para transformar la realidad.

Sin embargo (acaso porque es lo único que de algo entiendo) el periodismo alternativo si me resulta eficaz para cambiar las conciencias anestesiadas de los españoles: la información veraz y disidente creo que es la única herramienta posible para movilizar a una ciudadanía absolutamente aborregada. Sin ir más lejos, en los ocho días de año nuevo que llevamos andados, en España se han multiplicado exponencialmente el número de agresiones sexuales, mientras “la prensa del sistema” sigue ocultando la nacionalidad de los agresores. Para eso es necesaria una prensa disidente. Los medios de comunicación deciden que el asunto más importante de España sea si se trasladan o no los restos de Franco, mientras que los agricultores valencianos tienen que arrancar sus cítricos y dejarlos morir en el campo porque el gobierno de España y la UE apoyan la agricultura Sudafricana frente a la nuestra; “la prensa del sistema” sigue insistiendo en el deber humanitario de acoger refugiados y no muestra las imágenes reales de los individuos que están llegando a España (que en ningún caso se trata de los auténticos pobres desnutridos a quienes, mientras tanto, seguimos dejando morir de hambre en el tercer mundo), o nadie habla a los españoles de los tremendos e inasumibles intereses que estamos pagando por la deuda pública a la que nos han llevado –un gobierno tras otro- 40 años de Régimen del 78.

Bueno, pues de algo sirve La Tribuna de España: por lo menos, el pasado mes de diciembre, conseguíamos llegar a ¡4 millones de españoles!, casi el 50% de ellos mujeres (superando el ratio de lectura femenina del resto de medios, lo que echa por tierra todos los ataques que recibimos del femiestalinismo), ¡el 61% de nuestros lectores tiene menos de 40 años! (que también desmonta la acusación de dirigirnos a un sector nostálgico, pues casi la mitad de nuestros lectores han nacido durante el actual régimen). Y lo que aún es más importante: nos muestra la esperanza de que una España diferente es posible y de que nuestro mensaje cala en el sector más joven de la ciudadanía española.

 

La Tribuna de España, 3.962.955 lectores el mes de diciembre

 

 

Llegar a 4 millones de españoles el pasado mes de diciembre (y les hablo de datos oficiales de Google Analytic) es algo que no consigue ninguna formación política con la que podamos compartir visión de la sociedad: sólo por eso ya somos útiles.

¡Y ojo, que las cifras de las que les hablo son -exclusivamente- de lectores de La Tribuna de España! y no incluyen La Tribuna de Cartagena, ni La Tribuna de Extremadura (ambas completamente afianzadas ya en el mercado) ni las recién nacidas, La Tribuna de Granda, La Tribuna de Ceuta, La Tribuna de Melilla, ni La Tribuna de Málaga (lanzadas, todas, durante los primeros días del presente 2.019).

Así que fíjense si tengo motivos para seguir luchando todos los días.

 

El 61% de nuestros lectores tiene menos de 40 años

 

 

La apuesta por La Tribuna del Reino de Valencia (mi tierra) es la próxima meta del GRUPO Tribuna de España; y así, poco a poco, pese a carecer de financiación, ni de ninguna subvención oficial, ir convirtiéndonos en el Pepito Grillo del sistema, en la piedra dentro de su zapato, en la almorrana en el trasero de este putrefacto Régimen del 78 cuya atmósfera resulta ya del todo irrespirable.

Por todo esto vuelvo a casa.

Repito hasta cansarme que no tengo vocación alguna de autoinmolarme, que trataré por todos los medios a mi alcance de adoptar todas las medidas de seguridad, y que si alguien viene a por mí (en cuanto de mi dependa) les aseguro que intentaré que les salga caro.

Pero hoy me siento inmensamente feliz; y no sólo es el hecho de volver a estar en mi patria: sobre todo por sentirme mucho más libre que ayer.

He decidido no vivir con miedo, seguir haciendo este periodismo imprescindible y caminar cada día... siempre de cara al sol.

 

 

Josele Sánchez

Director de La Tribuna de España.

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