Martes, 18 Junio 2019

Cuando un hombre, tras una separación, es destrozado por un sistema injusto

PUBLICADO EL Viernes, 07 Septiembre 2018 02:23 Escrito por
Imagen de Sergi cedida por Pilar Enjamio Imagen de Sergi cedida por Pilar Enjamio

Sergi Salceda: un gaditano malvive mientras su ex pareja vive con lo que él paga.

La situación de Sergi es alarmante y requiere concienciación social y ayuda con premura y rapidez.

Vivió diez años con su pareja y de ese amor nacieron dos hijos, ambos varones. Posteriormente se casaron y a los pocos días de cumplirse dos años de matrimonio, ella decide no proseguir una relación porque “ya no le amaba”.

Sergi abandona la casa con una mochila y unas pocas pertenencias -sin saber a donde ir y deambulando por el Puerto de Santa María- , desorientado, confundido y preguntándose (como le ocurre a tantos otros varones a los que, de repente se les desmonta toda su vida) por qué: con ilusión por un proyecto de vida en común, por colaborar a la realización de su esposa y por sacar adelante su familia, Sergi había montado la peluquería de su mujer y por ello el cuidado exclusivo de sus niños lo hacía fundamentalmente él, con todo el amor que también sabe dar un padre, dedicándole todas las horas que le permitía al terminar su trabajo, ya que sus horarios eran mucho más coincidentes con la conciliación familiar que los de ella (lo mismo que le ocurre a cientos de miles de parejas en España).

Todas las tardes, Sergi iba a buscar al colegio a sus hijos, les daba la merienda, los duchaba , era el que se encargaba de llevarlos al médico cuando estaban enfermos y también quien los acompañaba a las actividades extraescolares (fútbol ,inglés…), les preparaba la cena y con un beso les acostaba y los arropaba.

Su mujer desayunaba, comía y a veces cenaba.

Todo el sueldo de Sergi se va en el pago de la hipoteca de una casa en la que ahora no vive y en los múltiples gastos para los niños, unos niños, sus hijos, a los que ama con locura y que hoy en día son el único apego que tiene vida, su ilusión por verlos los días que le tocan, sus ansias por abrazarlos y disfrutar de unos pequeños que son su única razón de vivir.

Su exmujer -acaso influida por los Servicios Sociales- no siente mi un ápice de lástima o de dolor por Sergi que hace dos meses que no puede pagar alquiler de la humilde vivienda en la que ahora vive, que apenas tiene para comida y que casi todas las noches (como dice la canción, “cuando nadie le ve”) llora pidiéndole a Dios que se lo lleve porque no soporta esta injusta situación que le ha tocado vivir o “que alguien -de manera injusta y despiadada- ha decidido hacerle que sufra.

Me pregunto dónde están los gobiernos y la Junta de Andalucía ¡que tan solidarios se muestran recibiendo inmigrantes y dándoles paga y casa! mientras los suyos, a los que gobiernan, viven en la indigencia, en la peor de las calamidades y destruidos psíquica y moralmente.

Hace poco tuve la ocasión de estar con Sergi y comprobar lo inmensamente feliz que estaba preparando una paella para sus niños uno de los días en que los tenía, la paella más rica del mundo, una paella cocinada con un ingrediente especial que no figura ni en las mejores guías gastronómicas del plato valenciano por excelencia: el amor y la pasión por sus hijos.

Ahora Sergi llora -como no puede ser de otra manera en las circunstancias que atraviesa-, está deprimido; pero en este país (al que Machado definía como de charango y pandereta) las mujeres separadas viven como reinas mientras que el hombre no importa para nada al sistema: su única misión es pagar lo que disfrutan otros, acabar en la calle, en un albergue o –en muchas más ocasiones de las que los medios de desinformación cuentan-… el suicidio.

Sólo el Partido Femenino por la Igualdad Real le presta su apoyo y ha sacado a la luz su caso. Y yo le doy voz a una situación que como ciudadana española me parece injusta e indignante.

Mientras hay muchas mujeres que se lucran a costa de una ley de violencia de género injusta -y que debiera retirarse inmediatamente-, una ley donde solo cuenta la palabra de la mujer ¡aunque sea mentira! Hay otras mujeres, auténticas y pobres mujeres maltratadas que siguen perdiendo la vida sin medida alguna eficaz que lo evite.

Nos negamos a un país que ignora así a sus ciudadanos, sin ninguna empatía, discriminando en razón del sexo e influenciado por un feminismo fanático e impositivo que olvida y desprecia el respeto que merece todo ser humano, ya sea hombre, mujer ,blanco o de color.

Esto no se puede permitir y hay que acabar ya con esta injusta situación, la de Sergi y la de cientos de miles de Sergis que sobreviven como pueden en esta España supuestamente democrática y respetuosa con los derechos humanos de todos.

Pilar Enjamio

Psicólogo.

LA TRASTIENDA

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